Llámame por tu nombre

Recientemente, la notable adaptación fílmica del libro, a cargo de Luca Guadagnino, devolvió a Call Me by Your Name vuelos de fenómeno editorial. En efecto, la ópera prima de André Aciman ha cosechado desde un principio estupendas críticas. Ahora, con nuevo aliento, su lectura se nos ofrece a confirmar que, salvadas las distancias propias del paso de un lenguaje a otro, el texto original se sostiene como particularísimo referente del embrujo de la memoria a través de la palabra: un verdadero generador de imágenes íntimas, irrepetibles.

“La historia responde al habitual clasicismo que impregna toda la obra de Aciman”. 

La historia responde al habitual clasicismo que impregna toda la obra de Aciman. Principios de la década de 1980. Un pueblo al norte de Italia. Elio, un muy culto muchacho de diecisiete años, hijo de un catedrático en cuyo hogar es tradicional acoger por el verano a estudiantes o artistas, conoce a Oliver, el huésped de ocasión, quien prepara su tesis de postgrado. La relación entre ambos, que se desarrolla a través del escepticismo, la cautela, el miedo, la fascinación y el fervor, los transforma hasta cambiar sus vidas para siempre.

	“De una parte, el primor puesto en cada detalle, tanto de la atmósfera como, especialmente, de los gestos que le dan vida a los personajes”. 

Son varios los méritos de la obra. De una parte, el primor puesto en cada detalle, tanto de la atmósfera como, especialmente, de los gestos que le dan vida a los personajes. Pero también el cuidado de la narrativa: ningún pasaje resulta sobrecargado o dificultoso para el lector. El ritmo es electrizante.

Sin embargo, lo que más destaca en la novela es la fuerza de la voz narradora. Su evocación de la pasión no nos ahorra dolor alguno en el afán por entender un poco más la vida: comprometidos los afectos, cómo es que la realidad cobra forma al interior de cada quien; cómo se teje la memoria y qué es el tiempo. Aciman se las arregla para llevarnos adonde, de lado las preferencias particulares, cualquiera es capaz de reconocer con una fuerte punzada en el pecho, los síntomas de un amor obsesivo y definitivo. El arte seduce. Esta novela hace lo suyo, con ferocidad.

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