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el fantasma nostálgico

Posted on septiembre 13, 2013

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Reseñas

El fantasma nostálgico

Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946) ■ Animal de invierno (2013) ■ 132 páginas ■ 35 soles


Novela. Carlos Calderón Fajardo, celebrado escritor peruano –considerado casi un autor de culto entre las jóvenes plumas– plantea en El Fantasma nostálgico un viaje. No uno geográfico, sin duda. Valentín López, el protagonista de la novela, emprende en realidad una singular travesía, instada en principio por Fany, su prima (aunque en realidad es su tía, hermana menor de su padre). «Un viaje a la resurrección», le plantea ella, convenciéndolo de iniciar, pues, la búsqueda de Avelino, su padre ausente, desparecido.

Será una pesquisa peculiar la que emprenda Valentín. Los datos periodísticos señalan que su padre fue muerto en medio del cruento conflicto interno que padeció el país. «Tu padre no descansa en paz. No se quiere morir, en todo caso, no por completo» –le dice Fany–. «Él quiere que lo busques». Y así, lo que emprenda Valentín será un recorrido por los sinuosos predios de la muerte. Aquí destaca nítidamente la pericia de Calderón Fajardo –ya evidenciada en otras novelas, pero con mayores bríos en esta– con la que construye la atmósfera adecuada que potencia la narración de aquella travesía, medio onírica y con un aliento lírico por momentos marcado. Una búsqueda necesaria, la del padre ausente. El deseo de reconocerse en él, de encontrar su propia identidad a través de la imagen que se va reconstruyendo de su progenitor. La novela permite otras tantas lecturas. Por ejemplo, la que relaciona lo narrado a lo que ocurrió en el Perú. El fantasma nostálgico bien podría ser el país que no puede desprenderse del recuerdo tortuoso de los «ausentes», de los muertos y desaparecidos durante los años de violencia política. «Los ausentes se dedican a perdurar, a acosar a los que recuerdan», dice el narrador en un pasaje de la novela.

Carlos Calderón Fajardo ha logrado un libro estupendo. No por nada estuvo muy cerca de ganar, allá por el año 2006, el prestigioso Premio Tusquets de Novela. Galardón que, en ajustada decisión final, se llevó el colombiano Evelio Rosero con una novela estupenda también pero en ningún caso superior a la de nuestro autor. Siete años después, la flamante editorial independiente Animal de invierno ha tenido el acierto de publicarlo –en una muy cuidada edición–. Algo que se agradece y se celebra. Por Carlos M. Sotomayor.


Recomendados:
La lluvia del tiempo (Jaime Bayly)
Okinawa existe (Augusto Higa)
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El bibliotecario de las catacumbas

Posted on octubre 29, 2012

Reseñas

El bibliotecario de las catacumbas

Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946) ■ (2012) ■ 150 páginas ■ 25 soles


Novela. Teniendo en cuenta la introspectiva La colina de los árboles (1981); la policial y metafísica La consciencia del límite último (1991) o la novela histórica y de viajes náuticos La conquista de la plenitud (2000), uno no termina de aceptar que la trayectoria de un escritor tan sólido como Calderón Fajardo no sea más reconocida, mejor comprendida.
Esta vez nos sorprende con una novela de desarrollo inesperado: El bibliotecario de las catacumbas describe la realidad «andina» de un pueblo castigado por el conflicto armado pero adoptando muchas formas, mezclando discursos.
La historia es sobre Sergio, un librero que después de haber pasado dos décadas en presidio acusado del delito de terrorismo, regresa a Huamanga para reencontrarse con una nueva realidad, conectarse con un pasado postergado por el desarraigo y las fallas. Y por el amor a dos mujeres: Martha, la esposa que poco a poco va perdiéndose en la enajenación, conducida por el conflicto y la violencia que van borrando a todos sus seres queridos; y Flor, la amante que lo ayuda a sobrellevar la vergüenza de la locura de la esposa, convirtiéndose en un refugio y en culpa. Divida en dos partes y un epílogo, el relato intercala dos tiempos y se ambienta en un escenario nebuloso que evoca a Pedro Páramo de Juan Rulfo, extrapolado a este «Rincón de los muertos» la palabra y el significado que dan sentido a la búsqueda. La descripción de una voz que se va diluyendo y que intenta encontrarse en el escrutamiento de sus actos: cumpliendo con la que promesa del retorno.
La novela es un ejercicio para explicar la intolerancia del Estado y la brutalidad de Sendero. Hay un giro interesante entre el compromiso de izquierda hacia una especie de «misticismo» como refugio para entender todos los acaecimientos de su poco afortunada existencia. El libro busca poner en duda el discurso en que se va asentando, y que evidencia el talento del autor. Una novela que reformula el tratamiento en que se aborda este periodo de nuestra historia reciente. Lectura exigente y recomendable.

Por Julio César Zavala.

Lectura recomendada: Las ovejas de Glennkill (Leonie Swann)
Prepucio carmesí y otras novelas cortas (Pedro Granados)

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