LAURENT BINET: «EN ESPAÑA ALGUNAS PERSONAS PENSARON QUE FUI MUY LEJOS» [ENTREVISTA]

Laurent Binet, el francés que imaginó cómo sería la historia si Atahualpa hubiera cruzado el mar e invadido Europa, responde algunas preguntas a buensalvaje a propósito de su cautivante y polémico Civilizaciones (Seix Barral, 2020).

La historia no es otra cosa que un pasado inmutable y un futuro que se adelgaza con cada decisión, con cada hecho, con cada paso que da la humanidad o alguno de sus miembros. Entonces, un giro tal vez menor en la progresión conocida, una sutil suma de casualidades y voluntades —e, inevitablemente, de sangre— puede traer consecuencias imprevistas y un devenir absolutamente distinto. Como uno en el que Atahualpa huye al norte de su hermano, tan al norte que termina conociendo otros reinos y aventurándose al mar. Una historia en la que llega a Europa en 1531, se presenta ante Carlos V y, a fuerza de alianzas, negociaciones, astucia y violencia, conquista el "Nuevo" Mundo.

Una trama tan inesperada como lúdica es el núcleo de Civilizaciones, de Laurent Binet, cuya edición en español vio la luz en setiembre del año pasado. La novela, profusa en personajes y guiños a eventos que todos conocimos cuando estudiamos historia del Perú y universal, es además un ejercicio de imitación del estilo de los viejos cronistas. También, un fascinante trabajo de imaginación al desarrollar las consecuencias de todo aquello que se va inventando. El resultado es un detallado y palpitante mundo simulado, una historia alternativa construida con una verosimilitud que resulta, a ratos, casi desasosegante. Desde Francia y en medio de una pandemia que —también— ha cambiado el mundo como lo conocíamos, Binet nos responde algunas inquietudes.

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El efecto mariposa de la novela se siente inquietantemente real, la arquitectura de la novela es notable. Hay personajes y hechos históricos de Europa afectados por un giro que tuerce todo cada vez más. ¿Qué tan complicado fue investigar y hacer que todo concuerde: las fechas, los lugares, la personalidad de artistas, nobles y otros personajes conocidos? ¿Qué tan tedioso? ¿Qué tan divertido?  

Fue bastante complicado, en realidad; un camino lleno de trampas y posibles errores. Me sentí como en un laberinto, lo que fue bastante estimulante. A veces me decepcionaba no poder usar algunos personajes porque ya estaban muertos en ese punto de la historia real, como Maquiavelo o Leonardo da Vinci. Pero a pesar de cierta frustración disfruté mucho de este juego, disfruté el tener tantos problemas por resolver.

La redacción al estilo de las crónicas de antaño y cierta recreación del estilo de Cervantes en la parte de Cervantes ¿es un recurso que estaba planteado desde el inicio o fue una necesidad que fue surgiendo al avanzar con la novela?

Fue todo lo que dices. Para hacer vívido el pasado, no conozco un mejor camino que usar el estilo, el lenguaje de esos tiempos.

Entonces, ¿fue la documentación la que influyó en el estilo, o se buscaba cierto efecto de verosimilitud?

Una vez que decidí que Cervantes sería el héroe de la parte final del libro fue obvio para mí que escribiría ese capítulo como está escrito el Don Quijote. Luego, cuando Cervantes conoce a Montaigne, tuve que releer a Montaigne para que mi personaje hablara como él. Por eso mi libro está lleno de citas escondidas, porque quería que mi personaje real hablara con sus propias palabras. Así, hay bastante texto, en el diario de Colón, por ejemplo, que proviene del original. Fue como un gran rompecabezas en el que tuve que construir y acomodar todas las piezas simultáneamente para que encajen con mi trama. De nuevo: un enorme trabajo, pero bastante divertido.

Una parte de la novela es una reescritura del denominado "Diario de Colón".

La parte de Atahualpa es narrada por alguien de origen inca, o eso parece por la forma en que se expresa.

Por su puesto. De hecho, algunas personas me dijeron que mostré el viaje de Atahualpa como demasiado heroico, y a los Incas como personas muy buenas; pero así debía ser ya que la narración es desde el punto de vista de uno de ellos u, obviamente, alguien cercano a ellos.

Supongo que eso no es algo gratuito.

Simplemente conté la historia como lo hicieron los cronistas españoles (Hernán) Cortés o (Pedro) Pizarro. Uno de mis principales modelos fue Bernal Díaz del Castillo, quien escribió un libro asombroso sobre la conquista de México por Cortés. Otro cronista fue Pedro Pizarro, el supuesto primo de Francisco. De hecho, me pareció divertido hacer de él, en mi historia, un amigo íntimo de los incas y uno de los amantes de Higuenamota.

Entre la idea de escribir la novela y su ejecución, ¿cuánto tiempo pasó? ¿Cuánta investigación hizo falta?

Escribir este libro me tomó cuatro años. Hubo un trabajo de documentación enrome porque abarcó todo el mundo: los vikingos, los incas, la Inquisición española, la reforma de Lutero, los aztecas, etc. Cada uno de estos temas requirió meses de estudio, como mínimo.

¿Qué libros de crónicas o de historia leíste para lo relacionado a los incas?

Sobre los incas, mi principal referencia fue Garcilaso de la Vega, pero también las memorias de conquistadores como Pedro Pizarro, Francisco de Jerez o Juan de Betanzos, o los maravillosos grabados de Felipe Guamán Poma de Ayala. Básicamente leí todo lo que encontré en francés y en inglés, pero también visité Perú y Ecuador para ver los lugares, las construcciones y los artefactos en los museos con mis propios ojos. Jared Diamond y Nathan Wachtel, especialmente, fueron de gran ayuda. De hecho, el ensayo de Jared Diamond Armas, gérmenes y acero me dio la idea de esta ucronía.

¿Cómo nació la idea de la llegada de los mexicanos para terminar de condimentar la situación? ¿Qué opinas de esa suerte de “rivalidad histórica” silenciosa sobre cuál ha sido la nación más poderosa e influyente de la América precolombina?

Bueno, definitivamente estoy en el “equipo inca”, pero eso es solo porque los conozco mejor, ya que estuve dos veces en Perú antes de ir a México. Aun así, creo que su sistema social y económico original los hace más interesantes. También me gusta más Atahualpa que Moctezuma, pero los aztecas tienen personajes fascinantes, como Cuauhtémoc.

De todos modos, en mi libro, los aztecas tenían que aparecer en algún momento, era sencillamente inevitable. Después de los españoles llegaron los portugueses, luego los ingleses y los franceses. Fue solo lógica.

Y precisamente llegan a Francia…

Hacer que los aztecas desembarquen en Normandía el 6 de junio de 1544 fue una especie de broma francesa, una referencia al gran desembarco de los estadounidenses el 6 de junio de 1944, que es una fecha muy famosa en Francia, conocida por todos los estudiantes.

El feudalismo inca y el debate filosófico que genera es apasionante. Especular sobre la reacción de la Iglesia, de Lutero, de los nobles y de las gentes ante los incas debió ser un juego complejo.

Sí, supongo que el asunto religioso fue la parte más satírica del libro. Eso era típico en la forma en que Montaigne o Montesquieu cuestionaban nuestra visión del mundo: observando nuestras propias costumbres desde ojos extraños.

Hay pasajes jocosos en todo ello. Te imagino divirtiéndote mucho mientras los escribías.

Yo creo que cualquiera que observe una religión desde afuera la encontrará algo ridícula. En realidad, toda esa disputa eucarística entre católicos y protestantes, que si el vino y el pan durante la ceremonia de la misa son o no realmente la sangre y la carne de Jesucristo, debió verse bastante extraña desde afuera, ¿no crees?

De acuerdo. ¿Abordar las costumbres y la lengua de una cultura que se desarrolló al otro lado del Atlántico supuso un temor para ti? 

Bueno, sé que es una preocupación para mucha gente, pero, honestamente, no fue algo que haya tenido muy presente. Creo que si empiezas a pensar en el asunto entonces se vuelve complicado hacer algo interesante. No me importa no ser peruano, no creo que necesites ser, por ejemplo, afrodescendiente para hablar de asuntos de la gente afrodescendiente. De todos modos, creo que mi libro es más un homenaje a los incas y los amerindios que algún tipo de crítica.

Laurent Binet estuvo dos veces en el Perú invitado por la Feria del Libro. Foto: La República.

Siempre existe siempre el riesgo de ofender a alguien o de ser impreciso, la corrección política, etc.

En España algunas personas pensaron que fui muy lejos, y mi libro tuvo que enfrentar críticas que decían que se volvía a levantar la vieja “leyenda negra española”. Pero no era justo: amo España también y, a pesar de todo, en mi historia, los incas son los invasores.

Los Incas imponen un sistema que parece más justo, pero también matan, esclavizan, hacen guerras.

Sí. Nunca se trató de buenos y malos. No quería que mi libro pareciera una película de Disney.

En el libro cada personaje tiene una característica bastante marcada, la terquedad de Huáscar, el ímpetu seductor de Higenamota. Pero en el caso de Atahualpa, su pragmatismo táctico y político y su codicia imperial no parecen muy diferentes a las de otros conquistadores de la historia.

Si, porque, como sabes, no sabemos mucho sobre el verdadero Atahualpa. Y más allá de su temperamento, quería que actuara primero como el papel que lo definía: tanto rey como fugitivo. Como sabemos por los testimonios españoles era inteligente, así que le hice seguir los pasos de Cortés y Pizarro para derrotar a Carlos V. Si se presta atención, cada movimiento táctico que hace proviene de Cortés y Pizarro.

Una duda. La vikinga Gudrid va la sur y encuentra un lago. ¿Es un guiño a la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo?

¡Por supuesto que lo es!

Con estos saltos de espacio y tiempo en cada novela hasta hoy, tengo mucha curiosidad por saber qué vas a escribir a continuación, si no lo estás haciendo ya.

Creo que esta vez podría volver a ser algo del siglo XVI. Es una época de la que no sé demasiado, pero a la que ahora me estoy aficionando bastante.

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