Desvíos para lectores de a pie

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Breaking Bad. 530 gramos (de papel) para serieadictos no rehabilitados

Posted on septiembre 23, 2014

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Reseñas

Breaking Bad. 530 gramos (de papel) para serieadictos no rehabilitados

Varios autores ■ Errata Naturae (2013) ■ 354 páginas ■ 92 soles


Ensayo. «Estoy… despierto», responde el profesor de química Walter White cuando su exalumno Jesse Pinkman le pregunta por qué quiere «cocinar» metanfetamina. «Nadie puede ‘envilecerse’ (break bad) de la noche a la mañana», dice Jesse. Los ensayos que componen este volumen, coordinados por Sergio Cobo y Víctor Hernández-Santaolalla, nos demuestran cuán equivocado estaba Pinkman, mientras desmenuzan la multipremiada serie Breaking Bad (BB).

Son 18 textos que hacen suya la pregunta fundamental de la serie creada por Vince Gilligan (¿qué convierte en «malo» a un hombre?) e intentan dar luz sobre cómo este relato televisivo busca esa respuesta en una historia centrada en el cambio (¿o despertar?) de su protagonista.

Al hacerlo, le dan al fanático en la yema del gusto. Los autores provienen del periodismo, la comunicación audiovisual, la filosofía y la filología, incluyendo a escritores como Vila-Matas o críticos como Klosterman. Esta mirada multidisciplinaria nos da un amplio espectro de interpretación, sin dejar de entretener. La historia de una adicción que produce adicción. La crítica al sistema: salud, educación, justicia, machismo, racismo… La búsqueda de reconocimiento. La farsa del sueño americano y la «midlife crisis». Y se complementa con tesis exhaustivas sobre la estética, el tratamiento del color y el sonido, la estructura narrativa o las actuaciones.

Se analiza al protagonista Walter/Heisenberg con referentes que van desde el superhombre de Nietzsche hasta la dualidad moral de Fausto, pasando por la tragedia de Macbeth, la metamorfosis kafkiana, la megalomanía de Scarface y de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Lo heroico versus lo abominable y cómo, a pesar de todo, seguimos queriendo que el monstruo prevalezca, casi como un producto de la alquimia humana.

La entrevista a Gilligan, inédita en español, es el clímax para el serieadicto: reflexiona sobre varios tópicos y devela deliciosos detalles detrás de diálogos, procesos creativos, episodios, personajes… Despeja dudas y deja preguntas abiertas para siempre.

«Ante la duda, haz lo que no se espere el público», comenta Gilligan sobre la incertidumbre de los guionistas durante el camino. Luego de ver BB y leer este completo volumen, solo queda decir: «Funcionó, Vince. Funcionó». Por Armando Bustamante Petit


Recomendados:
Skagboys (Irvine Welsh)
El sueño de un hippie (Neil Young))

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Zombies (The Living Dead) Vol. I y II.

Posted on julio 15, 2014

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Reseñas

Zombies (The Living Dead) Vol. I y II.

J.J. Adams (New Jersey, 1976) ■ Minotauro (2008 – 2010) ■ 670–765 páginas ■ 53 soles


Relatos. Emprender una antología renovada de la literatura zombi no es fácil. El material es abundante. Además, las antologías famosas, como las de Skipp o Lowder, parecen haber cubierto a los principales autores. Por eso, Adams, «el rey actual del mundo de la antología», según Barnes & Noble, se dedicó a leer todas las fuentes. Se rigió por severas pautas: no republicar historias ni presentarnos el texto «obvio» de alguien. El resultado: un libro novedoso incluso para el más fanático.

El éxito fue tal –estuvo entre los 100 mejores libros de Publishers Weekly– que le siguió Zombies 2, esta vez con inéditos. Ambos libros nos ofrecen un amplio panorama zombi, con textos de Stephen King, George R.R. Martin, Brooks, Kirkman, entre otros. No se nos explica lo que son los zombis: se nos muestra lo que pueden llegar a ser. Son 75 relatos, cada uno con sus propios escenarios, dilemas y moralidad.

Tenemos historias de amor, familia y sexo. Guerras y apocalipsis. Muertos que no saben que lo están o que toman consciencia de estarlo. Soldados, piratas y samuráis. Cadáveres en África, en Hollywood, en teatros, en el futuro, en el pasado, incluso con dinosaurios. Road stories y beatniks. Zombis de Romero y de Boyle. Y un largo etcétera.

Ya se ha visto con Guerra Mundial Z o The Walking Dead que las historias de zombis pueden ser la excusa para explorar problemáticas más cercanas a los vivos. Situaciones extremas que nos muestran hasta dónde puede llegar (o no) nuestra humanidad. De eso hay en Zombies, pero también el simple hecho de correr sin mirar atrás.

Adams se pregunta por qué el tema nos atrae tanto. Para John Langan, autor antologado, la respuesta es la sencillez. Hay otros monstruos que salen de la tumba (Drácula), que son reanimados (Frankenstein) y que nos quieren comer (hombres lobo), pero cargan simbologías como el erotismo o el instinto animal. El zombi es más básico: solo se levanta con hambre y para matarlo basta un balazo en la cabeza.

Esta antología es perfecta no solo para el fanático. Porque luchar contra un enemigo que no ceja en su esfuerzo, apasiona. Porque «siempre queremos saber qué hacer cuando los muertos no quieren quedarse muertos».
Por Armando Bustamante


Recomendados:
La taberna al pie del mar (Christian Essenwanger)
CeroCeroCero (Roberto Saviano)

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El evangelio según Norman Mailer

Posted on septiembre 13, 2013

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El evangelio según Norman Mailer

A propósito de los 90 años de su nacimiento y de los 65 de Los desnudos y los muertos

Por Armando Bustamante Petit


Mayo de 1948. Solo habían pasado tres años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y un chico de 26 años, ex estudiante de Harvard y recién llegado del frente, publicaba su primera novela: Los desnudos y los muertos. Su nombre: Norman Mailer. El joven, que había estado destacado en Japón luego de la ocupación americana, saltó a la fama con un bestseller absoluto. El libro narraba la vida cotidiana de un pelotón que hace una larga y angustiante patrulla por la jungla de la pequeña isla de Anopopei, dominada por el enigmático monte Anaka.

Su éxito inmediato no solo se explica por el gran vigor narrativo del libro, con una historia que va creciendo en emoción con las páginas, con rapidez y ritmo. Tampoco por el crisol de personajes que refleja con gran profundidad cada arista de la sociedad norteamericana antes y durante la guerra: ahí están el duro y militarizado sargento Croft; los judíos Roth y Goldstein; el irlandés católico Gallagher; el activista Red Valsen, minero de Montana; el chicano Martínez; el italoamericano Minetta; el campesino sureño Ridges; los típicos americanos Wilson y Brown; el culto teniente Hearn, lector de Rilke; y quien los envía a este periplo, el integrista y reaccionario General Cummings… Cada uno con su propio infierno personal, con sus propios miedos y razones para estar y no estar en la guerra. Pero Los desnudos fue un suceso sobre todo porque el país necesitaba una narración de lo que acababa de vivir, de la misma manera que Alemania necesitaría, años después, a Günter Grass, o la Unión Soviética a Solzhenitsyn. El timing era perfecto. Además, las condiciones en Estados Unidos, tanto como país vencedor como libre de la censura comunista, fueron ideales para el buen recibimiento de la temprana obra de Mailer. Era un retrato fresco, recién salido del horno de la guerra.

Décadas después, Mailer lo llamaría «el libro de un joven ingeniero», refiriéndose a sus estudios y a la estructura de su ópera prima. «Era maciza pero sin lindas filigranas en las articulaciones», escribe en El arte espectral (2003), cuatro años antes de su muerte. En la edición por los 50 años de Los desnudos y los muertos, en 1998, Mailer escribió un prólogo donde lo describe como «un bestseller obra de un amateur», a pesar del medio millón de palabras que ya había escrito en la universidad. «El libro estaba escrito con descuido (las palabras llegaban demasiado rápido y demasiado fácil) y difícilmente había un sustantivo en cualquier frase que no se diera la mano con el adjetivo más cercano y disponible: café hirviente y miedo trémulo es el tipo de cosa que encontrarán».

Y sigue: «Era ingenuo, me apasionaba escribir, sabía muy poco sobre las exigencias sutiles de un buen estilo, no me restringía mucho, y ardía de excitación mientras escribía. Era un aficionado». ¿Cómo, entonces, una novela con tantas costuras a la vista podía ser calificada por el New York Times como «sobrecogedora»? Otros la llamaron incluso «la más grande novela de guerra escrita en el siglo XX», con el perdón de Hemingway. ¿Cómo la Modern Library, sección de Random House, la pudo calificar como una de las cien mejores novelas norteamericanas?

El autor se pregunta sobre las virtudes del libro que lo lanzó a la fama, ya desde la visión del profesional que sirve de ejemplo a otros, y se responde: la felicidad de los libros buenos de autores aficionados es que no evitan escenas que los escritores de mayor trayectoria desdeñan (y con razón). Mailer empezó el libro a los 23 y tardó 15 meses en terminarlo. Se arriesgó y acertó más veces de las que se equivocó. Hizo una radiografía de su país a través del peregrinaje de esos hombres de carne y hueso por lo desconocido, con los japoneses acechando detrás de cada matorral y con el ataque constante de la humedad, los mosquitos, el barro y el frío. Para el pelotón, la lluvia debajo de una luna llena enorme ya no era más tomarse una cerveza en un porche de los suburbios, sino el comienzo de un lodazal donde tendrían que dormir y quizá morir.

«Tuve la suerte de ser influido por Tolstói. Cada mañana, antes de escribir, leía Anna Karenina. Mis páginas, a través de la percepción distorsionada de un joven de 24, reflejaban lo que aprendí sobre la compasión de Tolstói». La compasión, tan necesaria en la guerra, la única posible, aprendió el amateur Mailer, es la que se encuentra bañada por severidad. La que nos dice que debemos sentirnos fortalecidos por quienes resisten las batallas más duras.

Los tipos duros sí escriben

Los desnudos y los muertos fue una buena historia, con mucha fuerza, que apareció en el momento correcto. La fama de Mailer, sin embargo, no le sirvió para mantener ese éxito. Sufrió con las dos novelas que siguieron, una sobre el comunismo en Estados Unidos (Costa bárbara, 1951) y otra sobre los intríngulis de Hollywood (El parque de los ciervos, 1955). La primera fue destrozada por la crítica y la segunda, debido a su difícil estructura y a su contenido controversial, tuvo que pasar por insufribles reescrituras y problemas editoriales para ver la luz. Ambas rezumaban un tufillo moralista que no impresionó a muchos, pero dejaban entrever al autor empeñado en cuestionar verdades que otros daban por sentadas. ¿Acaso ese novato había tenido un chispazo con sus vivencias de guerra y ya no servía para mucho más?

Se asume que Los desnudos nació después del paso de Mailer por Japón, pero es un error. En realidad, él ya tenía la idea de la patrulla de su pelotón antes incluso de que fuera enviado a ultramar, estimulado por libros de guerra como Into the Valley, de Hershey, A Walk in the Sun, de Brown,y Adiós a las armas, de Hemingway. La idea había nacido en su propia tierra, Fort Bragg, donde fue entrenado, y en Texas, donde se especializó en la lectura de mapas. Ya en los arrozales japoneses, Mailer pidió formar parte de una patrulla de reconocimiento para recabar más datos para su idea original.

Lo que se gestó en el Pacífico Sur fue un escritor que se dedicaría a evidenciar los vacíos de la versión oficial de la historia. Con Los desnudos puso en cuestión el aura victoriosa de Estados Unidos luego del triunfo frente al nazismo, desnudando la muerte, el trauma y la farsa detrás de cada corazón militar. Lo dice su personaje Red Valsen: « ¿Qué tengo yo contra los puñeteros japos?». Después, puso los reflectores en la suciedad de la industria del cine norteamericano con El parque de los ciervos. Y luego vendría Los ejércitos de la noche (1968), ganadora del Pulitzer y del National Book Award, donde se pone a sí mismo como el satírico protagonista de su participación en una marcha de protesta contra Vietnam en el mismísimo Pentágono, gracia que terminaría con Mailer entre rejas.

La oficialidad no iba con Norman y el llamado Nuevo Periodismo se beneficiaba de sus experiencias y escritos. Fue un especialista en la biografía novelada, donde destacan Marilyn Monroe y Pablo Picasso. Su segundo Pulitzer le llegaría con La canción del verdugo (1979), donde narra, con extremo detalle, la historia del asesino Gary Gilmore, famoso por no apelar su sentencia y pedir que lo ejecuten, cuando la pena de muerte llevaba una década sin aplicarse. Con su megabiografía de Lee Harvey Oswald, de mil páginas, volvió a cuestionar la versión oficial, en este caso sobre el asesinato de Kennedy. La iglesia tampoco se salvó de su pluma: Mailer escribió su propia interpretación de la vida del Mesías en un conmovedor relato en primera persona, de la boca de un Jesucristo de carne y hueso, en El Evangelio según el hijo (1997). Incluso en sus ficciones sobre la CIA, en especial en El fantasma de Harlot (1991), el evangelio según Mailer se hace sentir: una visión que escarba, que reinterpreta, que desnuda, que ironiza.

Fueron pocos los temas en los que no participó, siempre de manera controversial. En los setentas postuló, sin éxito, a la alcaldía de Nueva York, con la visión de la Gran Manzana como un estado independiente, el número 51 del país.

Su vida privada (se casó seis veces y tuvo nueve hijos) y sus posiciones públicas siempre causaron revuelo. Política, feminismo, drogas, sexualidad, siempre estuvieron presentes en sus escritos: Los tipos duros no bailan (1984) es un ejemplo entre muchos. A través de su obra, desde aquel barro original de Los desnudos y los muertos hasta su boceto de la infancia de Hitler en El castillo en el bosque (2007), «la versión Mailer» de los acontecimientos fue seguida por millones de lectores durante casi siete décadas, con satisfacción o rechazo, pero siempre con atención. Y esa versión siempre siguió una máxima que el propio Mailer, sabiendo que no podía controlar su propia visión de lo que exploraba, expresó así: «Es la vida de la que no puedes escapar la que te da el conocimiento que necesitas para crecer como escritor». Amén



Armando Bustamante Petit (Lima, 1980) es periodista, columnista y corrector de estilo.

La ciencia de la imaginación

Posted on abril 30, 2013

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Reseñas

Vacío perfecto

Stanislaw Lem (Leópolis, 1921 – Cracovia, 2006) Impedimenta (2008) ■ 320 páginas ■ 80 soles


La ciencia de la imaginación

Cuentos. La literatura de ciencia ficción tiene nombres ilustres y venerados: Bradbury, Asimov, Clarke y Dick son parte de este parnaso de escritores que, basándose en las inquietudes del presente, se dedicaron a pensar en condicional («¿qué pasaría sí…?»), proponiéndonos escenarios de futuros posibles o verosímiles. Uno de los gigantes de este Olimpo, sin embargo, no es tan popular nidifundido: el polaco Stanislaw Lem, fallecido en 2006. Por suerte,luego de su muerte comenzó una recuperación de su extensa obra.

A Lem se le conoce por Solaris, pieza maestra de la ciencia ficción psicológica, llevada al cine por Tarkovsky en 1972 y cuyo remake en 2002 protagonizó George Clooney. Durante mucho tiempo, sus libros llegaban a cuentagotas a nuestro país. Hoy, Impedimenta y la llegada de más títulos de la «Biblioteca Lem» de Alianza Editorial nos permiten acceder a más obras suyas. Sus principales preocupaciones literarias (y científicas, pues tiene, como Asimov, una vasta obra de no ficción) se centran en la dimensión moral y filosófica del hombre, en la creación de la inteligencia artificial y en el contacto con civilizaciones extraterrestres.

Lem fue un erudito, tanto que el propio Philip K. Dick, en un arrebato paranoico, le escribió al FBI en 1974 que este no era un individuo sino un comité inventado por el comunismo, ya que un solo escritor no podía dominar tantos estilos y lenguajes. Sus obras tienen de física, filosofía, psicología, historia y medicina pero con un toque personalísimo de ironía. Tenemos los relatos satíricos del viajero intergaláctico Ijon Tichy, las novelas de exploración espacial, como Fiasco y Edén, donde somos testigos de la reacción humana ante el fracaso a pesar de la tecnología y las supercomputadoras. En sus mordaces escritos, Lem nos muestra a un ser humano en última instancia limitado, frágil, que no tiene control sobre sus planes y que suele cumplir su destino autodestructivo. Pero Lem, asistente de investigación en su juventud y perseguido por la censura estalinista, además de un hombre de ciencia era un ser extraordinariamente imaginativo.

Vacío perfecto, de 1971 y reeditado en 2008, es quizá la mejor prueba. En él, Lem continúa sus reflexiones sobre las diferentes aristas de nuestra humanidad, ya no a través de la ciencia ficción, sino de la metaliteratura. Es un libro que reúne reseñas de libros que no existen. Que son imaginados desde la pluma de un reseñista que pondera, juzga y cuenta. Y donde la palabra eje es «creación»: de nuevas ciencias, mundos, lenguajes, sociedades, cosmogonías. Usted nómbrelo. Una reseña nos muestra una sociedad en la que ya no existe el sexo. Otra es la historia de un grupo de nazis que recrea la Francia del siglo XVII en Argentina. Otra, «Do Yourself a Book», es un bestseller que propone a los lectores alterar las tramas de sus clásicos preferidos. O «Being. Inc.», donde una empresa configura toda la vida de sus clientes, despojándola de espontaneidad. Y he ahí el puente entre Vacío perfecto y la ciencia ficción de Lem: su capacidad imaginativa.

El texto que abre el libro es una reseña al propio Vacío perfecto: el reseñista-narrador cuestiona si Lem escribió únicamente reseñas por falta de capacidad para terminar los libros que imaginó. Al ver la gran e ingeniosa obra de Stanislaw Lem, queda claro que esta afirmación es solo un guiño satírico más de aquel polaco genial.
Por Armando Bustamante Petit.


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Guerra Mundial Z: una historia oral de la guerra zombi

Posted on marzo 7, 2013

Zombi
Reseñas

Guerra Mundial Z: una historia oral de la guerra zombi

Max Brooks (Nueva York, 1972) ■ Almuzara Books4pocket (2009) ■ 475 páginas ■ 45 soles


Novela. Max Brooks es un experto en el tema. Su Zombi. Guía de supervivencia (2003), un minucioso manual instructivo en caso sobrevenga una hecatombe de muertos vivientes, fue un éxito de ventas. En 2006 publicó Guerra Mundial Z: Una historia oral de la Guerra Zombi, otro bestseller instantáneo, hoy por fin en español y próximo al estreno del film, con Brad Pitt a la cabeza.

Brooks le da a su retrato de la Guerra Mundial Z (GMZ) una verosimilitud hipnótica vía testimonios y documentos de los «Años oscuros». A través de diversas voces reconstruimos el antes, durante y después de un conflicto que casi acaba con la raza humana: desde los primeros brotes y los intentos por encubrirlos, hasta el «Gran Pánico», la «Guerra Total» y la recuperación de un mundo distinto al que conocíamos. El protagonismo recae no en los zombis, sino en quienes vivieron para contarlo: nos hablan de tú a tú, cada uno desde su perspectiva: científicos, médicos, políticos, militares, empresarios y hasta astronautas que atestiguaron todo desde una estación espacial.

Esta no es solo una «historia de zombis». Es un relato extrapolable a nuestra realidad. Con las reacciones de las grandes naciones y de los ciudadanos ante una situación tan extrema, Brooks nos muestra las grietas más insospechadas de nuestra sociedad, de nuestro way of life y de nuestra propia humanidad. Destacan las puyas a los dirigentes mundiales, a las agencias de seguridad, a los intereses económicos que priman sobre las personas; críticas que no esperamos en una novela de muertos vivientes. «Un insólito relato tan difícil de creer como difícil de rebatir», se ha dicho de GMZ. Los zombis son una excusa, el paisaje de fondo de problemáticas más profundas: ¿Cómo enfrentaríamos una situación límite? ¿Quiénes sobrevivirían? ¿Cómo respondería nuestro instinto ante el miedo? ¿Con valentía o cobardía? ¿Soportaríamos la desesperanza de la posguerra? GMZ versa sobre el alma y lo que estamos dispuestos a enfrentar para protegerla. O no tan dispuestos. Quizá los zombis ya están entre nosotros y no nos hemos dado cuenta.
Por Armando Bustamante Petit.


Recomendados:
El juego de Ender (Orson Scott Card)
Tormenta de espadas(George Martin)
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Retratos y encuentros Gay Talese

Posted on enero 8, 2013

Retratos y encuentros
Reseñas

Retratos y encuentros

Gay Talese (Ocean City, 1932) ■ Alfaguara (2010) ■ 302 páginas ■ 79 soles


Perfiles. Tomarnos un trago cerca de Sinatra aquel día que estuvo resfriado y sin ánimos de cantar. Saber lo que es estar casado con Marilyn Monroe. Estar en La Habana con Alí, ya con Parkinson, mientras le hace un truco de magia a Fidel Castro. Eso hacen las páginas de Talese: ubicarnos donde jamás hubiéramos creído; revelarnos personajes que aparentaban no esconder nada nuevo. Eso es esta antología de 16 reportajes de quien, junto con Tom Wolfe, es el pionero del Nuevo periodismo que revolucionó las redacciones en los sesenta con una visión literaria del oficio de reportear.

A través de diálogos, descripciones precisas y una capacidad única de maravillarse por lo común, Talese, armado de un sombrero y mucha curiosidad, nos sumerge en un tiempo y lugar exactos, para presenciar escenas que valen la pena ser contadas. Lo aprendió en la tienda de su madre: escuchar con paciencia, sin interrumpir nunca; observar las reacciones de las personas, sus pausas y gestos; estar día tras día con su protagonista. Y sin inmiscuirse.

Está siempre atento. No se deja afectar por la más delirante de las situaciones. Registra cada detalle como observador y oyente. Así nos hace sentir como si realmente hubiéramos visto a Sinatra malhumorado en un bar («La mejor historia publicada en Esquire») o estado con Peter O’Toole en un vuelo a Irlanda rumbo al hipódromo. Al leer a Talese, entiendes lo que es «tener cien mil ojos encima, con un cielo de rostros como escenario»: eres DiMaggio en el estadio de los Yankees. O Patterson en el retiro, preguntándose por qué Liston lo noqueó. O simplemente «Don Malas Noticias», el redactor de obituarios del Times, atento a la muerte de un famoso para retratarlo con justicia. Porque con Talese no solo ingresamos al círculo de las celebridades. También a un mundo no menos fascinante, el de los personajes anónimos: los gatos callejeros de Nueva York.

Retratos y encuentros no solo es una joya del periodismo. Es un libro de historias conmovedoras, sorprendentes, recogidas por quien ejerce, como un niño, «el arte de pasar el tiempo» con aquello que tienta su curiosidad. Por suerte, luego se anima a compartirlo. Por Armando Bustamante Petit.


Recomendados:
Los que sueñan el sueño dorado (Joan Didion)
Pararayos de Dios (Rodolfo Hinostroza)
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El mapa y el territorio

Posted on noviembre 1, 2012

Reseñas

El mapa y el territorio

Michel Houellebecq (Reunión, 1958) ■ Anagrama (2011) ■ 379 páginas ■ 114 soles


Territorio desolado

Novela. Muchos pensaron que Michel Houellebecq estaba condenado a ver a otros escritores hacerse con el prestigioso Premio Goncourt, el más importante de las letras francesas. Fue finalista con la polémica y sorprendente Las partículas elementales (1998) y también con esa extravagancia llamada La posibilidad de una isla (2005). Pero su manera de ver el mundo, atrevida, políticamente incorrecta, y para algunos incluso detestable, parecía interponerse entre su potencia literaria y el reconocimiento oficial. Houellebecq es un escritor de culto, y también de esos que no dejan términos medios posibles, pues se les ama o se les odia. Finalmente, el Goncourt le llegó en 2010 con El mapa y el territorio, su quinta novela, y con un consenso sorprendente. Tuvimos que esperar para tenerla en español, pero ahora la encontramos en todas las librerías.
En esta novela descubrimos personajes atormentados por una realidad que los empuja a la soledad, al cinismo y al humor negro como medios de supervivencia. Este es el caso del protagonista, Jed Martin, pintor y fotógrafo que construye una exitosa carrera retratando millares de herramientas, mapas de carreteras, oficios y personajes de nuestro tiempo, para terminar filmando lo opuesto, la naturaleza, como una manera de contemplar la destrucción de una industria humana insalvable. Una sociedad en decadencia donde a Jed le es difícil construir verdaderos vínculos emocionales, a pesar de sus intensos encuentros con Olga, una preciosa rusa que prioriza el trabajo sobre el amor; o sus intentos de conocer verdaderamente a su padre, a quien únicamente ve, en la soledad de su estudio, cada Nochebuena.
Por otra parte, el autor se introduce a sí mismo como personaje. Desde su misantropía, el Houellebecq personaje aporta una cuota reflexiva al fungir de mentor y referente para Jed, incluso un recordatorio de su propio padre, como una voz a la que el pintor acude en busca de claridad. En esta búsqueda, la sombra de la muerte está siempre presente. Los retratos de Jed Martin nos remiten, en efecto, a perversas autopsias de una realidad que se enfrenta a su ocaso, a una desazón urbana que destila impotencia. En esta novela están bajo la lupa el mercantilismo en el arte, el capitalismo salvaje, la imposición de lo funcional, el ocio embrutecedor y la obligación de trascender. A través de la vida y obra de Jed Martin recorremos un territorio que debajo de las apariencias luce desolado y que soportamos solo gracias a la ironía.
Houellebecq, también poeta (acaba de publicar una selección de poemas en español), escribió: «Toda gran pasión desemboca en el infinito». Y eso es lo que encontramos en esta biografía de artista, en este ensayo disfrazado, en esta novela negra: la pasión de Jed Martin y su búsqueda incesante por afrontar la decadencia capturando el mundo con lo que tiene a mano: su arte. Como si trazara un mapa. Por Armando Bustamante Petit


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