Mairal, conexiones entre los opuestos

Con la aparición de la novela La uruguaya, en el año 2016, Pedro Mairal consiguió situarse en el codiciado espacio del reconocimiento: tanto de la crítica especializada como de los lectores. Premio Tigre Juan, para más señas. Sin embargo, la obra literaria del escritor argentino (Buenos Aires, 1970), no ha sido ajena a los reflectores del mundo editorial. Con apenas 28 años, Mairal dio el batacazo al ganar, con su ópera prima Una noche con Sabrina Love, la primera edición del Premio Clarín de Novela. Mención aparte, el jurado de lujo de aquel año 1998: Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Palabras mayores, sin duda. Añadámosle, además, que dos años después, la historia es llevada al cine por el director Alejando Agresti y protagonizada nada más y nada menos que por la espléndida Cecilia Roth.

Arranque meteórico que podría desestabilizar a cualquiera. De alguna manera, Mairal no logró salir del todo airoso del torbellino y caos que representa un éxito tan apoteósico y temprano como aquel. De hecho, su siguiente novela tardaría en aparecer unos largos siete años. Lo que no significó que dejara de escribir o publicar. La prehistoria literaria de Mairal nos lo muestra como poeta. En 1996 publicó Tigre como los pájaros. Tras el delirio del premio y la película, publicó el conjunto de cuentos Hoy temprano (2001) y el poemario Consumidor final (2003). Poesía, cuento y novela, tres géneros en los que Mairal muestra igual desenvolvimiento. No obstante, como me lo confesara el mismo autor, muchos años después, en 2009 y en Lima, es la poesía su centro de acción. «La poesía es lo que más me influyó a la hora de moldearme el verbo, digamos», me dijo en un café miraflorino que ya no existe. Lo que sí existe, si uno atisba con atención la narrativa de Mairal, es un aliento lírico que por momentos brota espontáneo en su prosa.

Si en Una noche con Sabrina Love, la trama nos mostraba a un joven pueblerino entusiasmado por concretar su anhelo de conocer, gracias a ganar un premio, a una actriz porno llamada precisamente Sabrina Love, en la novela siguiente, El año del desierto (2005), Mairal se desmarca totalmente y nos entrega una historia distópica sobre una ciudad que parece correr para atrás, involuciona y se torna primitiva. Tres años después, hace lo mismo con Salvatierra (2008), una narración sobre la vida, toda la vida, de un pintor obsesionado por pintar un interminable cuadro, ajeno totalmente al establishment del mundo del arte visual. Mairal evidencia, entonces, una tendencia a los desplazamientos, a rehuir quedarse en un lugar estancado.

“Sin embargo, como sucede con las obras que se van gestando de manera sólida, la de Mairal también presenta conexiones, puentes, vasos comunicantes, constantes”. 

Sin embargo, como sucede con las obras que se van gestando de manera sólida, la de Mairal también presenta conexiones, puentes, vasos comunicantes, constantes. Si uno piensa en La uruguaya —quizás su trabajo más logrado hasta el momento—, se pueden establecer nexos con Salvatierra, por ejemplo. En éste notamos la idea ambiciosa de contar la vida del personaje, toda su vida, como ya hemos dicho, en poco más de un centenar de páginas. Y en La uruguaya, si bien Mairal nos narra un solo día en la vida de Lucas Pereyra, existe la intención, gracias a la destreza del autor, de mostrarnos a través de ese único día, un lienzo más grande, en antes y después de ese día. Algo que ya lo había conseguido en ese cuento notable que es «Hoy temprano» (que le da título a su libro de cuentos publicado en 2001). No es en teoría un solo día, sino un viaje en carretera a una casa de campo. Y en ese viaje, la vida entera de un hombre que inicia el recorrido siendo un niño pequeño que duerme en la parte trasera del vehículo familiar conducido por su padre y lo termina, divorciado, con hijos, y él al volante, muchos años después. Y en ese mismo recorrido, la historia de la Argentina.

Si somos más atentos, podemos trazar puentes entre La uruguaya y Una noche con Sabrina Love. En aquella novela inicial, Daniel Montero, un adolescente de 17 años, sueña con una actriz porno a la que solo ha visto a través de una pantalla, en las películas que ella protagoniza. Pero la imagina. Es decir, crea en su mente una versión de aquella mujer. Cuando gana el premio del concurso, pasar una noche con ella, se producirá el contraste entre la imaginación y la realidad. Lo mismo sucede en La uruguaya, el protagonista, Lucas Pereyra, un escritor cuarentón, sumido en el tedio de su matrimonio y de una crisis económica asfixiante, conoce en un congreso de escritores en Uruguay a una hermosa joven con la que tiene un breve affaire que no se logra concretar del todo y que se mantendrá tiempo después a través de correos electrónicos. Lucas, el protagonista, al igual que el joven Daniel, construye en su cabeza una imagen de una muchacha de la que no sabe mucho en realidad. Y a la que verá, en aquel día que se cuenta en la historia, en el que cruzará el río de la Plata para traer los dólares de un par de pagos —adelantos de libros que se ha comprometido en escribir—, contrastando la imagen idealizada, imaginada, con la real.

“Un libro que en realidad podrían ser dos, pues la segunda parte está compuesta por los relatos de su primer libro, un interesante conjunto de cuentos de diversa temática en el que destacaríamos «Hoy temprano» y «Los caminos del amor», para nombrar solo un par”. 

El año pasado, Mairal entregó un nuevo libro de cuentos: Breves amores eternos (Destino, 2019). Un libro que en realidad podrían ser dos, pues la segunda parte está compuesta por los relatos de su primer libro, un interesante conjunto de cuentos de diversa temática en el que destacaríamos «Hoy temprano» y «Los caminos del amor», para nombrar solo un par. Y puede resultar curioso que en este último cuento, si forzamos un poco la lectura y la interpretación, podríamos advertir un preámbulo de lo que trabajaría mucho después en su última novela: el tedio y la ausencia de pasión en el matrimonio. Un tema, además, que no se agotó en esa estupenda narración, sino que reaparece, con otros matices, claro, en los nuevos relatos que conforman Breves amores eternos. Y que no hacen más que reafirmar que estamos frente a un autor no solo con una voz y un universo narrativo original y persona, sino de gran relieve en las letras hispanoamericanas de la actualidad.

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