Retratos familiares

Autor:
Ricardo Sumalavia
Categoría:
Editorial:
LA ISLA
ISBN:
9789972967825

S/40.00

8 disponibles

Información de contratapa

A leer un libro de cuentos, uno de los primeros deleites encontramos los electores es el asombro. En los ocho relatos que componen Retratos familiares, ingresamos en la escena como si lo hiciéramos guiados por una cámara secreta que nos permite ir descubriendo, bajo la engañosa trampa de los gestos anodinos y las rutinas aparentes de la vida de los personajes, un entramado de vínculos que tienen la virtud de ser tan delicadamente naturales como siniestros. Y a diferencia de muchos cuentos clásicos,
nuestro asombro no se despierta por lo que de sorpresivo o extraño tienen las historias que encierran este libro, sino precisamente por lo contrario, por la revelación de esa tenue malla que entreteje lo trivial y lo inocente de la conducta
humana con sus motivaciones más esquivas y perversas. Y qué mejor espacio para retratar estos misterios, que el amado y odiado universo de los lazos familiares.
Nabokov decía que los cuentos de Chéjov se desplegaban como olas siguiendo las tonalidades de los estados de ánimo de los personajes, o a través de pequeños giros inesperados en los argumentos, que incluso permanecían casi invisibles al lector
menos avispado, y que ahí residía, precisamente, el talento del autor para incitar nuestra sorpresa. En los cuentos de Sumalavia, los personajes son agentes municipales, dibujantes, vecinos, periodistas, abogados. Son padres, hijos, hermanos o parientes. Seres que podemos encontrar cruzando una calle, en una oficina, o tal vez en nuestra propia casa. Un primer rasgo distintivo de Retratos familiares es esa fina sutileza chejoviana en el argumento, que guarda el encanto de lo simple al plantearnos el transcurrir de la historia sin imprevistos y, sin embargo, nos revela que es ahí donde posamos nuestra mirada casi sin darnos cuenta, en esa esquina, en esa tienda o en esa habitación que recorremos todos los días, donde lo extraordinario aguarda, pero solo para aquel que tiene los ojos capaces de descubrirlo. En losrelatos “Puertas marrones”, “La ofrenda” o “Última visita”, los personajes a veces titubeantes, a veces dóciles, se deslizan hasta situaciones previsibles, pero lo que esperamos no sucede. El transcurso de los acontecimientos se interrumpe no por el azaroso designio de la fortuna, sino porque siempre hay un imperceptible giro de conducta, un gesto ambiguo o involuntario despropósito que nos hace recordar que la naturaleza humana tiene sus propios acertijos y paradojas, a veces tan absurdas que frente a ellas todo raciocinio termina siendo limitado. En los relatos “Familia” y “Los climas”, las historias transcurren suavemente, sin sobresaltos, hasta que nos encontramos con sugerencias veladas que nos hacen pensar en secretas fantasías de amor, en situaciones insospechadas, o contradictorias intenciones que terminan saboteando las acciones de los personajes; o como el cuento “La herida”, que nos muestra que las profecías atávicas sólo pueden resurgir en esas intrincadas relaciones selladas por las indelebles historias familiares. Y ese es quizás un segundo rasgo distintivo del libro Retratos familiares: un juego continuo en el que las urdimbres familiares se revelan a través de personajes que, a la manera de voyeurs, observan y son observados por el lector. En el relato “Retorno”, y el protagonista va oscilando entre percepciones visuales tan evanescentes como reales hasta fundir los límites de lo posible con lo imaginado, o en el relato “Retratos familiares”, donde las medias verdades de la historia familiar van encajándose y armando una versión distinta según quién le escuché o la cuente. Este observar, este mirar de los personajes, en ocasiones displicente, desconcertado o incluso resignado, expresa una distancia que hace visible la ironía antitética entre lo que ingenuamente
creemos ver o recordar, y la verdad literaria que nos puede mostrar los dobleces y los surcos oscuros de una vieja y gastada fotografía familiar. Hay en estos relatos de Ricardo Sumalavia algo de nostalgia, de amores que no llegan a ser del todo, de
silencios y placeres fugaces, contados con la exquisita voz literaria del que ha captado con maestría el goce del instante perfecto, y que sabe, como dice con modesta sabiduría uno de sus personajes, que la felicidad se alcanza de muchas y a
veces insignificantes maneras.

(Texto leído por Pilar Dughi en la presentación de la primera edición de Retratos
familiares, en noviembre de 2001, y luego publicado en el Suplemento Somos, El
Comercio, 08/12/2001.)

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