Sin categoría

Las cartografías de Ulises Gutiérrez

Tras la lectura de Ulises Gutiérrez, habría que pensar en el libro como en una cartografía doble. La primera, una cartografía histórica; la segunda, una literaria. En ambos casos, el relato parece lograr su cometido: plasmar las experiencias a través del recurso mimético.

La novela, en principio, se representa a sí misma como un fresco histórico, un inventario de los horrores y miserias de un país convulsionado por las operaciones políticas de una temporada concreta en Perú: 1985 – 1995. Muestra, sin pudor, las conciencias traspasadas por la violencia, la pobreza, el sistema político, la desilusión y todo un trenzado de pavores que destrozó una nación.        

Por medio de una polifonía de testimonios, el autorrememora hasta lo más ínfimo de ese trozo histórico y lo unifica, creando la biografía de su protagonista: Elmer <<el Gato>> Ccasani. Para lograr esta recreación totalizante, se adscribe a la estética naturalista, en donde existe cierto vicio por la descripción más pura de la “realidad”. De ahí que esta novela recurra al recurso mimético como arma principal para esbozar, punto por punto, esa gran cartografía de la historia nacional. Ahí su logro más fuerte y su primera representación.

La segunda, la literaria, se sostiene bajo una observación teórica. Erich Auerbach, en Mímesis, señala que la realidad que debe representarse es <<siempre histórica>>, y más precisamente <<la historia de las clases bajas en conflicto>>.

Esta idea podría enmarcar tranquilamente la novela de Gutiérrez, que es una mimesis de los relatos realistas (al parecer ya gastados pero no muertos) que se definen por la interpretación de lo real a través de la representación literaria. Así, pretende dar dignidad estética a las realidades donde se mezclan los niveles sociales de una época violenta en Perú.

El problema de la mímesis, sin embargo, es que muchas veces tiende a reproducir un elemento a imagen y semejanza de algo ya hecho. Esto, sumado a una alta dosis de realismo, puede quitar relieve a la representación artística, aplanarla y direccionarla a un solo e inequívoco punto de vista de interpretar lo real. He allí el punto débil del libro, pero también su interesante propuesta.   

Al igual que en la parte histórica, el texto hace una cartografía de las formas y experiencias literarias de un pasado tiranizado por el realismo peruano. La oralidad mimética, el uso abundante de jergas (muchas de poco uso), las onomatopeyas, la descripción de los elementos, en suma, su lenguaje, estilo y diégesis, son artificios de una novelística pasada de moda, diríase moribunda en el siglo XXI. Así, Ulises Gutierrez no solo recurre a la representación de un pasado histórico, sino también literario. Es decir, realiza una doble cartografía nacional.   

Cementerio de barcos sirve pues para recordarnos una época oscura: tanto como sociedad y como literatura. Una época que nunca más, en los dos sentidos, debería volver a repetirse.