La maravillosa sordidez de Cristhian Briceño: una reseña y una entrevista

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No será un libro fácil

Reseña. por Harold Moreno Luna.

Su seguro servidor es el segundo libro de cuentos de Cristhian Briceño (Lima, 1986), y la confirmación de su talento como narrador solvente, predispuesto especialmente a ceder la realidad que construye frente a lo absurdo, lo onírico o lo sangriento. Los lugares y nombres rusos son recurrentes.

Casi todos los relatos tienen como escenario común una suerte de mundo posapocalítpico, cuyos símiles mejor logrados están, tal vez, no en la literatura sino en videojuegos como Borderlands 2 (un mundo hostil llego de bandidos punk salvajes, personajes con la moral bastante floja y mucha violencia gratuita) o Metro 2033 (una decadente historia de sobrevivencia en las nevadas ruinas de Moscú, basada en libros de regular ejecución).

Pero el libro de Briceño no tiene mucho que ver con una especulación concienzuda de “qué pasaría si”. Sin solemnidad asistimos a un mundo donde algunos ritos de la sociedad son reconocidos con facilidad: tener una casa y vecinos, salir con los amigos, tomar un trago, llamar a los bomberos ante un incendio. Pero deliberados actos de crueldad y muerte aparecen como gotas gordas en el suelo cuando empieza a llover. Pronto, el lector está empapado.

No será un libro fácil para ciertos lectores. Muchos relatos se tiñen de fantasía violenta o escabrosa, hasta cierto punto similar al estilo de Mariana Enríquez o del peruano J. J. Maldonado, pero enriquecidos con situaciones que llegan al absurdo más kafkiano. Algunas obsesiones literarias del autor se reconocen con claridad: la oscuridad, el calor, el cuerpo humano y todo lo bello y sucio que hay en él.

Están presentes también los guiños a la presencia de peruanos en Rusia (o lo que queda de ella) y a la inesperada importancia que cobra la literatura y los libros en un mundo donde muchísimas cosas ya se han ido al diablo. Un vago trasfondo de revoluciones, capitalismo y comunismo es parte del telón de fondo, pero la política es una notoria ausencia entre personajes que parecen moverse, emborracharse o matar casi por inercia.

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«Decir que se trata de un libro de cuentos típico sería incorrecto. Algunos (como ‘Los versus’ o ‘Lo útil y tú’) no tendrían mayor valor o sentido aislados del conjunto, y se dirían casi prescindibles si no fuera porque intensifican la extraña sensación que despierta el todo.»
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La prosa cuidada y culta de Briceño se combina con una especial inteligencia lúdica para jugar con las formas narrativas. Influencia de sus inicios como poeta o no, muchos relatos no tienen, propiamente, un final en el sentido clásico. Pero lo tienen; y la participación activa que se exige al lector para entender el juego es algo de agradecer.

‘Es el futuro’ es el relato más largo y logrado, y deja la sensación de casi ser el boceto de una novela corta. Como la mayoría de los cuentos, es parte de un universo futurista. ‘En el corazón de los sencillos’, a pesar de plantearse como una revisión de ciertos conocidos episodios bíblicos, también es parte del mismo universo, o trata de, por ciertas apariciones de inventos de nuestra era. Sin embargo, este relato, junto con otros más cortos, forma casi otro grupo donde se combina la ficción borgiana con planteamientos narrativos más cercanos al sinsentido o al experimento.

Decir que se trata de un libro de cuentos típico sería incorrecto. Algunos (como ‘Los versus’ o ‘Lo útil y tú’) no tendrían mayor valor o sentido aislados del conjunto, y se dirían casi prescindibles si no fuera porque intensifican la extraña sensación que despierta el todo. Un libro de inicio algo frío, pero que finalmente crece y brilla.

La expectativa por lo siguiente que escribirá Briceño es inevitable.


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"Más que un lector, he sido un televidente"

Entrevista. por Sebastián Uribe.

La producción editorial en nuestros días es tan vasta y precipitada que una de las secciones que más se ve perjudicada es la de la contratapa, al punto que uno agradece la decisión de Salinger de no poner comentario alguno. Elogios desmedidos y poco creíbles o sinopsis llenas de lugares comunes. Sin embargo, la del más reciente volumen de cuentos de Cristhian Briceño (Lima, 1986), publicado en Seix Barral, es una excepción pues la contra resulta una invitación a la lectura. Como muestra cito un fragmento: En lugar de presentarnos un antihéroe patético y débil inmerso en su devenir hacia la intrascendencia, Su seguro servidor da cuenta de un momento posterior (un futuro cercano) en que a este ni siquiera el intercambio de una vida entregada al capitalismo, a formar parte del engranaje de una sociedad que trata a sus ciudadanos como piezas de una perfecta maquinaria autónoma a cambio de ciertas alegrías menores, es posible”. Sobre ese futuro cercano y otros temas conversamos con Briceño en la siguiente entrevista.

Una de las primeras críticas, desde tus ficciones, al sistema socioeconómico actual es su afán de homogenizarnos a todos a gran escala, bajo una aparente celebración de la diversidad, provocando que nos “extraviemos de nosotros mismos”. ¿Piensas que la pandemia ha ayudado de cierta forma a desmantelar esta maquinaria, o esta ha encontrado la manera de seguir intocable?

La homogenización es un instrumento que el sistema emplea a manera de embrague, es decir, para acoplar y desacoplar ciertas partes que requiere en circunstancias dadas. No olvidemos que en los inicios del Perú como nación soberana existía una república de indios y una de blancos. La gran mayoría de indios, obviamente, no sabía de la existencia del Perú como Estado, ni siquiera como territorio, ni eran informados del cambio que esto, en teoría, entrañaba. El Estado, en todo caso, era un ente abusivo y los indios añoraban la autoridad de un rey que impartiera justicia. Medio siglo después, durante la Guerra del Pacifico, la siguiente generación de estos mismos indios era obligada a enfrentarse al invasor vistiendo ropa de diario, con munición enmohecida y usando el mismo armamento con el que se expulsó al último virrey; obviamente, cada quien debía agenciarse sus alimentos; casi la totalidad no comprendía por quién o por qué se estaba arriesgando el pellejo.

Foto: Revista Lucerna.
Foto: Revista Lucerna.

No se puede desmantelar la maquinaria porque nunca estuvo cubierta con nada, siempre ha estado expuesta como un recordatorio de la infamia. La pandemia no va a cambiar nada, menos en un escenario electoral como el de ahora, infestado de un caudillismo que apesta a siglo XIX. Cambiar eso es como pretender que un gato ladre.

Bajo un aparente estado de apatía, tus personajes intentan camuflar ciertos arrebatos de violencia y rabia contra los que los rodea, y uno como lector lo conecta con las noticias de estallidos salvajes de ciudadanos que siempre suelen ser tranquilos y discretos en las noticias, sobre todo en el primer mundo. ¿Esto ya se replica en el Perú? ¿Estamos camino a ello?

Ya está desde hace mucho. En la década del 30 del siglo pasado, un comerciante español mató a su compatriota en una habitación del hotel Comercio, que quedaba en los altos del edificio donde hasta ahora funciona el bar Cordano. El asesino parecía una persona corriente, sin visos de violencia. Clemente Palma escribió una nota entusiasmada sobre el asunto. Decía que ahora Lima ya estaba a la altura de otras capitales del mundo en cuanto a crímenes.

“Los recuerdos felices, ah, esos son los peores, le dijo la vieja, porque solo sirven para medir cuánto hemos perdido”. Inevitable asociar dichas líneas de ‘Una temporada en el invierno’ con este último año donde muchos entramos en un período de limbo o agujero negro. ¿Fue este un cuento escrito o reescrito en plena pandemia?

Fue escrito hace por lo menos cinco años, y apenas tuvo cambios previo a la publicación. De cualquier manera, el tópico de la evocación dolorosa es bastante común en la literatura. Basta recordar ese diálogo de muertos en el que Luciano de Samósata da voz a un Aquiles quebrado, anhelando regresar a la vida siquiera para trabajar como labriego. O el Dante-personaje de la Comedia, cuando dice aquello de que no hay mayor dolor que recodar los tiempos felices desde el lugar de la desgracia. O Enid Lambert, en Las correcciones, deprimiéndose ante el recuerdo de las navidades pasadas, cuando su familia estaba reunida y eran felices y comían perdices. Miles de ejemplos. También creo que se tiende a magnificar un hecho, uno tiene la impresión estar venciendo la adversidad de, por ejemplo, no ver en persona a un amigo para perder el tiempo. La verdad es que antes tampoco éramos felices, sino que la normalidad se vuelve valiosa por contraste. Hay gente que en verdad la pasa mal, y el sufrimiento de las personas que tienen tiempo para leer esto, comparado con el de los otros, está a años luz.

“Él era más humano: creía en la familia, en el ahorro y en el Dínamo de Moscú”. Tres instituciones erigidas en torno a la fe en el futuro. En este presente desesperanzador, ¿crees que se hayan visto más debilitadas, o se han vuelto más vitales que nunca como soporte para sobrevivir?

Difícil saberlo. Pero, como dije antes, no creo que la pandemia cambie demasiado las cosas. El cambio viene de antes, lo demás son contingencias, eventos que crean una ficción con la que solemos interpretar ese cambio. Muchas cosas han sido puestas en entredicho el siglo pasado, sobre todo, a un nivel, más que filosófico, social, del día a día, aunque, claro, las bases están en textos clave, como por ejemplo cuando lee lo que piensa Stuart Mill sobre la naturaleza o la libertad, etc. Pero si quieres una respuesta más personal, yo sí creo en la familia por experiencia propia. Por mi padre creo también en el ahorro como una forma de adelantarse a las eventualidades. La tercera institución a la que aludes la podría emparentar con el fanatismo y, por ello, con la religión. Yo creo en algo que no es precisamente el dios de los hebreos o cualquier ente que pueda revelar alguna característica antropomórfica para ser asimilado por mi fe. No confío, eso sí, en cualquier institución que genere odio entre las personas. La Iglesia, por ejemplo, y sus falsas atribuciones. Cualquier institución con poder tiende inevitablemente a corromperse, es axiomático.

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«Hay que saquear todas esas influencias que la academia puede mirar por encima del hombro. Ciertas animaciones como Los Simpson o Ren & Stimpy son parte del canon de muchos.»
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En ‘Los trabajos’ recreas un mundo donde la oscuridad lo ha sumido todo por completo, transformando las formas de contacto humano debido a esta externalidad inesperada. Al terminarlo uno corrobora que la situación de peligro constante termina tornando en seres más indolentes que antes. ¿Podría interpretarse como una lectura del mundo en general o de sociedades bajo regímenes específicos?

No fue escrito con esa intención. El relato parte de una noticia que leí en internet. Al parecer en una ciudad asiática la contaminación era tal que el alcalde se había visto obligado a poner varias pantallas led en zonas estratégicas, para que los habitantes puedan saber que estaba amaneciendo. Me resultó curiosa la idea, aunque podría profundizarse más e intentar una narración que prescinda de los sentidos que más nos socorren, algo así como ‘El pozo y el péndulo’ pero más extremo. Más que una ficción política es simplemente el desarrollo de un tema cualquiera que puede ser interpretado a placer por el lector.

En ‘Su seguro servidor’ abordas el dolor del duelo y la necesidad de anularlo mediante el uso indiscriminado de narcóticos, en una especie de relectura de Un mundo feliz de Huxley. Cuando salgamos de este encierro, si salimos, ¿seguiremos así de aferrados a esta anulación de cualquier emoción negativa? ¿Le tememos al dolor, o a la posibilidad latente de no salir una vez que caemos en ese estado?

Tal vez la anulación de las emociones cree vacíos aun más nocivos. El relato intenta formular la pregunta de cómo sería llenar estos vacíos con otro tipo de emociones, no menos dolorosas, sino más asimilables. El dolor es un hecho inevitable, es una lección; también es parte de nuestra evolución y va de la mano con nuestra supervivencia como animales, desde el momento en que los organismos primitivos “deciden” ser criaturas inervadas. Eso en cuanto al dolor físico, pero queda el dolor emocional, que también es un rasgo evolutivo que podría partir desde el momento en que algún homínido empezó a sospechar de la naturaleza del tiempo y sus implicaciones en la realidad y, a su vez, le heredó esta característica a su descendencia. Debió haber un momento en que algo muy parecido al ser humano actual vio a un semejante muerto y de pronto empezó a llorar sin saber bien por qué, quizá enfrentado a la intuición de lo irremplazable.

Obviamente le tememos al dolor y a que exista un escenario en que nada pueda lidiar con él, por ello se dice que el verdadero castigo que promete el infierno no es la severidad de lo que ahí se siente, sino la eternidad misma. Esto me recuerda al ‘Retablo de Isenheim’, el cuadro de Mathias Grünewald colgado en un hospicio para pobres almas infectadas de peste y sífilis. La lógica era que ver a un Cristo crucificado y retorciéndose de dolor te ayudara a aceptar el sufrimiento. Eso,quizá ahora sería una salvajada, pero entonces debía ser algo parecido a lo que propongo en ese relato.

El mundo literario descrito en ‘Es el futuro’ está lleno de personajes indolentes, sin empatía, crueles por decisión, siempre atentos a la imagen que los demás perciben de ellos, sobre todo atentos a no mostrar signos de debilidad. Y al revisar históricamente el medio local, este, claero, no ha sido ajeno a confrontaciones y disputas, sobre todo siendo tan reducido. Las redes han exacerbado los desencuentros, a la vez que han banalizado las discusiones literarias. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Siempre he tratado de mantenerme alejado de todo eso. Como en todo espacio en que se pone en juego algo de poder o beneficio (y en la literatura peruana actual esta gracia es ínfima, a menos que previamente ya la poseas y no hagas más que gozarla ostentando un membrete de “escritor”) siempre se generarán esas rencillas idiotas que son, de por sí, un género literario. Yo mismo, siendo un autor tan poco conocido, tengo una cuenta de Instagram donde a veces opino sin censura sobre ciertas cosas, y te creas la ilusión de que la gente comprende tu postura y la respalda. Pero creo que debo añadir a mis contadas cualidades como autor la de cerrar la boca y dedicarme a lo mío.

Uno de los cuentos más entretenidos es ‘El corazón de los sencillos’, donde haces una especie de lados-B de escenas bíblicas clásicas. ¿Cuál es tu relación de lector con la Biblia? ¿Cómo lo percibes desde el punto de vista literario en nuestros días?

En el 2019, Briceño presentó su primer libro de relatos "Todo es demasiado". Foto: La República.

No fui un lector precoz, creo que empiezo a leer con cierta conciencia pasados los 20 años. Sí recuerdo que unos de los pocos libros que leí de pequeño fue una versión de la Biblia preparada por los Testigos de Jehová, de tapa dura color amarillo y título en letras rojas brillantes; creo que se llamaba Mi primer libro de historias bíblicas. Me encantó desde la primera página, y creo que ese momento me di cuenta de la potencia que subyace en la lectura. Después, cuando leí varios libros de la Biblia me di cuenta de que me llegaban a conmover de una forma que no lo hacían otros textos, y creo que es por la idea de fe que tienen todos estos personajes, siempre esperanzados en encontrar a Dios hasta debajo de la más pequeña piedra del desierto. Debe ser esa construcción de la fe lo que mueve este libro. Los evangelios sinópticos coinciden en las palabras de Jesús cuando le dice a la mujer que sufre de descensos y que ha tocado su manto con la esperanza de sanarse: “Tu fe te ha sanado”. Es curioso que Yavhé no se enfade con él por no darle crédito, etc. ¿Influye la Biblia hoy en día? Obvio. Podría nombrar un poemario reciente, El libro de la enfermedad, de Mateo Díaz. En un capítulo de la cuarta temporada de Rick y Morty Rick dice que la Biblia es el infierno de los escritores. No sé bien cómo interpretar esa frase, pero podría ser por su circularidad.

Sí, es un hecho. Más que un lector, he sido un televidente. Cualquier información que haya podido llegar a mí luego intento revertirla en la ficción. Hay que saquear todas esas influencias que la academia puede mirar por encima del hombro. Ciertas animaciones como Los Simpson o Ren & Stimpy son parte del canon de muchos. Todas las series de bajo presupuesto o lo que usualmente se desecha a la primera mirada puede llegar a ser valioso en cuanto el autor revierte los códigos, los procesa y posteriormente los vuelve literatura a secas.

¿Son Los Simpson una referencia para ti al momento de escribir? Leyendo tus cuentos fue inevitable asociarlos con capítulos como el del Señor Burns sumiendo Springfield en una noche eterna, o la revisita de momentos históricos de manera socarrona.

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