Karina Pacheco: “Como humanidad nunca queremos indagar en nuestra parte oscura”

Por Abby Ardiles.


Entrevista. La escritora y antropóloga cusqueña, Karina Pacheco nos cuenta detalles de su más reciente novela “El año del viento” publicada bajo el sello de Seix Barral de la editorial Planeta. Expone desde brechas sociales hasta la importancia de la familia. Conozcamos un poco más a Nina,  una niña que vive los inicios del Conflicto Armado Interno en la sierra del Perú y debe enfrentarse a diferentes situaciones que 40 años después la obligarán a realizar un viaje en su memoria y a lugares de su infancia.

Nina es un personaje muy nostálgico, al menos así la podemos percibir a lo largo de la novela. ¿Qué te inspiró a construirla?

Tiene mucho de ficción, pero algunos de los recuerdos infantiles son parte de los míos. 1981 fue un año que siempre estuvo muy marcado y pensaba que siempre le llamaba la atención a Nina, eso fue muy parecido a la sensación que me generó aquel tiempo. La novela se llama “El año del viento”, no por ese año (1981), sino es como un juego que cada lector puede pensar cuál es su propio año del viento. El de un presente, como está narrado a largo del 2020 o de ese pasado.

La novela está ambientada en la época del Conflicto Armado Interno, en los inicios, y la percepción de los personajes sobre esto va evolucionando. En especial la de Bárbara, ella, además de ser alguien misteriosa, ¿Es una imagen muy fuerte para Nina, quizá más que su madre?

Tiene que ver con la idea de una suerte de hermandad mayor. Quería recrear una historia donde una suerte de persona mayor que enseña y que abre los ojos a otro mundo. Esto tiene que ver un poco con las múltiples realidades que tiene un País como el Perú.

Las dos son primas lejanas. Pero una ha vivido y conoce más lo que es la vida en el campo, la dureza y crudeza de esto. Y la otra es una niña urbana que en esas primeras visitas al campo se da cuenta que es una vida dura, pero no dejan de ser vacaciones para ella. En una primera parte Bárbara es protectora, pero a la vez le abre los ojos a Nina sobre una realidad diferente. Entonces hay cierta fascinación de una más pequeña mirando a una que ya es adolescente. 

Nina va creciendo y conoce de a pocos los problemas que existen en la sociedad, ¿Qué te motivó a escribir alrededor de esto?

Me interesaba ver esas dicotomías que se dan continuamente y finalmente terminan siendo vidas que van a discurrir por campos muy distintos. La Nina que ha crecido en un ambiente más privilegiado, en un entorno urbano y asiste al colegio privado. Y lo diferente, que incluso al interior del propio Cusco, es diferente frente a la vida de Bárbara, su prima pobre que viene de una familia que sabe qué es no tener esa accesibilidad a cosas tan básicas como la educación y otros privilegios. Eso es algo que la novela también va tratando de contar. Son dos realidades totalmente diferentes y eso va generando en Nina una mirada mucho más crítica -casi rabiosa- de lo que es el Perú.

Nina no tan sólo enfrenta las brechas sociales, sino también cambios físicos de una niña en el proceso de ser adolescente. Expones durante la novela la falta de educación sexual en esa época, pero es algo que hasta ahora se vive.

Por un lado es cómo no hablamos de sexo, ni de sexualidad y cómo al mismo tiempo lo que no se habla suele ser lo más violentado. Los silencios son violentos, lo que no se dice y al final lo que se toma como tabú es lo que al final termina siendo tremendamente violentado. Entonces, al mismo tiempo era esta Nina que rechaza crecer y jugaba con el paralelo de un Perú que también se negaba a ver lo que venía ocurriendo y creciendo con el surgimiendo del terrorismo. Por eso es que hay una parte donde la narradora Nina grande dice “como yo, era un país negado a crecer”.

Desde un inicio narras la negativa de la sociedad frente a los atentados terroristas, la forma de comunicarse en 1980-1981 y cómo fueron los silencios por esos años.

Creo que para eso ayuda mucho lo que es la investigación. Cuando vas a abordar a través de la novela y vas hacer este tipo de tejido de un tiempo y más aún de uno tan complicado donde hay tantas memoria y voces en conflicto. Es fundamental empaparse en esa historia, en ese tiempo.

Como antropóloga he trabajado mucho los temas de racismo, discriminación. He estado muy pendiente de los temas en los años de la violencia política, los informes y los libros que salieron tanto en el Perú como en América Latina. Es un tema que siempre me atrapa porque estas épocas de cruda violencia política son situaciones que me perturban porque creo que dicen mucho de todo lo que podemos tener de sombras como humanidad. Al mismo tiempo te muestran facetas que permanecen escondidas hasta que ocurre algo que lo desata todo. Como humanidad nunca queremos indagar en nuestra parte oscura, ni en el por qué, ni cómo. Esos momentos obligan a hacerse preguntas que normalmente rechazamos.

Durante muchos años las escritoras han sido invisibilizadas en la escena cultural por el machismo. Esa lucha constante por el reconocimiento es de nunca acabar. Por eso son cada vez más las personas que prefieren leer a las autoras. ¿Qué opinas sobre las acciones del Ministerio de Cultura sobre la lista de la Feria Internacional del libro de Guadalajara?

La aspiración a que una delegación peruana sea mucho más diversa y tenga más representantes importantes de muchas regiones, además que se influya la literatura oral, yo no podría estar en contra de eso. Sin embargo, la manera en cómo se ha hecho demuestra un desconocimiento muy preocupante de cómo es una feria del libro. Esto refleja la poca importancia que se le da al trabajador de la cultura. Yo soy antropóloga y me gusta reivindicar que nuestra literatura también es oral. Hay grandes narradores orales, es otra manera de transmitir la cultura.

Sin embargo, hay un maltrato y para justificar el maltrato se nos difama diciendo que somos parte de una argolla. Como si todo lo que hayamos hecho hubiera venido del aire. Se olvidaron que la feria cierra su programación con mucho tiempo de antelación. Con este antecedente qué país va querer tener al Perú como invitado de honor. Ellos hacen eso y al final terminan disparando a sus propios pies y de paso hacen que esas nuevas voces terminan también desmerecidas en cuanto a su trabajo. Además, que su presencia en México pase desapercibida y ensombrecida por un escándalo.

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