Empresa, Gestión empresarial, Liderazgo

Inés Temple: “Los trabajos los tenemos que ganar cada día”

Usted S.A. es uno de los libros más vendidos del país año tras año. Su mensaje, claro y sencillo, invita al lector a pensar en sí mismo no como un empleado más, sino como su propia empresa. Desde el 2010 se reedita con un éxito deslumbrante en nuestro medio, actualizando cada vez su mensaje. A propósito de la vigésima edición (¡!) y el lanzamiento de Yo S.L. —la flamante versión española— quisimos conversar con Temple sobre empleabilidad y cómo el mensaje de Usted S.A. se ha adaptado en la pandemia.

¿Cómo te animaste, el 2010, a sacar este libro?

Creo que nadie me había preguntado nunca qué me llevó a querer sacar ese libro, y la respuesta es muy sencilla. Yo trabajo en LHH DBM Perú, y allí ayudamos a muchas personas —a cuenta de las empresas— a recolocarse en el mercado laboral o a poner sus negocios propios cuando han perdido el empleo. Como te digo, trabajamos para empresas, no para personas, pero tenemos mucho conocimiento de cómo ayudar a la gente a ponerse de pie cuando se ha quedado sin trabajo y necesita conseguir uno nuevo. Entonces yo hacía muchas presentaciones en distintos lugares, y un día me dije “bueno, ¿y si de esa presentación hago un libro?”. Es más, inicialmente concebimos el libro para que las láminas de la presentación también fueran incluidas; así podría ser ágil, corto; por eso también es muy oral, porque es el reflejo de una presentación oral. Creo que para mí es más fácil hablar que escribir.

¿Y cuál es tu balance? ¿Cómo ha ido cambiando en esta década? ¿Qué crees que ha ganado o perdido?

Creo que el libro ha evolucionado mucho en sus 20 ediciones. Con cada una he ido actualizándolo, haciéndolo más vigente. Acercándolo cada vez más a las personas, creo yo. La edición 20, por ejemplo, habla de pandemia, de cómo trabajamos por la pantalla, cómo nos conectamos, cómo hacemos redes de confianza; todas esas nuevas maneras de vivir donde las geografías se han acabado, donde tú puedes estar sentado en tu casa trabajando en cualquier lugar del mundo, y ya no te tienes que circunscribir a un territorio físico específico. ¿Qué creo que he perdido? No sé si he perdido o no, pero tengo una colección de seis ediciones pirata (risas). ¿Y por qué digo perdido? Porque la gente que compra pirata compra ediciones antiguas o incompletas, que no reflejan lo que deberían, ¿no? A veces las veo y digo“¡Dios mío, qué pena!”. Eliminan capítulos completoso qué sé yo.

¿Y cuál supones es el secreto de su éxito sostenido?

Creo que son varias razones… Primero, porque entender el trabajo y cómo cambia sus paradigmas es súper importante. Lo sigue siendo ahora y lo será siempre. Para los adultos el trabajo no solamente es lo que nos da dinero; es muchas veces la manera como generamos una identidad, nos relacionamos con los demás, somos parte de una comunidad, y eso es tan importante… Segundo, porque es un libro sencillo, que cualquiera puede leer.

Entrando al contenido, el concepto inicial refiere que “lo único constante es el cambio”. Bajo la mirada de la pandemia, ¿cómo resignificas esa afirmación?

Tanto los jóvenes que se acostumbraron a cambiar más rápido de trabajo, como la pandemia, nos han dejado a todos claro que no hay trabajo seguro, que los trabajos los tenemos que ganar cada día y que en cualquier momento se pueden acabar.

Este es un discurso muy normal entre los jóvenes; es natural. Sin embargo, cuando un millenial se queda sin empleo, no sabes cómo sufre. Una cosa es que tú renuncies y vayas a un trabajo mejor, pero cuando vienen y te dicen “se acabó para ti”, el dolor es igual en cualquier generación. Es como una separación, ¿no? O sea, cuando un día viene tu pareja y te dice “se acabó”, sientes un remezón, es un shock doloroso para el que uno nunca está listo, más si es por sorpresa. Lo mismo pasa en los trabajos, uno nunca está preparado, nunca está listo.

Y eso lo vemos en gente que viene trabajando un año como 27 en una misma organización. Y uno se va acostumbrando y ¿sabes?, se va sintiendo seguro. Y te olvidas que mientras más tiempo llevas en una organización, menos seguro estás, más te tienes que preocupar de estar vigente, relevante. Permanecer competitivo y siempre preparado, con un buen nivel de empleabilidad para abordar el mercado laboral cuando se necesite. 

Hablando de empleabilidad, la pandemia también ha incrementado el nivel de desempleo y obligado a muchas personas a reinventarse. Pero hay gente que al momento de pasar a la virtualidad ha tropezado. ¿Cómo se explica que no puedan adaptarse a estos tiempos? Porque eso también es parte de la empleabilidad.

Sí, para mí el tema central del libro es tratar de ayudar a que las personas tomen conciencia de cuál es el modelo mental que tienen en función de sus trabajos, de su empleabilidad, porque mucha gente… siguiendo con las parejas como ejemplo, se casa para toda la vida. Muchos en el fondo de su corazoncito quieren tener un trabajo para siempre, que le dure hasta la jubilación. Y ajustar este modelo mental es difícil porque las personas tienen un paradigma estructural creado, y el tema del trabajo es una de las cosas fundamentales dentro de la identidad de los humanos. Pero ese modelo mental acompaña no solamente a la gente que se queda sin trabajo, sino también a la que está trabajando, y esa es más difícil todavía. Cuando te quedas sin trabajo, el dolor de la pérdida y estar en la necesidad de rápidamente hacer lo que tienes que hacer para conseguirte un nuevo empleo, hace que la gente esté más permeable al cambio. Pero quien trabaja y se siente en esta sombrilla de falsa seguridad es más reacio a cambiar. Y eso hace que, a la larga, la vida se le complique.

Para mí es importante ayudar a la gente a comprender con este libro que todos tenemos que preocuparnos de la calidad del servicio que damos, de nuestra reputación, de mantenernos vigentes, relevantes. Y el que no quiere cambiar va a aprender que no solamente se puede quedar sin trabajo, sino que le va a ser complicado obtener uno. 

El concepto de “no te pagan por ir a trabajar, sino por producir” era muy lúcido el 2010, pero quizá muy difícil de entender con la modalidad presencial. ¿Crees que la virtualidad ayudará a que más personas lo comprendan?

Totalmente. Ahora es más fácil medir quién produce y quién no. Qué contribuye y qué no. Hay muchas organizaciones que en las reuniones que tienen software que permite saber qué está mirando cada quien la pantalla, o quién está con su teléfono o con un Excel pagando sus cuentas mientras el jefe ahí, en medio de una reunión. Hoy la tecnología, que corre tan rápido, lo permite… pero hay gente que se rebela, te dice “¡Ay, pero, nos tienen chequeados!”. O “¡Yo no quiero perder mi pantalla en una reunión! ¡Es una invasión a mi privacidad!”.

De lo que se trata en esta nueva modalidad de trabajo es de cómo haces para estar totalmente presente, no solo en las reuniones, en Zoom, sino en todo momento. Porque para eso es que nos pagan, para generar, para producir resultados. Ojalá tengamos una idea cabal de cuáles son esos resultados a producir. Porque no todo el mundo lo tiene claro.

Ya que mencionas la privacidad, hay casos puntuales de personas que son despedidas o sancionadas por lo que puedan colocar en sus redes. Teniendo en cuenta el concepto de Usted S.A., ¿qué opinas sobre la línea que divide lo privado de lo público? ¿Qué pasa con quienes dicen “Mi vida privada y lo que yo haga en mi horario de trabajo son dos cosas distintas, no deberían mezclarse”?

Varias ideas sobre eso. La primera es que creo firmemente en el concepto de integridad. Integridad viene de uno, somos una sola persona; o sea, nuestro comportamiento, nuestra ética, nuestros valores y nuestra moral es una. No es que “yo soy de una manera con mi familia, otra en mi trabajo…”. Obviamente somos solo uno; uno en distintos roles, pero seguimos siendo uno. Nosotros, como profesionales, estamos en el negocio de vender nuestros servicios a terceros. Por lo tanto, es de nuestro interés tener una demanda permanente por nuestros servicios: me debe interesar que mis servicios tengan buena reputación, y mi buena reputación no es solo por la calidad de mis servicios; viene por cómo soy como persona en los distintos ámbitos de mi vida. Porque no es que tú eres integro en el trabajo, pero en tu vida personal no. Voy a llevar un ejemplo al extremo: “No, es que es mi trabajo yo no robo, pero en mi vida personal sí…” Es hasta absurda la comparación, uno tiene valores, ética…

A propósito de la ética, los valores, la integridad, te quería preguntar sobre la corrupción, que corroe tanto a las empresas como a las personas. ¿Cómo recuperas tu marca si has trabajado en una empresa que ha sido catalogada o es juzgada de corrupta? ¿Cómo te recuperas tú si has tenido una demanda de corrupción?

La primera pregunta es más fácil. Los empleados de una organización corrupta, o son cómplices, o no saben nada. Y hay de los dos. Hay organizaciones donde eran los altos directivos los que tomaban estas decisiones de malos contratos o coimas… y los trabajadores o no sabían o eran cómplices. Eso cuenta un montón porque al final tú quieres vincularte con personas en las que puedas confiar, íntegros, coherentes; porque no eres lo que dices, eres lo que haces. Esto es central. Lo que quiero decir es que a la gente que ha sido o es corrupta le es difícil recuperarse. Hablamos de valores básicos. El corrupto corrompe a otros, corroe, les quita a muchos, es todo para él, nomás… Hay muchas cosas feas detrás de la corrupción, y que alguien te diga “Bueno, así se hacen acá las cosas” o que es parte de la cultura… es —o debería ser— falso. Porque así como hay gente corrupta, hay mucha gente que no lo es. No recuerdo la cifra exacta, pero si tuviera que decirlo creo que hay un ladrón y corrupto por cada nueve decentes y trabajadores. Pero esos de estos no hacemos titulares. Solo de los corruptos.

Existe esta idea de “Tengo que jugar con las reglas del sistema e incluso aprovecharme un poco del mismo, sacarle la vuelta”. ¿Qué sucede si no puedes identificar ese error de concepto, esa falta ética? ¿Y qué pasa con las empresas que mantienen a ese tipo de personas?

Creo que el que otro u otros sean deshonestos no es excusa para nada. Y si alguna vez fue aceptable, pues… todo cambia. Pienso que estamos llegando al fin de la impunidad, la gente ya no se puede disfrazar detrás de los secretos, de cortinas. Creo que la gente está tomando una consciencia más grande de que sus actos tienen consecuencias. Mira la cantidad de Presidentes juzgados en este país. Es decir, los actos tienen consecuencias, aunque seas el más poderoso en algún momento. Y es muy importante que los individuos lo internalicen.

Te diría que, sobre todo en el Perú, la gente es buena, es correcta, quiere trabajar. Pero hay muchas cosas en el país que son mucho más difíciles por la ineficacia de la burocracia, los malos sistemas, la reforma del Estado que nunca se ha dado, la desconfianza, etc. Y al final justos pagamos por pecadores. Hay que trabajar más duro por los justos, creo yo, y prestarles menos atención a los pecadores.

Hay algo muy coyuntural que dices en el libro: “Nadie puede caminar bien —por así decirlo— si es que no sabe hacia dónde va”. Citas una frase de Séneca.

Así es. Otra forma de decirlo es: “Si no tienes un destino trazado, ningún viento te será favorable”.

Exacto. Me parece que en las nuevas generaciones está más interiorizado el anhelo de trabajar en lo que a uno le gusta. Pero no todas las personas pueden darse ese lujo y laboran en lo que se presente. ¿Qué sucede cuando te acostumbras a ese trabajo? Es decir, ¿qué pasa cuando comprometes tu marca por necesidad?

Creo que el sueño de todos es trabajar en algo que nos apasione, que nos haga vibrar y que, encima, nos paguen bien por hacerlo. Eso es como check, lo máximo. Y ciertamente no todos lo consiguen. Pero trabajar en algo que no te gusta, que es —o casi— una tortura, es hacerse un harakiri profesional. Porque no hay manera de que estés totalmente ahí, que generes los mejores resultados, que sea lo mejor para ti. Y todo eso impacta en tu marca personal, en tu satisfacción de vida.

Es muy importante que uno trate de ser leal a sí mismo. Tratar de identificar qué es lo que quiero hacer, en qué soy bueno, qué me gusta, qué me apasiona, y conseguirlo. A veces demora años entender qué es lo que realmente quieres hacer. Otras tarda tanto tiempo conseguir un trabajo que te dé eso. Pero uno tiene que también tener claro qué es lo que le gusta hacer, qué lo inspira, porque esa es la única manera de tener éxito. Y éxito no es tener más plata en el banco o un sueldo más grande. Éxito es sentir satisfacción con lo que haces, que te sientas bien, que lo que tú hagas te satisfaga. Éxito es tener un buen nivel de energía, entusiasmo, aspiraciones… estar vivo. Y eso ojalá nos lo pueda dar el trabajo.

En esta edición introduces el concepto de rebotar. No es exactamente como la resiliencia, pero sí la complementa. ¿Me explicarías un poco más al respecto?

¿Qué es rebotar? Resiliencia es ponerte de pie después de una caída, un golpe o en un empujón. Rebotar es diferente. Rebotar es tomar conciencia cuando estás abajo. En ese punto de inflexión puedes darte cuenta de que esa caída o empujón naturalmente te ha hecho más fuerte. Te ha hecho crecer. Porque piensas: cuando salga de esto, cuando rebote, voy a llegar más lejos, más alto. Porque si caer me hizo sabio, rebotar me va a hacer grande. Saqué el concepto de una pelota roja de jebe que amaba. Y mientras más duro la tiraba al piso, esta se iba más alto. Y eso comprendí. Con cada caída tenemos una nueva experiencia a bordo. Y eso nos va a dar oportunidad de rebotar, de salir con más ganas, con más energía, con más fuerza, porque llegaremos más alto. Esas caídas nos hacen más fuertes. Nos hacen más sabios, más fuertes, más exitosos, más contentos, al final. Es cuestión de meterlo en el chip y proponerlo.

Quería preguntarte por las ediciones que has presentado en el extranjero, en inglés, y, ya que el lanzamiento de tu libro en España está cerca… ¿crees que el discurso de Usted S.A. es universal?

Sí, es universal. Porque creo que todos los adultos que trabajamos como empresarios, como emprendedores, como independientes, como profesionales o empleados… todos necesitamos entender cómo evolucionan los paradigmas, el modelo del trabajo, la relación con el trabajo. Y por eso se ha vendido bien, porque no es que para un segmento. Es para todos los que trabajamos, de 18 para arriba.

¿La edición española te ha presentado algún tipo de desafío? ¿Tiene secciones o temas distintos?

Para mí ha sido un reto grande. La versión española se llama Yo SL porque es el equivalente. En el Perú es sociedad anónima, allá le dicen sociedad limitada. Y el “usted” que aquí lo entendemos bien, en España no se usa tanto. Los editores recomendaron hacer ese cambio de nombre para que el concepto quedará claro. También tuvo unos ajustes idiomáticos. Algunas expresiones de repente más latinoamericanas o peruanas. Por ejemplo, hay una palabra que a mí me encanta y que la utilizo mucho que es trome. Qué trome es tal persona. En España no se usa, claro, no se entiende. Entonces había que encontrar símiles que funcionaran.