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Por: buensalvaje | May 16, 2021
«Lo que pasa con su padre es que puede hablar de manera hermosa hasta de las cosas más horribles»
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En “Gabo y Mercedes: una despedida”, Rodrigo García nos entrega una crónica de los últimos días del Nobel colombiano, otorgando un vistazo al lado más humano de Gabo y de su eterna compañera, Mercedes a través del recuerdo de su hijo. Hoy le compartimos un fragmento del libro, ya disponible en nuestra librería.

En “Gabo y Mercedes: una despedida”, Rodrigo García nos entrega una crónica de los últimos días del Nobel colombiano, dándonos un vistazo del lado más humano del Gabo y de su eterna compañera, Mercedes a través del recuerdo y la melancolía. Hoy les compartimos un fragmento del libro, ya disponible en nuestra librería.

5.

Escribir sobre la muerte de un ser querido debe ser casi tan antiguo como la escritura misma, y sin embargo, cuando me dispongo a hacerlo, instantáneamente se me hace un nudo en la garganta. Me aterra la idea de tomar apuntes, me avergüenzo mientras los escribo, me decepciono cuando los reviso. Lo que hace al asunto emocionalmente turbulento es el hecho de que mi padre sea una persona famosa. Más allá de la necesidad de escribir, en el fondo puede acecharme la tentación de promover mi propia fama en la era de la vulgaridad. Tal vez sería mejor resistir al llamado, y permanecer humilde. La humildad es, después de todo, mi forma preferida de la vanidad. Pero, como suele ocurrir con la escritura, el tema lo elige a uno, y toda resistencia sería inútil.

Unos meses antes una amiga me pregunta cómo le va a mi padre con la pérdida de la memoria. Le digo que vive estrictamente en el presente, sin la carga del pasado, libre de expectativas sobre el futuro. Los pronósticos basados en la experiencia previa, considerados de significancia evolutiva así como uno de los orígenes de la narración, ya no juegan un papel en su vida.

-Entonces, no sabe que es mortal –concluye-. Qué suerte tiene.

Por supuesto, el panorama que le describo está simplificado. Adaptado de la realidad. El pasado todavía juega un papel en su vida consciente. Cuenta con el eco lejano de sus notables habilidades interpersonales para hacerle a cualquiera con quien converse una serie de preguntas seguras: «¿Cómo va todo?», «¿Dónde vives ahora?», «¿Cómo está tu gente?». A veces se arriesga a un intercambio más ambicioso y se desorienta a mitad del camino, pierde el hilo de la idea o se queda sin palabras. La expresión de desconcierto en su rostro (así como el bochorno que lo atraviesa por un instante, como una bocanada de humo en la brisa) revela un pasado en el que la conversación era tan natural para él como respirar. Conversación ingeniosa, divertida, evocadora, provocadora. Su grupo de amigos de más edad apreciaba el hecho de que fuera un gran conversador casi tanto como el de ser buen escritor. Tampoco ha dejado del todo atrás el futuro. Al anochecer suele preguntar: «¿Adónde vamos esta noche? Vayamos a un lugar divertido. Vamos a bailar. ¿Por qué? ¿Por qué no?». Si le cambian de tema varias veces, se le olvida.

A mi madre la reconoce y se dirige a ella de manera alternativa como Meche, Mercedes, La Madre, La Madre Santa.

Hubo algunos meses muy difíciles, no hace mucho, en que recordaba a su esposa de toda la vida, pero creía que la mujer que tenía frente a él, asegurando tratarse de ella, era una impostora.

– ¿Por qué está aquí esta mujer dando órdenes y manejando la casa si no es nada mía?

Mi madre reaccionaba con rabia.

– ¿Qué le pasa? –preguntaba con incredulidad.

-No es él, mamá. Es la demencia.

Ella me miraba como si tratara de engañarla. Sorprendentemente, ese periodo pasó y en su mente ella recuperó el lugar que le pertenecía como su acompañante principal. Es el último lazo. A la secretaria al conductor, a la cocinera, que han trabajado en la casa durante años, los reconoce como personas familiares y gente amable que le brinda seguridad, pero ya no sabe cómo se llaman. Cuando mi hermano y yo lo visitamos, nos mira larga y detenidamente, con una desinhibida curiosidad. Nuestros rostros tocan algo distante, pero ya no nos reconoce.

– ¿Quiénes son esas personas en la habitación de al lado? –le pregunta a la empleada del servicio.

– Sus hijos.

– ¿De verdad? ¿Esos hombres? Carajo. Es increíble.

Hubo un periodo más desagradable hace un par de años. Mi padre estaba plenamente consciente de que la memoria se le esfumaba. Pedía ayuda con insistencia, repitiendo una y otra vez que estaba perdiendo la memoria. El precio de ver a una persona en ese estado de ansiedad y tener que tolerar sus interminables repeticiones una y otra y otra vez es enorme. Decía: «Trabajo con mi memoria. La memoria es mi herramienta y mi materia prima. No puedo trabajar sin ella, ayúdenme», y luego lo repetía de una u otra forma muchas veces por hora y por media tarde. Era extenuante. Con el tiempo pasó. Recobraba algo de tranquilidad y a veces decía:

-Estoy perdiendo la memoria, pero por suerte se me olvida que la estoy perdiendo,

O

-Todos me tratan como si fuera un niño. Menos mal que me gusta.

Su secretaria me cuenta que una tarde lo encontró solo, de pie en medio del jardín, mirando a la distancia, perdido en sus pensamientos.

– ¿Qué hace aquí afuera, don Gabriel?

-Llorar.

– ¿Llorar? Usted no está llorando.

-Sí lloro, pero sin lágrimas. ¿No te das cuenta de que tengo la cabeza vuelta mierda?

En otra ocasión le dijo:

-Esta no es mi casa. Me quiero ir de la casa. A la de mi papá. Tengo una cama junto a la de él.

Sospechamos que no se refiere a su padre sino a su abuelo, el coronel (y que inspiró al coronel Aureliano Buendía), con quien vivió hasta que tuvo ocho años y quien fuera el hombre más influyente en su vida. Mi padre dormía en un colchoncito en el piso junto a su cama. Nunca volvieron a verse después de 1935.

-Es lo que pasa con su padre –me dijo su asistente-. Puede hablar de manera hermosa hasta de las cosas más horribles.

Gabo y Mercedes. Una despedida
  • Autor: Rodrigo García ,
  • Categoría: Día del Padre ,Literatura ,
  • Editorial: Literatura Random House ,
  • ISBN: 9786124271557
S/53.10
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