literatura contemporánea, novela

El amigo americano: el hombre de Obama en España

Autobiografía. Los diplomáticos solían escribir sus memorias, que eran una suerte de breves historias de los tiempos que les había tocado vivir y los cambios en las sociedades a las que habían viajado, con el propósito de que se entienda mejor la relación con su propio país y sus ciudadanos (aquellos a quienes supuestamente debían representar). En la antigüedad, esos libros podían pasar por relatos de aventuras, por gabinetes de curiosidades, por antología de misceláneas, por manual de negociaciones y, en ocasiones, hasta por novelas de espías. Peregrinaje por la paz del ilustre diplomático peruano recientemente fallecido, Javier Pérez de Cuéllar, escrito en el año del cambio de milenio, es uno de los últimos referentes de ese género.

¿Qué puede contarnos un diplomático en pleno siglo XXI, en tiempos de ultraconexión donde todo parece encontrarse a un clic de distancia? Mucho, si se trata de un embajador venido del mundo de los negocios, un self made man norteamericano, gay y liberal, que fue enviado a la conservadora España con su diplomacia llena de protocolo, pompa y circunstancia. Más cuando lo hace llevado de la mano de Santiago Roncagliolo, testigo de la transformación de este hombre, desde el personaje tímido, que solo recibió como instrucción de su presidente «sé tú mismo», hasta su conversión a una personalidad para el mundo frívolo de Hola, pero también para la clase gobernante del reino.

“Más cuando lo hace llevado de la mano de Santiago Roncagliolo, testigo de la transformación de este hombre, desde el personaje tímido, que solo recibió como instrucción de su presidente «sé tú mismo», hasta su conversión a una personalidad para el mundo frívolo de Hola, pero también para la clase gobernante del reino”. 

James Costos cuenta su vida como una serie de televisión —por algo fue ejecutivo de HBO—, con mucha gracia, comentando algunos episodios críticos de su paso por la embajada en Madrid, entendiendo los matices de una vida no exenta de frivolidad, pero que, bien ejercida, es la mejor expresión de cómo la empatía y la sencillez, y especialmente la honestidad y el ser genuido, pueden abrir más puertas que los mensajes cifrados.  Todo en beneficio de los gobiernos de España y Estados Unidos, que en tiempos de Obama pusieron de lado diferencias y ambigüedades en horas difíciles. Una buena historia de cómo la diplomacia bien entendida y ejecutada es de la mayor utilidad en estos tiempos de extremismos.

EL AMIGO AMERICANO