"Cuentos Peruanos de la pandemia" es la última antología de Ricardo González Vigil. Imagen de la derecha: Perú 21.
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Cuentos peruanos de la pandemia [entrevista]

Durante el turbulento año pasado el crítico Ricardo González Vigil tuvo la idea de reunir una variada muestra de narradores nacionales, encargándoles que desarrollaran un relato inspirado en la crisis global del covid-19 que tanto nos sigue afectando a todos. El resultado es el notable Cuentos peruanos de la pandemia (Mascapaycha, 2021).

          El libro, más allá del intento de capturar el sentir del momento en la voz de nuestros creadores, funciona muy bien como un catálogo de la narrativa que se practica en nuestro país, su variedad de estilos y motivaciones. En sus casi 500 páginas se alternan cuentos de Teresa Ruiz Rosas, Alexis Iparraguirre, Fietta Jarque, Alejandro Neyra y más (en total, son 36).

          Sobre el esfuerzo y los resultados del volumen conversamos brevemente con el notable González Vigil, un referente en cuanto al estudio de la literatura peruana se refiere.


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Entendiendo que toda antología es un ejercicio de subjetividad, ¿cuáles fueron los criterios que usaste para convocar y escoger a los participantes?

Me propuse abarcar, del modo más completo posible, voces representativas de todas nuestras sangres y de la diversidad de tendencias de las letras peruanas, así como de las distintas “generaciones literarias” en ejercicio desde los años 60 hasta la segunda década del siglo XXI. Tuve en consideración, también, que figuraran autores residentes en el extranjero, lo cual calza con el horizonte mundial de la pandemia.

Es una lista ciertamente ecléctica, donde hay nombres “consagrados”, y otros de visitantes esporádicos de la literatura. Tenemos a Cronwell Jara y Fernando Ampuero, pero también a Octavio Santa Cruz o una “rescatada” Tanya Tinjälä. ¿Ese espíritu heterogéneo —que, claro, se refleja también en las temáticas y estilos— fue una búsqueda deliberada?

La inmensa mayoría de los escritores que incluyo ostentan una dilatada y reconocida (por lo menos a nivel nacional, ya que es de lamentar las trabas existentes, las cuales conspiran para que muy pocos alcancen la difusión internacional que merecen) trayectoria. En lo concerniente a los más jóvenes (es el caso de Luisa Fernanda Lindo, por ejemplo), elegí entre los que muestran un potencial creador fuera de lo común.

En cuanto a Octavio Santa Cruz resulta singular, ya que se le conoce mucho más por sus aportes a la música y al estudio de la cultura afroperuana; sin embargo, sobresale, también como cuentista, y me pareció indispensable en Cuentos peruanos de la pandemia albergar su comunión con la óptica y la sensibilidad de nuestros afrodescendientes. Con relación a Tanya Tinjälä, hay que tener en consideración que es la única autora peruana escogida, al lado de las mejores exponentes de la lengua española, en la fundamental antología Insólitas narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España (2019), selección realizada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón.

¿Y qué te pareció el resultado? ¿Qué satisfacciones o hallazgos te ha reportado?

Sin duda he quedado ampliamente satisfecho con los resultados de mi convocatoria, a la altura de lo que esperaba de creadores a los que admiro, cuyos méritos sintetizo en las notas que dedico a cada uno. Debo aclarar que no quería publicar un volumen de más de 500 páginas; y, cuando me aseguraron su participación 36 narradores, decidí cerrar la convocatoria. De hecho, el libro consta de 485 páginas.

¿Cómo fue el proceso editorial? ¿Sencillamente convocaste y antologaste, o ejerciste un trabajo de edición con cada uno de los autores?

Me limité a convocarlos señalando expresamente que el cuento debía referirse al marco vital suscitado por la pandemia. Una relación que no atara la libertad creadora: podía ser directa o refractando la situación, ambientada en el presente o en el futuro, con registro realista o con vuelo fantástico, etc. Les pedí, además, que traten, en lo posible, de no sobrepasar las 10 páginas; pero se puede constatar que en varios casos entregaron textos más largos, sin que yo los obligue a recortarlos.

¿Cuánto tiempo tomó el proyecto, Ricardo? Evidentemente fue motivado por la pandemia, pero ¿cómo surgió la idea?

La idea surgió a fines de marzo del 2020, cuando comenzaron a pulular textos de no ficción, informes, testimonios y ensayos sobre la pandemia. Convencido de la capacidad de la ficción para trascender lo circunstancial y constituirse en un signo mayor de su tiempo, cobró forma la necesidad humanísima de un libro que fuera un coro de lo que Vallejo llamó “Perú del mundo/ y Perú al pie del orbe”.

Entre abril y setiembre recibí los cuentos solicitados; y entre octubre y noviembre redacté el prólogo y las notas.

De los 36 autores hay 11 mujeres; es decir, un poco menos de la tercera parte. También se nota un esfuerzo por incluir autores nacidos en provincias. ¿Crees que estos datos reflejan el universo de la producción actual en el Perú? Es decir, la narrativa que te parece relevante, ¿sigue siendo aun mayoritariamente escrita en Lima y por hombres?

Efectivamente, logra brindar una imagen valedera del “universo de la producción actual en el Perú”: la mayoría de la narrativa peruana relevante se escribe en Lima, aunque varios a cargo de voces de origen provinciano. Y, todavía, la contribución femenina resulta minoritaria, pero en un claro proceso de despliegue y maduración; al respecto, constátese que varios de los recientes premios nacionales de literatura los han obtenido mujeres y el hecho contundente de que, en la última selección de Bogotá 39, la terna peruana la conformaron dos mujeres y un solo hombre.

¿Cómo ves el avance de los autores de provincias?

Aplaudo dicho avance. Resulta importante la realización de ferias del libro a lo largo y ancho del país, así como la actividad de editoriales independientes que prestan atención a los autores locales.

Abriéndonos un poco del libro mismo, como una persona que conoce como nadie la literatura peruana contemporánea, ¿en qué momento crees que se halla la narrativa nacional? Hay quienes piensan que al morir Vargas Llosa será el fin de una era; que no existe una genuina generación de recambio a ese nivel. ¿Existe la gran narrativa peruana de estos tiempos?

Vargas Llosa sobresale en un momento maravilloso, incomparable, de la narrativa hispanoamericana, el llamado Boom (en el que participaron fundamentalmente autores conectables con la generación del 50 —no siempre llamada así, aclaro— de sus respectivos países). A ese nivel de “gran narrativa” no ha habido una “generación de recambio” en ningún país, ni en el conjunto de las letras hispánicas; solamente unos cuantos grandes autores, en particular el consagradísimo Roberto Bolaño y, en lo concerniente al Perú, el insuficientemente reconocido Miguel Gutiérrez, al que cabría sumar el Alfredo Bryce Echenique de los años 60-80.

Sin embargo, no sería justo omitir el valor, como conjunto, de la generación surgida en los años 68-75 (la de Gutiérrez, Bryce Echenique, Laura Riesco, Óscar Colchado, Fernando Ampuero, etc.) de la hornada de voces nacidas en los años 60 (especialmente Fernando Iwasaki, Carlos Herrera, Jorge Eduardo Benavides y Rafel Dumett) y las nacidas en el fructífero período 1968-1985.


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