Cincuenta sombras de Grey

Cincuenta sombras de Grey E.L. James (Londres, 1963) ■ (2012) ■ 381 páginas ■ 49 soles

Por Alexis Iparraguirre


No conviene regatearle méritos. Como un objeto complejo de una cultura compleja como la nuestra, el libro encierra varias lecturas. La primera: Cincuenta sombras es un melodrama erótico entre una jovencita de la muy estandarizada clase media norteamericana (emancipada, empleada por horas, a punto de adquirir el grado en un college casi rural) y el príncipe de nuestro tiempo (hombre de negocios, glacial, fetichista, con bienes sin límite a su disposición). El acceso dosificado, pero fluido y creciente, a la sensualidad de este consigue un interés adictivo por el próximo episodio de la seducción que la estudiante consiente. La novedad es la retórica del erotismo, que deja los territorios tolerados por el ama de casa norteamericana y asume el lenguaje de las universitarias liberales (actuales amas de casa) cuya ética puritana es una condición por defecto frente a un mundo moderno pero previsible en sus automatismos (la emancipación, el college, el trabajo, eventualmente los hijos, y la muerte) y que es penetrado paulatinamente por las potencialidades eróticas del misterioso capitalista, un amo bello y eternamente joven. Pero no nos engañemos: el erotismo de E.L. James no es emancipador. Más bien, sin importar la voluntad autoral, escenifica y busca resolver, mediante la vía de las sábanas, los desbalances en la economía capitalista del goce: el que goza todo se vuelve objeto del deseo del que goza poco y, como forma de compensación social, aquel se entrega a ser gozado. Debajo, queda la antigua fábula edificante de los matrimonios entre domésticas y patroncitos: ella lo salva del dinero, él la salva de la miseria. Cincuenta sombras, en una segunda lectura, implica una singularidad en el campo de las novelas eróticas para consumo masivo; aquí el sexo funciona como mecanismo de control social. Una tercera lectura, finalmente, es la que admite todo bestseller, el que, luego de probar su solvencia para entretener, supera una cantidad de ventas y le sucede lo que a un meme en Internet: se difunde por asociación simpática y confiable, en cuya base esta la garantía del placer a primera vista.

* Esta reseña apareció publicada originalmente en Buensalvaje 2, que puedes leer aquí.

También te puede interesar

Carmen Mc Evoy: «Hay que empezar a discutir los mitos y desconstruir a las figuras históricas»

'Terror en Lo Cañas' es más que un libro sobre una masacre desconocida. A propósito de todo lo que engloba, conversamos con Carmen Mc Evoy, quien junto a Gabriel Cid, ha escrito un relato que nos invita a volver al pasado con ojos -cada vez más- críticos.
Por: Diego Abanto Delgado

Chris Pueyo: «Vivir de tu creatividad o vocación es más democrático que nunca»

Chris Pueyo está cansado de los rótulos, él solo es una persona que se dedica a escribir, tanto en prosa […]
Por: buensalvaje

Muere Almudena Grandes, la escritora de las guerras interminables

Almudena Grandes, autora de los «Episodios de una guerra interminable» fallece en Madrid a los 61 años de un cáncer.
Por: buensalvaje

Dos feministas del siglo pasado

En este libro de conversaciones, Violeta Barrientos, Maruja Barrig y Gina Vargas alumbran la historia de los feminismos peruanos. Como […]
Por: buensalvaje

Marco Avilés: «Una de las cosas que define al Perú es el racismo»

A propósito de una nueva edición de su libro De dónde venimos los cholos, conversamos con Marco Avilés.
Por: Abby Ardiles

Guillermo Nugent: «En un laberinto, la clave no está en destruir las cosas sino en saber orientarse»

A propósito de la tercera edición, conversamos con Guillermo Nugent sobre el Perú de hace treinta años y las nuevas formas de desigualdad que persisten en nuestra sociedad.
Por: Diego Abanto Delgado

Carrito

No hay productos en el carrito.

Menú

Mi Cuenta
chevron-down