LAURENT BINET: «EN ESPAÑA ALGUNAS PERSONAS PENSARON QUE FUI MUY LEJOS» [ENTREVISTA]

Laurent Binet, el francés que imaginó cómo sería la historia si Atahualpa hubiera cruzado el mar e invadido Europa, responde algunas preguntas a buensalvaje a propósito de su cautivante y polémico Civilizaciones (Seix Barral, 2020).

La historia no es otra cosa que un pasado inmutable y un futuro que se adelgaza con cada decisión, con cada hecho, con cada paso que da la humanidad o alguno de sus miembros. Entonces, un giro tal vez menor en la progresión conocida, una sutil suma de casualidades y voluntades —e, inevitablemente, de sangre— puede traer consecuencias imprevistas y un devenir absolutamente distinto. Como uno en el que Atahualpa huye al norte de su hermano, tan al norte que termina conociendo otros reinos y aventurándose al mar. Una historia en la que llega a Europa en 1531, se presenta ante Carlos V y, a fuerza de alianzas, negociaciones, astucia y violencia, conquista el "Nuevo" Mundo.

Una trama tan inesperada como lúdica es el núcleo de Civilizaciones, de Laurent Binet, cuya edición en español vio la luz en setiembre del año pasado. La novela, profusa en personajes y guiños a eventos que todos conocimos cuando estudiamos historia del Perú y universal, es además un ejercicio de imitación del estilo de los viejos cronistas. También, un fascinante trabajo de imaginación al desarrollar las consecuencias de todo aquello que se va inventando. El resultado es un detallado y palpitante mundo simulado, una historia alternativa construida con una verosimilitud que resulta, a ratos, casi desasosegante. Desde Francia y en medio de una pandemia que —también— ha cambiado el mundo como lo conocíamos, Binet nos responde algunas inquietudes.

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El efecto mariposa de la novela se siente inquietantemente real, la arquitectura de la novela es notable. Hay personajes y hechos históricos de Europa afectados por un giro que tuerce todo cada vez más. ¿Qué tan complicado fue investigar y hacer que todo concuerde: las fechas, los lugares, la personalidad de artistas, nobles y otros personajes conocidos? ¿Qué tan tedioso? ¿Qué tan divertido?  

Fue bastante complicado, en realidad; un camino lleno de trampas y posibles errores. Me sentí como en un laberinto, lo que fue bastante estimulante. A veces me decepcionaba no poder usar algunos personajes porque ya estaban muertos en ese punto de la historia real, como Maquiavelo o Leonardo da Vinci. Pero a pesar de cierta frustración disfruté mucho de este juego, disfruté el tener tantos problemas por resolver.

La redacción al estilo de las crónicas de antaño y cierta recreación del estilo de Cervantes en la parte de Cervantes ¿es un recurso que estaba planteado desde el inicio o fue una necesidad que fue surgiendo al avanzar con la novela?

Fue todo lo que dices. Para hacer vívido el pasado, no conozco un mejor camino que usar el estilo, el lenguaje de esos tiempos.

Entonces, ¿fue la documentación la que influyó en el estilo, o se buscaba cierto efecto de verosimilitud?

Una vez que decidí que Cervantes sería el héroe de la parte final del libro fue obvio para mí que escribiría ese capítulo como está escrito el Don Quijote. Luego, cuando Cervantes conoce a Montaigne, tuve que releer a Montaigne para que mi personaje hablara como él. Por eso mi libro está lleno de citas escondidas, porque quería que mi personaje real hablara con sus propias palabras. Así, hay bastante texto, en el diario de Colón, por ejemplo, que proviene del original. Fue como un gran rompecabezas en el que tuve que construir y acomodar todas las piezas simultáneamente para que encajen con mi trama. De nuevo: un enorme trabajo, pero bastante divertido.

Una parte de la novela es una reescritura del denominado "Diario de Colón".

La parte de Atahualpa es narrada por alguien de origen inca, o eso parece por la forma en que se expresa.

Por su puesto. De hecho, algunas personas me dijeron que mostré el viaje de Atahualpa como demasiado heroico, y a los Incas como personas muy buenas; pero así debía ser ya que la narración es desde el punto de vista de uno de ellos u, obviamente, alguien cercano a ellos.

Supongo que eso no es algo gratuito.

Simplemente conté la historia como lo hicieron los cronistas españoles (Hernán) Cortés o (Pedro) Pizarro. Uno de mis principales modelos fue Bernal Díaz del Castillo, quien escribió un libro asombroso sobre la conquista de México por Cortés. Otro cronista fue Pedro Pizarro, el supuesto primo de Francisco. De hecho, me pareció divertido hacer de él, en mi historia, un amigo íntimo de los incas y uno de los amantes de Higuenamota.

Entre la idea de escribir la novela y su ejecución, ¿cuánto tiempo pasó? ¿Cuánta investigación hizo falta?

Escribir este libro me tomó cuatro años. Hubo un trabajo de documentación enrome porque abarcó todo el mundo: los vikingos, los incas, la Inquisición española, la reforma de Lutero, los aztecas, etc. Cada uno de estos temas requirió meses de estudio, como mínimo.

¿Qué libros de crónicas o de historia leíste para lo relacionado a los incas?

Sobre los incas, mi principal referencia fue Garcilaso de la Vega, pero también las memorias de conquistadores como Pedro Pizarro, Francisco de Jerez o Juan de Betanzos, o los maravillosos grabados de Felipe Guamán Poma de Ayala. Básicamente leí todo lo que encontré en francés y en inglés, pero también visité Perú y Ecuador para ver los lugares, las construcciones y los artefactos en los museos con mis propios ojos. Jared Diamond y Nathan Wachtel, especialmente, fueron de gran ayuda. De hecho, el ensayo de Jared Diamond Armas, gérmenes y acero me dio la idea de esta ucronía.

¿Cómo nació la idea de la llegada de los mexicanos para terminar de condimentar la situación? ¿Qué opinas de esa suerte de “rivalidad histórica” silenciosa sobre cuál ha sido la nación más poderosa e influyente de la América precolombina?

Bueno, definitivamente estoy en el “equipo inca”, pero eso es solo porque los conozco mejor, ya que estuve dos veces en Perú antes de ir a México. Aun así, creo que su sistema social y económico original los hace más interesantes. También me gusta más Atahualpa que Moctezuma, pero los aztecas tienen personajes fascinantes, como Cuauhtémoc.

De todos modos, en mi libro, los aztecas tenían que aparecer en algún momento, era sencillamente inevitable. Después de los españoles llegaron los portugueses, luego los ingleses y los franceses. Fue solo lógica.

Y precisamente llegan a Francia…

Hacer que los aztecas desembarquen en Normandía el 6 de junio de 1544 fue una especie de broma francesa, una referencia al gran desembarco de los estadounidenses el 6 de junio de 1944, que es una fecha muy famosa en Francia, conocida por todos los estudiantes.

El feudalismo inca y el debate filosófico que genera es apasionante. Especular sobre la reacción de la Iglesia, de Lutero, de los nobles y de las gentes ante los incas debió ser un juego complejo.

Sí, supongo que el asunto religioso fue la parte más satírica del libro. Eso era típico en la forma en que Montaigne o Montesquieu cuestionaban nuestra visión del mundo: observando nuestras propias costumbres desde ojos extraños.

Hay pasajes jocosos en todo ello. Te imagino divirtiéndote mucho mientras los escribías.

Yo creo que cualquiera que observe una religión desde afuera la encontrará algo ridícula. En realidad, toda esa disputa eucarística entre católicos y protestantes, que si el vino y el pan durante la ceremonia de la misa son o no realmente la sangre y la carne de Jesucristo, debió verse bastante extraña desde afuera, ¿no crees?

De acuerdo. ¿Abordar las costumbres y la lengua de una cultura que se desarrolló al otro lado del Atlántico supuso un temor para ti? 

Bueno, sé que es una preocupación para mucha gente, pero, honestamente, no fue algo que haya tenido muy presente. Creo que si empiezas a pensar en el asunto entonces se vuelve complicado hacer algo interesante. No me importa no ser peruano, no creo que necesites ser, por ejemplo, afrodescendiente para hablar de asuntos de la gente afrodescendiente. De todos modos, creo que mi libro es más un homenaje a los incas y los amerindios que algún tipo de crítica.

Laurent Binet estuvo dos veces en el Perú invitado por la Feria del Libro. Foto: La República.

Siempre existe siempre el riesgo de ofender a alguien o de ser impreciso, la corrección política, etc.

En España algunas personas pensaron que fui muy lejos, y mi libro tuvo que enfrentar críticas que decían que se volvía a levantar la vieja “leyenda negra española”. Pero no era justo: amo España también y, a pesar de todo, en mi historia, los incas son los invasores.

Los Incas imponen un sistema que parece más justo, pero también matan, esclavizan, hacen guerras.

Sí. Nunca se trató de buenos y malos. No quería que mi libro pareciera una película de Disney.

En el libro cada personaje tiene una característica bastante marcada, la terquedad de Huáscar, el ímpetu seductor de Higenamota. Pero en el caso de Atahualpa, su pragmatismo táctico y político y su codicia imperial no parecen muy diferentes a las de otros conquistadores de la historia.

Si, porque, como sabes, no sabemos mucho sobre el verdadero Atahualpa. Y más allá de su temperamento, quería que actuara primero como el papel que lo definía: tanto rey como fugitivo. Como sabemos por los testimonios españoles era inteligente, así que le hice seguir los pasos de Cortés y Pizarro para derrotar a Carlos V. Si se presta atención, cada movimiento táctico que hace proviene de Cortés y Pizarro.

Una duda. La vikinga Gudrid va la sur y encuentra un lago. ¿Es un guiño a la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo?

¡Por supuesto que lo es!

Con estos saltos de espacio y tiempo en cada novela hasta hoy, tengo mucha curiosidad por saber qué vas a escribir a continuación, si no lo estás haciendo ya.

Creo que esta vez podría volver a ser algo del siglo XVI. Es una época de la que no sé demasiado, pero a la que ahora me estoy aficionando bastante.

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Canchita, sofá y una bebida; que comience la maratón de... ¿libros?

Muchas de las series más vistas en Netflix y demás plataformas de streaming parten de historias que no fueron concebidas como productos audiovisuales, sino como literatura pura y dura. Aquí te presentamos una lista de series que tienen su contraparte de papel, para que te animes a complementar (o iniciar) la experiencia. Prepárate y disfruta.



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Unorthodox (Netflix)

Fenómeno de Netflix, esta serie nos cuenta la vida de Deborah Feldman, una adolescente que es parte de la comunidad Satmar, judíos ultraortodoxos de Williamsburg (Brooklyn, Nueva York). En ella surge el conflicto de seguir las estrictas normas de su grupo o aventurarse a buscar la libertad y la independencia en la ciudad que no conoce. Entretanto, se ve envuelta en un matrimonio concertado que será un fiasco para ella. Ya siendo madre, a los 19 años, persistirá en el camino hacia el autoreconocimiento.

Deborah Feldman no es un personaje de ficción, sino la autora de Unorthodox, mi verdadera historia , libro publicado por Lumen que recoge las memorias en las que se basa la serie. Una historia compleja, dura y emocionante que es, además, un punto de partida para reflexionar sobre algunos aspectos de la vida que damos por sentados, como la libertad. Descubre esta historia aquí.

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El cuento de la criada (HBO)

Este futuro distópico plantea un escenario desconcertante: el desplome de la natalidad (por enfermedades y contaminación) se combina con un gobierno totalitario y teocrático y un ambiente posguerra. Entre el fanatismo y la crisis, las mujeres fértiles son educadas para servir a sus "amos" y ser violadas por estos con fines de reproducción.

El cuento de la Criada": así son todos sus personajes - AS.com

La serie, distribuida por Hulu, MGM y HBO, tiene tres temporadas y la protagoniza Elisabeth Moss. El 2017 se llevó cinco premios Emmy de siete nominaciones. Esta parte de la novela homónima (The Handmaid's Tale, en inglés) publicada en 1985 por la canadiense Margaret Atwood, y no es la primera adaptación: una película titulada igual y protagonizada por Natasha Richardson se estrenó en 1990. También se adaptó al teatro para la BBC Radio 4 en el 2000 y a la ópera por la Canadian Opera Company en la temporada 2004-2005. ¿Te dio curiosidad? Encuentra el libro aquí.

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Gambito de dama (Netflix)

Desde su primera publicación en 1983, esta novela se convirtió en un libro de culto para ajedrecistas en particular y amantes de la gran novela americana en general.

Un secreto que de repente explotó a finales de 2020 con el estreno de la serie basada en la novela. Beth Harmon, la protagonista, es un personaje peculiar: huérfana, solitaria, politoxicómana, competitiva, frágil, genial. Una Mozart del ajedrez cuya inteligencia le brinda tantos éxitos como problemas. La serie ha recibido dos premios Globo de Oro y tiene una calificación media de 7,7 sobre 10 en Rotten Tomatoes. El libro es una novela de suspenso cuya mayor virtud, además de la historia, es el ser aun más adictivo que la versión televisiva. Además, es destacable la recreación del mundillo del ajedrez y el realismo de las jugadas, sin convertirse jamás en una historia aburrida. Puedes conseguir una copia de este libro de moda aquí.

El error matemático en 'Gambito de dama' del que todo el mundo habla -  AS.com

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Bridgerton (Netflix)

Portada de "El duque y yo" (Foto: Titania época)

Esta es una serie que se basa en una saga de novelas del mismo título, y narra el competitivo y superficial ambiente de la clase alta londinense a principios del siglo XVIII. Las protagonistas son un grupo de jóvenes presentados ante la corte que deberán definir pronto su situación matrimonial.

La serie se estrenó el 25 de diciembre en Netflix. Está basada en las novelas de Julia Quinn (Foto: Netflix)

Aunque solo ha salido una temporada por ahora, los libros son toda una saga que puedes leer si quieres saber cómo continúa la historia. Así, mientras la primera temporada se centra en Daphne Bridgerton, protagonista del primer libro, y sus desventuras durante el cortejo mutuo con un duque, los siguientes libros abordan a otros personajes, haciendo la historia cada vez más grande y ambiciosa, mezclando el romance, las intrigas y la hipocresía de la sociedad.

¿Tenemos todos los libros? Tenemos todos los libros. Encuéntralos aquí.


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Outlander (Netflix)

De forma misteriosa, una enfermera casada de los años cuarenta es transportada hasta 1743, donde se involucra con otro hombre. El telón de fondo es Francia y sus conflictos históricos por los levantamientos de jacobitas.

Ese es el argumento principal de esta serie, basada en la saga de libros Forastera, en los que la protagonista descubrirá otras formas de vivir y deberá elegir no solo entre dos hombres, sino entre seguir descubriendo lo desconocido o regresar a la quietud de su hogar y su tiempo. La serie de Netflix va por la quinta temporada, y tenemos todos los libros aquí.

Outlander | Netflix

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El perfume (Netflix)

Esta serie alemana del 2018 retoma el éxito de la película del 2006. Inspirada libremente en la novela homónima de Patrick Süskind, relata el trabajo de una pareja de investigadores que buscan hallar al asesino de una mujer, sin imaginar lo singular que es el hombre al que enfrentan.

El perfume | Tráiler oficial VOS en ESPAÑOL | Netflix España - YouTube

Cuando más cuerpos aparecen, la relación entre los investigadores se complica cuando van más allá de lo profesional y se involucran sentimentalmente. Una adaptación de ritmo galopante de la novela, que puedes conseguir aquí.

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Chernobyl (HBO)

Un libro que no necesita inventar para conmover es Voces de Chernóbil, de la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich. Tras cientos de horas de entrevistas, Aleksiévich escribió este libro relatando lo que por mucho tiempo se trató de mantener oculto: las negligencias detrás del mayor accidente nuclear de la historia, personas vivas con los cuerpos destruyéndose en cámara lenta tras la exposición a la radiación, hospitales colapsados, intentos de ocultar la tragedia ante la prensa mundial y "capitalista".

Qué hay de realidad en la serie Chernobyl

Si bien la serie de HBO no es una adaptación fiel (no podría serlo, pues el libro es una suma de historias que la periodista recopiló), sí toma muchos elementos expuestos por Aleksiévich. Decir que es una de las mejores series jamás hechas no es exagerado: recibió 19 nominaciones a los premios Emmy. La autora del libro, por su parte, ganó el Premio Nobel de Literatura en el 2015. Consigue este libro aquí.

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Juego de tronos (HBO)

La serie más amada (por todo) y odiada (por su final) de HBO. Juego de Tronos marcó un hito en las superproducciones seriales: efectos especiales como en las películas más caras, una maquinaria que levantó castillos y encontró locaciones mágicas, actuaciones enormes como la de Peter Dinklage interpretando a Tyrion Lannister. La serie parecía tenerlo todo hasta que alcanzó y sobrepasó los libros de George R. R. Martin, y las decisiones que se tomaron en la historia comenzaron a levantar más suspicacias que halagos.

La última temporada de Juego de Tronos es la peor valorada de la serie -  MeriStation

Con todo, fue un completo boom. La ventaja de los libros en este caso es que desarrolla con más detalle lo que ocurre en Poniente, muestra a más personajes (que fueron obviados o fusionados para la serie) y explica mucho mejor los aspectos sobrenaturales que se ven en esta suerte de Edad Media llena de crueldad, criaturas, traiciones políticos y giros de trama que nadie podría prever. Mientras el autor sigue escribiendo los libros que faltan, puedes volver a enamorarte de este mundo con la saga que puedes conseguir aquí.

Cuentos peruanos de la pandemia [entrevista]

Durante el turbulento año pasado el crítico Ricardo González Vigil tuvo la idea de reunir una variada muestra de narradores nacionales, encargándoles que desarrollaran un relato inspirado en la crisis global del covid-19 que tanto nos sigue afectando a todos. El resultado es el notable Cuentos peruanos de la pandemia (Mascapaycha, 2021).

          El libro, más allá del intento de capturar el sentir del momento en la voz de nuestros creadores, funciona muy bien como un catálogo de la narrativa que se practica en nuestro país, su variedad de estilos y motivaciones. En sus casi 500 páginas se alternan cuentos de Teresa Ruiz Rosas, Alexis Iparraguirre, Fietta Jarque, Alejandro Neyra y más (en total, son 36).

          Sobre el esfuerzo y los resultados del volumen conversamos brevemente con el notable González Vigil, un referente en cuanto al estudio de la literatura peruana se refiere.


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Entendiendo que toda antología es un ejercicio de subjetividad, ¿cuáles fueron los criterios que usaste para convocar y escoger a los participantes?

Me propuse abarcar, del modo más completo posible, voces representativas de todas nuestras sangres y de la diversidad de tendencias de las letras peruanas, así como de las distintas “generaciones literarias” en ejercicio desde los años 60 hasta la segunda década del siglo XXI. Tuve en consideración, también, que figuraran autores residentes en el extranjero, lo cual calza con el horizonte mundial de la pandemia.

Es una lista ciertamente ecléctica, donde hay nombres “consagrados”, y otros de visitantes esporádicos de la literatura. Tenemos a Cronwell Jara y Fernando Ampuero, pero también a Octavio Santa Cruz o una “rescatada” Tanya Tinjälä. ¿Ese espíritu heterogéneo —que, claro, se refleja también en las temáticas y estilos— fue una búsqueda deliberada?

La inmensa mayoría de los escritores que incluyo ostentan una dilatada y reconocida (por lo menos a nivel nacional, ya que es de lamentar las trabas existentes, las cuales conspiran para que muy pocos alcancen la difusión internacional que merecen) trayectoria. En lo concerniente a los más jóvenes (es el caso de Luisa Fernanda Lindo, por ejemplo), elegí entre los que muestran un potencial creador fuera de lo común.

En cuanto a Octavio Santa Cruz resulta singular, ya que se le conoce mucho más por sus aportes a la música y al estudio de la cultura afroperuana; sin embargo, sobresale, también como cuentista, y me pareció indispensable en Cuentos peruanos de la pandemia albergar su comunión con la óptica y la sensibilidad de nuestros afrodescendientes. Con relación a Tanya Tinjälä, hay que tener en consideración que es la única autora peruana escogida, al lado de las mejores exponentes de la lengua española, en la fundamental antología Insólitas narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España (2019), selección realizada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón.

¿Y qué te pareció el resultado? ¿Qué satisfacciones o hallazgos te ha reportado?

Sin duda he quedado ampliamente satisfecho con los resultados de mi convocatoria, a la altura de lo que esperaba de creadores a los que admiro, cuyos méritos sintetizo en las notas que dedico a cada uno. Debo aclarar que no quería publicar un volumen de más de 500 páginas; y, cuando me aseguraron su participación 36 narradores, decidí cerrar la convocatoria. De hecho, el libro consta de 485 páginas.

¿Cómo fue el proceso editorial? ¿Sencillamente convocaste y antologaste, o ejerciste un trabajo de edición con cada uno de los autores?

Me limité a convocarlos señalando expresamente que el cuento debía referirse al marco vital suscitado por la pandemia. Una relación que no atara la libertad creadora: podía ser directa o refractando la situación, ambientada en el presente o en el futuro, con registro realista o con vuelo fantástico, etc. Les pedí, además, que traten, en lo posible, de no sobrepasar las 10 páginas; pero se puede constatar que en varios casos entregaron textos más largos, sin que yo los obligue a recortarlos.

¿Cuánto tiempo tomó el proyecto, Ricardo? Evidentemente fue motivado por la pandemia, pero ¿cómo surgió la idea?

La idea surgió a fines de marzo del 2020, cuando comenzaron a pulular textos de no ficción, informes, testimonios y ensayos sobre la pandemia. Convencido de la capacidad de la ficción para trascender lo circunstancial y constituirse en un signo mayor de su tiempo, cobró forma la necesidad humanísima de un libro que fuera un coro de lo que Vallejo llamó “Perú del mundo/ y Perú al pie del orbe”.

Entre abril y setiembre recibí los cuentos solicitados; y entre octubre y noviembre redacté el prólogo y las notas.

De los 36 autores hay 11 mujeres; es decir, un poco menos de la tercera parte. También se nota un esfuerzo por incluir autores nacidos en provincias. ¿Crees que estos datos reflejan el universo de la producción actual en el Perú? Es decir, la narrativa que te parece relevante, ¿sigue siendo aun mayoritariamente escrita en Lima y por hombres?

Efectivamente, logra brindar una imagen valedera del “universo de la producción actual en el Perú”: la mayoría de la narrativa peruana relevante se escribe en Lima, aunque varios a cargo de voces de origen provinciano. Y, todavía, la contribución femenina resulta minoritaria, pero en un claro proceso de despliegue y maduración; al respecto, constátese que varios de los recientes premios nacionales de literatura los han obtenido mujeres y el hecho contundente de que, en la última selección de Bogotá 39, la terna peruana la conformaron dos mujeres y un solo hombre.

¿Cómo ves el avance de los autores de provincias?

Aplaudo dicho avance. Resulta importante la realización de ferias del libro a lo largo y ancho del país, así como la actividad de editoriales independientes que prestan atención a los autores locales.

Abriéndonos un poco del libro mismo, como una persona que conoce como nadie la literatura peruana contemporánea, ¿en qué momento crees que se halla la narrativa nacional? Hay quienes piensan que al morir Vargas Llosa será el fin de una era; que no existe una genuina generación de recambio a ese nivel. ¿Existe la gran narrativa peruana de estos tiempos?

Vargas Llosa sobresale en un momento maravilloso, incomparable, de la narrativa hispanoamericana, el llamado Boom (en el que participaron fundamentalmente autores conectables con la generación del 50 —no siempre llamada así, aclaro— de sus respectivos países). A ese nivel de “gran narrativa” no ha habido una “generación de recambio” en ningún país, ni en el conjunto de las letras hispánicas; solamente unos cuantos grandes autores, en particular el consagradísimo Roberto Bolaño y, en lo concerniente al Perú, el insuficientemente reconocido Miguel Gutiérrez, al que cabría sumar el Alfredo Bryce Echenique de los años 60-80.

Sin embargo, no sería justo omitir el valor, como conjunto, de la generación surgida en los años 68-75 (la de Gutiérrez, Bryce Echenique, Laura Riesco, Óscar Colchado, Fernando Ampuero, etc.) de la hornada de voces nacidas en los años 60 (especialmente Fernando Iwasaki, Carlos Herrera, Jorge Eduardo Benavides y Rafel Dumett) y las nacidas en el fructífero período 1968-1985.


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La maravillosa sordidez de Cristhian Briceño: una reseña y una entrevista

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No será un libro fácil

Reseña. por Harold Moreno Luna.

Su seguro servidor es el segundo libro de cuentos de Cristhian Briceño (Lima, 1986), y la confirmación de su talento como narrador solvente, predispuesto especialmente a ceder la realidad que construye frente a lo absurdo, lo onírico o lo sangriento. Los lugares y nombres rusos son recurrentes.

Casi todos los relatos tienen como escenario común una suerte de mundo posapocalítpico, cuyos símiles mejor logrados están, tal vez, no en la literatura sino en videojuegos como Borderlands 2 (un mundo hostil llego de bandidos punk salvajes, personajes con la moral bastante floja y mucha violencia gratuita) o Metro 2033 (una decadente historia de sobrevivencia en las nevadas ruinas de Moscú, basada en libros de regular ejecución).

Pero el libro de Briceño no tiene mucho que ver con una especulación concienzuda de “qué pasaría si”. Sin solemnidad asistimos a un mundo donde algunos ritos de la sociedad son reconocidos con facilidad: tener una casa y vecinos, salir con los amigos, tomar un trago, llamar a los bomberos ante un incendio. Pero deliberados actos de crueldad y muerte aparecen como gotas gordas en el suelo cuando empieza a llover. Pronto, el lector está empapado.

No será un libro fácil para ciertos lectores. Muchos relatos se tiñen de fantasía violenta o escabrosa, hasta cierto punto similar al estilo de Mariana Enríquez o del peruano J. J. Maldonado, pero enriquecidos con situaciones que llegan al absurdo más kafkiano. Algunas obsesiones literarias del autor se reconocen con claridad: la oscuridad, el calor, el cuerpo humano y todo lo bello y sucio que hay en él.

Están presentes también los guiños a la presencia de peruanos en Rusia (o lo que queda de ella) y a la inesperada importancia que cobra la literatura y los libros en un mundo donde muchísimas cosas ya se han ido al diablo. Un vago trasfondo de revoluciones, capitalismo y comunismo es parte del telón de fondo, pero la política es una notoria ausencia entre personajes que parecen moverse, emborracharse o matar casi por inercia.

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«Decir que se trata de un libro de cuentos típico sería incorrecto. Algunos (como ‘Los versus’ o ‘Lo útil y tú’) no tendrían mayor valor o sentido aislados del conjunto, y se dirían casi prescindibles si no fuera porque intensifican la extraña sensación que despierta el todo.»
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La prosa cuidada y culta de Briceño se combina con una especial inteligencia lúdica para jugar con las formas narrativas. Influencia de sus inicios como poeta o no, muchos relatos no tienen, propiamente, un final en el sentido clásico. Pero lo tienen; y la participación activa que se exige al lector para entender el juego es algo de agradecer.

‘Es el futuro’ es el relato más largo y logrado, y deja la sensación de casi ser el boceto de una novela corta. Como la mayoría de los cuentos, es parte de un universo futurista. ‘En el corazón de los sencillos’, a pesar de plantearse como una revisión de ciertos conocidos episodios bíblicos, también es parte del mismo universo, o trata de, por ciertas apariciones de inventos de nuestra era. Sin embargo, este relato, junto con otros más cortos, forma casi otro grupo donde se combina la ficción borgiana con planteamientos narrativos más cercanos al sinsentido o al experimento.

Decir que se trata de un libro de cuentos típico sería incorrecto. Algunos (como ‘Los versus’ o ‘Lo útil y tú’) no tendrían mayor valor o sentido aislados del conjunto, y se dirían casi prescindibles si no fuera porque intensifican la extraña sensación que despierta el todo. Un libro de inicio algo frío, pero que finalmente crece y brilla.

La expectativa por lo siguiente que escribirá Briceño es inevitable.


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"Más que un lector, he sido un televidente"

Entrevista. por Sebastián Uribe.

La producción editorial en nuestros días es tan vasta y precipitada que una de las secciones que más se ve perjudicada es la de la contratapa, al punto que uno agradece la decisión de Salinger de no poner comentario alguno. Elogios desmedidos y poco creíbles o sinopsis llenas de lugares comunes. Sin embargo, la del más reciente volumen de cuentos de Cristhian Briceño (Lima, 1986), publicado en Seix Barral, es una excepción pues la contra resulta una invitación a la lectura. Como muestra cito un fragmento: En lugar de presentarnos un antihéroe patético y débil inmerso en su devenir hacia la intrascendencia, Su seguro servidor da cuenta de un momento posterior (un futuro cercano) en que a este ni siquiera el intercambio de una vida entregada al capitalismo, a formar parte del engranaje de una sociedad que trata a sus ciudadanos como piezas de una perfecta maquinaria autónoma a cambio de ciertas alegrías menores, es posible”. Sobre ese futuro cercano y otros temas conversamos con Briceño en la siguiente entrevista.

Una de las primeras críticas, desde tus ficciones, al sistema socioeconómico actual es su afán de homogenizarnos a todos a gran escala, bajo una aparente celebración de la diversidad, provocando que nos “extraviemos de nosotros mismos”. ¿Piensas que la pandemia ha ayudado de cierta forma a desmantelar esta maquinaria, o esta ha encontrado la manera de seguir intocable?

La homogenización es un instrumento que el sistema emplea a manera de embrague, es decir, para acoplar y desacoplar ciertas partes que requiere en circunstancias dadas. No olvidemos que en los inicios del Perú como nación soberana existía una república de indios y una de blancos. La gran mayoría de indios, obviamente, no sabía de la existencia del Perú como Estado, ni siquiera como territorio, ni eran informados del cambio que esto, en teoría, entrañaba. El Estado, en todo caso, era un ente abusivo y los indios añoraban la autoridad de un rey que impartiera justicia. Medio siglo después, durante la Guerra del Pacifico, la siguiente generación de estos mismos indios era obligada a enfrentarse al invasor vistiendo ropa de diario, con munición enmohecida y usando el mismo armamento con el que se expulsó al último virrey; obviamente, cada quien debía agenciarse sus alimentos; casi la totalidad no comprendía por quién o por qué se estaba arriesgando el pellejo.

Foto: Revista Lucerna.
Foto: Revista Lucerna.

No se puede desmantelar la maquinaria porque nunca estuvo cubierta con nada, siempre ha estado expuesta como un recordatorio de la infamia. La pandemia no va a cambiar nada, menos en un escenario electoral como el de ahora, infestado de un caudillismo que apesta a siglo XIX. Cambiar eso es como pretender que un gato ladre.

Bajo un aparente estado de apatía, tus personajes intentan camuflar ciertos arrebatos de violencia y rabia contra los que los rodea, y uno como lector lo conecta con las noticias de estallidos salvajes de ciudadanos que siempre suelen ser tranquilos y discretos en las noticias, sobre todo en el primer mundo. ¿Esto ya se replica en el Perú? ¿Estamos camino a ello?

Ya está desde hace mucho. En la década del 30 del siglo pasado, un comerciante español mató a su compatriota en una habitación del hotel Comercio, que quedaba en los altos del edificio donde hasta ahora funciona el bar Cordano. El asesino parecía una persona corriente, sin visos de violencia. Clemente Palma escribió una nota entusiasmada sobre el asunto. Decía que ahora Lima ya estaba a la altura de otras capitales del mundo en cuanto a crímenes.

“Los recuerdos felices, ah, esos son los peores, le dijo la vieja, porque solo sirven para medir cuánto hemos perdido”. Inevitable asociar dichas líneas de ‘Una temporada en el invierno’ con este último año donde muchos entramos en un período de limbo o agujero negro. ¿Fue este un cuento escrito o reescrito en plena pandemia?

Fue escrito hace por lo menos cinco años, y apenas tuvo cambios previo a la publicación. De cualquier manera, el tópico de la evocación dolorosa es bastante común en la literatura. Basta recordar ese diálogo de muertos en el que Luciano de Samósata da voz a un Aquiles quebrado, anhelando regresar a la vida siquiera para trabajar como labriego. O el Dante-personaje de la Comedia, cuando dice aquello de que no hay mayor dolor que recodar los tiempos felices desde el lugar de la desgracia. O Enid Lambert, en Las correcciones, deprimiéndose ante el recuerdo de las navidades pasadas, cuando su familia estaba reunida y eran felices y comían perdices. Miles de ejemplos. También creo que se tiende a magnificar un hecho, uno tiene la impresión estar venciendo la adversidad de, por ejemplo, no ver en persona a un amigo para perder el tiempo. La verdad es que antes tampoco éramos felices, sino que la normalidad se vuelve valiosa por contraste. Hay gente que en verdad la pasa mal, y el sufrimiento de las personas que tienen tiempo para leer esto, comparado con el de los otros, está a años luz.

“Él era más humano: creía en la familia, en el ahorro y en el Dínamo de Moscú”. Tres instituciones erigidas en torno a la fe en el futuro. En este presente desesperanzador, ¿crees que se hayan visto más debilitadas, o se han vuelto más vitales que nunca como soporte para sobrevivir?

Difícil saberlo. Pero, como dije antes, no creo que la pandemia cambie demasiado las cosas. El cambio viene de antes, lo demás son contingencias, eventos que crean una ficción con la que solemos interpretar ese cambio. Muchas cosas han sido puestas en entredicho el siglo pasado, sobre todo, a un nivel, más que filosófico, social, del día a día, aunque, claro, las bases están en textos clave, como por ejemplo cuando lee lo que piensa Stuart Mill sobre la naturaleza o la libertad, etc. Pero si quieres una respuesta más personal, yo sí creo en la familia por experiencia propia. Por mi padre creo también en el ahorro como una forma de adelantarse a las eventualidades. La tercera institución a la que aludes la podría emparentar con el fanatismo y, por ello, con la religión. Yo creo en algo que no es precisamente el dios de los hebreos o cualquier ente que pueda revelar alguna característica antropomórfica para ser asimilado por mi fe. No confío, eso sí, en cualquier institución que genere odio entre las personas. La Iglesia, por ejemplo, y sus falsas atribuciones. Cualquier institución con poder tiende inevitablemente a corromperse, es axiomático.

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«Hay que saquear todas esas influencias que la academia puede mirar por encima del hombro. Ciertas animaciones como Los Simpson o Ren & Stimpy son parte del canon de muchos.»
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En ‘Los trabajos’ recreas un mundo donde la oscuridad lo ha sumido todo por completo, transformando las formas de contacto humano debido a esta externalidad inesperada. Al terminarlo uno corrobora que la situación de peligro constante termina tornando en seres más indolentes que antes. ¿Podría interpretarse como una lectura del mundo en general o de sociedades bajo regímenes específicos?

No fue escrito con esa intención. El relato parte de una noticia que leí en internet. Al parecer en una ciudad asiática la contaminación era tal que el alcalde se había visto obligado a poner varias pantallas led en zonas estratégicas, para que los habitantes puedan saber que estaba amaneciendo. Me resultó curiosa la idea, aunque podría profundizarse más e intentar una narración que prescinda de los sentidos que más nos socorren, algo así como ‘El pozo y el péndulo’ pero más extremo. Más que una ficción política es simplemente el desarrollo de un tema cualquiera que puede ser interpretado a placer por el lector.

En ‘Su seguro servidor’ abordas el dolor del duelo y la necesidad de anularlo mediante el uso indiscriminado de narcóticos, en una especie de relectura de Un mundo feliz de Huxley. Cuando salgamos de este encierro, si salimos, ¿seguiremos así de aferrados a esta anulación de cualquier emoción negativa? ¿Le tememos al dolor, o a la posibilidad latente de no salir una vez que caemos en ese estado?

Tal vez la anulación de las emociones cree vacíos aun más nocivos. El relato intenta formular la pregunta de cómo sería llenar estos vacíos con otro tipo de emociones, no menos dolorosas, sino más asimilables. El dolor es un hecho inevitable, es una lección; también es parte de nuestra evolución y va de la mano con nuestra supervivencia como animales, desde el momento en que los organismos primitivos “deciden” ser criaturas inervadas. Eso en cuanto al dolor físico, pero queda el dolor emocional, que también es un rasgo evolutivo que podría partir desde el momento en que algún homínido empezó a sospechar de la naturaleza del tiempo y sus implicaciones en la realidad y, a su vez, le heredó esta característica a su descendencia. Debió haber un momento en que algo muy parecido al ser humano actual vio a un semejante muerto y de pronto empezó a llorar sin saber bien por qué, quizá enfrentado a la intuición de lo irremplazable.

Obviamente le tememos al dolor y a que exista un escenario en que nada pueda lidiar con él, por ello se dice que el verdadero castigo que promete el infierno no es la severidad de lo que ahí se siente, sino la eternidad misma. Esto me recuerda al ‘Retablo de Isenheim’, el cuadro de Mathias Grünewald colgado en un hospicio para pobres almas infectadas de peste y sífilis. La lógica era que ver a un Cristo crucificado y retorciéndose de dolor te ayudara a aceptar el sufrimiento. Eso,quizá ahora sería una salvajada, pero entonces debía ser algo parecido a lo que propongo en ese relato.

El mundo literario descrito en ‘Es el futuro’ está lleno de personajes indolentes, sin empatía, crueles por decisión, siempre atentos a la imagen que los demás perciben de ellos, sobre todo atentos a no mostrar signos de debilidad. Y al revisar históricamente el medio local, este, claero, no ha sido ajeno a confrontaciones y disputas, sobre todo siendo tan reducido. Las redes han exacerbado los desencuentros, a la vez que han banalizado las discusiones literarias. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Siempre he tratado de mantenerme alejado de todo eso. Como en todo espacio en que se pone en juego algo de poder o beneficio (y en la literatura peruana actual esta gracia es ínfima, a menos que previamente ya la poseas y no hagas más que gozarla ostentando un membrete de “escritor”) siempre se generarán esas rencillas idiotas que son, de por sí, un género literario. Yo mismo, siendo un autor tan poco conocido, tengo una cuenta de Instagram donde a veces opino sin censura sobre ciertas cosas, y te creas la ilusión de que la gente comprende tu postura y la respalda. Pero creo que debo añadir a mis contadas cualidades como autor la de cerrar la boca y dedicarme a lo mío.

Uno de los cuentos más entretenidos es ‘El corazón de los sencillos’, donde haces una especie de lados-B de escenas bíblicas clásicas. ¿Cuál es tu relación de lector con la Biblia? ¿Cómo lo percibes desde el punto de vista literario en nuestros días?

En el 2019, Briceño presentó su primer libro de relatos "Todo es demasiado". Foto: La República.

No fui un lector precoz, creo que empiezo a leer con cierta conciencia pasados los 20 años. Sí recuerdo que unos de los pocos libros que leí de pequeño fue una versión de la Biblia preparada por los Testigos de Jehová, de tapa dura color amarillo y título en letras rojas brillantes; creo que se llamaba Mi primer libro de historias bíblicas. Me encantó desde la primera página, y creo que ese momento me di cuenta de la potencia que subyace en la lectura. Después, cuando leí varios libros de la Biblia me di cuenta de que me llegaban a conmover de una forma que no lo hacían otros textos, y creo que es por la idea de fe que tienen todos estos personajes, siempre esperanzados en encontrar a Dios hasta debajo de la más pequeña piedra del desierto. Debe ser esa construcción de la fe lo que mueve este libro. Los evangelios sinópticos coinciden en las palabras de Jesús cuando le dice a la mujer que sufre de descensos y que ha tocado su manto con la esperanza de sanarse: “Tu fe te ha sanado”. Es curioso que Yavhé no se enfade con él por no darle crédito, etc. ¿Influye la Biblia hoy en día? Obvio. Podría nombrar un poemario reciente, El libro de la enfermedad, de Mateo Díaz. En un capítulo de la cuarta temporada de Rick y Morty Rick dice que la Biblia es el infierno de los escritores. No sé bien cómo interpretar esa frase, pero podría ser por su circularidad.

Sí, es un hecho. Más que un lector, he sido un televidente. Cualquier información que haya podido llegar a mí luego intento revertirla en la ficción. Hay que saquear todas esas influencias que la academia puede mirar por encima del hombro. Ciertas animaciones como Los Simpson o Ren & Stimpy son parte del canon de muchos. Todas las series de bajo presupuesto o lo que usualmente se desecha a la primera mirada puede llegar a ser valioso en cuanto el autor revierte los códigos, los procesa y posteriormente los vuelve literatura a secas.

¿Son Los Simpson una referencia para ti al momento de escribir? Leyendo tus cuentos fue inevitable asociarlos con capítulos como el del Señor Burns sumiendo Springfield en una noche eterna, o la revisita de momentos históricos de manera socarrona.

Plata como cancha: el libro que Acuña no quiere que leas (¿o sí?)

Ocurre tanto en la ficción como en la no ficción: que el libro que se tiene entre manos se perciba como imprescindible, necesario. Algo que, si no lo escribía su autor o autora, pues alguien más debería hacerlo.

Plata como cancha es uno de esos libros. Entre sus páginas conocemos a César Acuña, el millonario, el político, el astuto hombre de nervios de acero para los negocios. Lo conocemos a través de sus acciones, pero aun más a través de los hechos que prefiere eliminar de su biografía, cueste lo que cueste (literalmente hablando).

El trabajo de Christopher Acosta es destacable en dos niveles. Por un lado, el rigor periodístico y la vocación de detective: son sus fuentes acuerdos secretos, expedientes fiscales o judiciales, personajes entrevistados, investigaciones anteriores propias y de otros colegas, correctamente citadas. Por otro, el olfato narrativo para ordenar las ideas, construir una historia, descubrir (y más importante: mostrar con absoluta claridad) los patrones en la conducta de Acuña. No son pocos los pasajes que dejan al lector con la boca abierta, ya sea por la obscenidad de alguna jugada o traición, o por las exorbitantes sumas que se mueven en el mundo acuñano.

Más allá de los memes y del lenguaje enredado del hoy relegado candidato presidencial que siempre causa algún titular, el trabajo de Acosta permite descubrir a una versión mucho menos plana, más completa y, ciertamente, más peligrosa de Acuña.

Si los libros pudieran editarse en el papel, lo que trascendió a los medios este lunes constituiría un capítulo más en Plata como cancha. Y es que los menos sorprendidos con la demanda de César Acuña a Christopher Acosta y la editorial Penguin Random House son, precisamente, quienes ya han leído el libro y ven mejor el patrón de comportamiento de Acuña: sin escrúpulos, ha demostrado ser capaz de prácticamente todo para conseguir lo que desea, mover las fichas más inverosímiles y gastar lo que sea necesario para silenciar las voces incómodas de su vida.

Solo así se explica pretenda frenar o retrasar la venta del libro apelando a que la frase del título la tiene registrada. Una jugada que, si no fuera un intento de censura al periodismo, sería casi graciosa: el hombre que plagió un libro entero y tuvo que tranzar extrajudicialmente con el demandante se escuda, ahora, en los derechos de autor (y con una frase popular) para evitar que se venda el libro que no le gusta.

¿O lo que importa es que “se hable de él”?

Más allá del asunto, es un libro que debe leerse.

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Compra Plata como cancha aquí.

ESCRITORAS: DIEZ LIBRAZOS EN PEQUEÑOS FORMATOS

El rito de comprar libros no sería lo mismo sin esa batalla interna que estalla al comparar la lista de pendientes con el presupuesto. Si de priorizar se trata, acá te ayudamos con diez librazos que puedes encontrar en ediciones de bolsillo, escritos todos por mujeres brillantes. Historias fascinantes, surreales, trágicas, cotidianas, de amores o de adioses. Desde vidas turbulentas hasta ensayos sobre el arte: todos son excelentes opciones para leer o regalar. Así que… pasa y revisa, sin compromiso.

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Reecuentro de personajes de Elena Garro

Su amante es un hombre silencioso cuando no tiene uno de sus frecuentes ataques de ira. Él la lleva en auto en una peregrinación de carreteras, pueblos y hoteles sin aparente sentido, hasta que el lector descubre lo que pasó, o tal vez no pasó. Ella comienza a sospechar que él es un asesino. A la pregunta a quemarropa él responde que no sabe. Actos sospechosos, maltratos, erotismo trunco. La irrealidad del ambiente, los escenarios inquietantes, las mentiras. Esta novela atrapa sin tregua y obliga a una lectura casi de tirón. Garro siendo Garro.

Qué vergüenza de Paulina Flores

Conflictos de hogar, necesidades de clase media, pequeños triunfos y pesadas derrotas cotidianas. El cuento que abre esta colección llevó a su autora, nacida en Chile en 1988, a ganar el Premio Roberto Bolaño. Hay momentos donde la vida toca vivirla al revés, con desencuentros y corazones abiertos. Un debut literario con calidad pareja y una bella forma de contar lo triste (y todo lo demás).

Leonora de Elena Poniatowska

Premio Biblioteca Breve 2011. El temperamento indomable de Leonora Carrington, pintora surrealista, escritora y, por encima de todo, un espíritu ajeno a convencionalismos y ataduras, es retratado con talento, respeto y severidad. Poniatowska recrea e imagina, pero la bibliografía de la que parte es vasta. Historias de amor torrenciales, turbulentos años en París o México. Una mujer extraordinaria desde los ojos de otra.

Una noche en el paraíso de Lucia Berlin

Arrolladora como un tren, sutil como la melancolía prematura que nace cualquier tarde soleada en la ciudad. Los 77 relatos que publicó Lucia Berlin en vida son casi todo lo que cualquier aspirante a cuentista necesita leer. Esta edición de bolsillo incluye 22 historias hasta ahora inéditas en español: instantes, travesuras en Chile o Nuevo México, días de lluvia o sol en la ciudad; lo bello o lo terrible de la naturaleza humana asomándose en la vida cotidiana de personajes que no son ni buenos ni malos. Prosa limpia, historias magnéticas y el desmesurado talento de Berlin.

Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver

Novela epistolar ensamblada con las cartas que le escribe una mujer a su exesposo. La situación es desgarradora: el hijo, Kevin, es un asesino y está preso. ¿Qué pasó? ¿Qué falló? El epígrafe, una cita de Erma Bombeck, es tanto un ensayo a medias de respuesta como de conclusión: “Un niño necesita más nuestro amor cuando menos lo merece”. Kevin tiene problemas, es evidente, pero la maldad debe haber surgido de algún lado. Novela sobre el misterio de la vida, sobre la naturaleza de la maldad y, especialmente, sobre la maternidad. Su adaptación al cine del 2010, protagonizada por Tilda Swinton y Ezra Miller, ha recibido también críticas muy positivas.

La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt de Andrea Wulf

La alucinante vida de Alexander Von Humboldt, polímata, geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador, es revelada con pasión por Wulf, conocida historiadora y escritora británica. El placer de recorrer un mapa con el dedo, volver a la página de la historia y avanzar con voracidad para conocer todas las aventuras y descubrimientos, sea tal vez algo conocido para quienes leyeron libros como los de El señor de los anillos. Pero este, más narrativo que académico, es una genial forma de estimular la imaginación y la curiosidad. Detalle no menor: puede ser un excelente regalo.

La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres de Siri Hustvedt

La autora, escritora y feminista, despliega en los ensayos que componen este libro una visión erudita, comprensiva y excepcionalmente lúcida de las cosas que la apasionan: desde el arte o la literatura hasta las neurociencias. El título alude a los primeros textos del libro, donde analiza las obras de varios artistas. La función de la emoción en la percepción artística, el papel del sexo en el arte, todo el asunto de las ‘musas’, despiertan preguntas y reflexiones en Hustvedt. ¿Por qué los biógrafos de Picasso llaman por su nombre de pila a aquellas musas (incluso cuando son mujeres mayores), mientras que otros personajes son presentados con su apellido? El crisol feminista puede ser incómodo para no iniciados, y ese es otro mérito invaluable del libro: abrir una ventana para ver el mundo desde un lugar más amplio, cuestionador y justo.

SPQR. Una historia de la Roma antigua de Mary Beard

Es fascinante conversar con personas que saben mucho de algo y tienen, además, el don de saber contarlo. Es el caso de este libro y de Mary Beard, una de más más grandes autoridades académicas en lo que a Roma y Grecia se refiere. SPQR (Senatus PopulusQue Romanus, El Senado y el Pueblo Romano) es el fruto de 50 años de investigación sobre la antigua Roma. Un pasado que late entre nosotros y algunas de nuestras costumbres e instituciones, este libro es más que la historia de un imperio. Con mapas, ilustraciones y una amena forma de contar, es una exposición entretenida y profunda.

M Train de Patti Smith

Un hombre en un sueño dice que escribir sobre nada es más complicado de lo que parece. Smith recibe el mensaje onírico como una afrenta y como un punto de partida para estas memorias, aunque lejos de escribir sobre la nada, lo hace sobre el todo. Su mirada de felino en descanso mira hacia un lado en la portada: está sentada en una mesita cuadrada, flanqueada por una ventana y la máquina de café. El café 'Ino es el primer capítulo y uno de los escenarios creadores de la vida de la poeta, dramaturga, cantante y viajera estadounidense.

La elegancia del erizo de Muriel Barbery

La profundidad filosófica no es incompatible con la narración fresca y ligera de este libro, al que el adjetivo de bello no le sienta como exagerado o falso. En un edificio vive una mujer mayor, la portera silenciosa y común que, sin embargo, tiene aficiones muy especiales. Su vida se cruza con una niña de 12 años superdotada que vive en el mismo lugar. Ambas tienen una existencia casi secreta. La soledad las une y las reflexiones (algunas, terribles y crudas) las llevan a conocer juntas las alegrías que este mundo duro puede aún dar. Una trama que, en manos más inexpertas, podría ser una historia del montón, se luce con el talento de Muriel Barbery.

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El inicio de "Canadá", de Richard Ford

El estilo brillante y profundo de Richard Ford alcanzó un punto especial en Canadá, su séptima novela (y la última hasta ahora), en 2012, despertando la emoción de lectores y críticos. En Canadá, Dell Parsons, el protagonista de quince años, narra cómo la vida de él y la de su hermana se tuerce, o se termina de torcer, cuando sus padres roban un banco.

La novela es dura y amarga, como la vida misma suele ser, y golpea a los lectores que, entre sus páginas, sienten como propia la pérdida de la inocencia y el descubrimiento de la certeza, feroz y solemne, de que no siempre se puede ganar.

Hoy, en el cumpleaños 77 de Ford (Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2016), compartimos las primeras líneas de esta novela, editada por Anagrama. Se puede encontrar la edición clásica o la edición 50 en nuestra librería mientras Ford termina Be mine, su nueva novela aún sin fecha de lanzamiento.

CANADÁ

I

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no se contase esto antes que nada.
Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales –aunque, claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco.

Mi padre, Bev Parsons, era un chico de campo que nació en Marengo County, Alabama, en 1923, y terminó la secundaria en 1939, loco de ganas de entrar en el Army Air Corps de los Estados Unidos, el cuerpo que luego se convertiría en la Fuerza Aérea. Entró en Demopolis, se formó en Randolph, cerca de San Antonio, donde quiso ser piloto de combate, pero como le faltaban aptitudes tuvo que conformarse con convertirse en oficial de bombardero. Voló en los B-25, en los Mitchell ligeros y medios que sirvieron en Filipinas, y luego sobre Osaka, donde sembraron la destrucción en la tierra, tanto entre el enemigo como entre la gente inocente. Era un hombre alto, de más de un metro ochenta (apenas cabía en la carlinga del bombardero), encantador, guapo y sonriente, de cara grande, cuadrada y expectante y pómulos huesudos, labios sensuales y pestañas atractivas, largas y femeninas. Tenía los dientes blancos y brillantes y un pelo negro corto del que se sentía muy orgulloso, lo mismo que de su nombre: Bev. Capitán Bev Parsons. Nunca admitió que Beverly fuera un nombre de mujer para la mayoría de la gente. Venía de raíces anglosajonas, decía. «Es un nombre corriente en Inglaterra. Allí Vivian, Gwen y Shirley son nombres de hombre. Nadie los confunde con mujeres.» Era un hablador redomado, y, para ser sureño, de mente abierta. Tenía unos modales elegantes y complacientes que deberían haberle llevado lejos en la Fuerza Aérea, algo que no sucedió. Cuando estaba en un recinto cualquiera, sus ojos rápidos de color de avellana buscaban a su alrededor y siempre encontraban a alguien que le prestaba atención: mi hermana y yo, normalmente. Contaba chistes viejos con un estilo teatral del Sur; sabía hacer trucos con las cartas y juegos de manos, y separarse el pulgar y volver a pegarlo, y hacer desaparecer un pañuelo y hacerlo aparecer de nuevo. Sabía también tocar bugui-bugui al piano, y a veces nos hablaba con acento dixie1 y otras veces como Amos ’n’ Andy. Había perdido algo de oído al volar en los Mitchells, y era muy sensible a esta deficiencia. Pero tenía un aspecto muy atildado con su «honrado» pelo corto de soldado y su guerrera azul de capitán, y por lo general transmitía una calidez que era genuina y que hacía que mi hermana gemela y yo lo quisiéramos tanto. Tal vez fuera ésa también la razón por la que nuestra madre se había sentido atraída por él (aunque no pudieran ser más diferentes y poco apropiados el uno para el otro), con la mala fortuna de haberse quedado embarazada a raíz de un apresurado encuentro amoroso después de conocerse en una fiesta en honor de los aviadores que habían vuelto del frente. Fue en Fort Lewis, cerca de donde él estaba haciendo un curso de reciclaje como oficial de suministros, en marzo de 1945, cuando ya nadie lo necesitaba para lanzar bombas desde el aire. Se casaron en cuanto lo supieron. Los padres de ella, que vivían en Tacoma y eran inmigrantes judíos oriundos de Polonia, no aprobaron la boda. Los dos eran personas cultas; en Poznań habían sido profesores de matemáticas y músicos semiprofesionales (daban conciertos de música popular), y después de huir de su país en 1918 habían llegado al estado de Washington a través de Canadá, y se habían convertido –quién lo iba a decir– en celadores escolares.
El hecho de ser judíos significaba muy poco para ellos entonces, o al menos para mi madre; felizmente, en aquella tierra donde al parecer no eran judíos, dejaban atrás una vieja, rigurosa y cerrada concepción de la vida.

Pero que su hija única se casara con el hijo único sonriente y parlanchín de unos tasadores de madera escoceses-irlandeses de las tierras remotas de Alabama no se les había pasado nunca por la cabeza, así que pronto desterraron el asunto por completo de su pensamiento. Y aunque desde cierta distancia pudiera parecer que nuestros padres simplemente no estaban hechos el uno para el otro, es más preciso afirmar que la boda de nuestra madre con nuestro padre fue el presagio de una pérdida, y que su vida cambió para siempre –y no para bien–, como seguramente ella habrá pensado tantas veces.
Mi madre, Neeva (diminutivo de Geneva) Kamper, era una mujer menuda, intensa, con gafas, de pelo castaño y rebelde, alguna de cuyas hebras aterciopeladas se le deslizaban por el borde de las mejillas hasta debajo de la barbilla. Tenía cejas espesas y frente reluciente, de piel fina, tras la que se le traslucían las venas, y una tez pálida de vivir dentro de casa que le daba un aspecto frágil, sin que ella lo fuera en absoluto. Mi padre, en broma, decía que la gente de donde él venía, en Alabama, al pelo de mi madre lo llamaba «pelo de judío» o «pelo de inmigrante», pero que a él le gustaba y que a mi madre la amaba. (Ella nunca pareció prestar mucha atención a estas palabras.)
Sus manos eran pequeñas y delicadas, de uñas muy cuidadas (se hacía regularmente la manicura) y bruñidas, de las que solía presumir y con las que gesticulaba con aire ausente. Tenía un talante escéptico, y solía escuchar con gran atención cuando le hablábamos; también tenía ingenio, que a veces podía ser mordaz. Llevaba gafas sin montura, leía poesía francesa, y a menudo utilizaba expresiones como cauchemar o trou de cul, que mi hermana y yo no entendíamos. Escribía poemas con tinta marrón que compraba por correo, y llevaba un diario que nosotros no podíamos leer, y normalmente tenía una expresión de perplejidad ligeramente altiva y como estigmatizada, que llegó
a ser muy propia de ella, si no lo había sido siempre. Antes de casarse con mi padre y de tenernos rápidamente a mi hermana y a mí, se había graduado a los dieciocho años en el Whitman College de Walla Walla, había trabajado en una librería y posiblemente acariciado la idea de convertirse en poetisa y en bohemia, y la esperanza de llegar a conseguir un trabajo de estudiosa profesora en un pequeño college, casada con alguien diferente del hombre con quien se había casado realmente, un profesor universitario probablemente, que le daría la vida para la que ella creía que estaba destinada. En 1960, el año en que tuvieron lugar los hechos, tenía sólo treinta y cuatro años. Pero tenía ya «arrugas marcadas» a ambos lados de la nariz, que era pequeña y rosada en la punta, y los párpados oscuros de sus grandes y penetrantes ojos verde gris le hacían parecer extranjera y un tanto triste e insatisfecha, lo cual era cierto. Su cuello era delgado y hermoso, y su sonrisa repentina e inesperada dejaba al descubierto unos dientes pequeños y una boca en forma de corazón, de jovencita. Una sonrisa que –salvo a mi hermana y a mí– rara vez ofrecía. Nos dábamos cuenta de que era una persona de apariencia poco corriente, vestida las más de las veces con pantalones anchos color verde oliva y blusas de algodón de mangas holgadas y zapatos de cáñamo y algodón que debía de haber encargado por correo en la Costa Oeste, porque no podían comprarse zapatos de ésos en Great Falls. Y cuando se ponía a regañadientes al lado de nuestro padre, alto y guapo y extrovertido, aún parecía más fuera de lo corriente. Aunque eran raras las veces en que «salíamos» en familia, o comíamos en restaurantes, así que apenas podíamos darnos cuenta de cómo aparecían ante el mundo, entre desconocidos. A nosotros la vida en casa nos parecía de lo más normal.
Mi hermana y yo entendíamos perfectamente por qué mi madre se había sentido atraída por Bev Parsons, un hombre de hombros fuertes, hablador, divertido, siempre dispuesto a complacer a cualquiera que se encontrase a su alcance. Pero nunca estuvo demasiado claro por qué se había interesado él por ella, una mujer muy menuda (de poco más de un metro cincuenta), introvertida y tímida, apartada de la gente, artística, guapa tan sólo cuando sonreía e ingeniosa sólo cuando se sentía completamente a gusto. Nuestro padre debía de apreciar de algún modo todo aquello, de percibir que ella tenía una mente más sutil que la de él, y que sin embargo él era capaz de complacerla, lo cual le hacía feliz. Decía mucho en su favor que –más allá de las diferencias físicas– mirara al corazón de las cosas humanas, y yo admiraba eso en él por mucho que mi madre no se diera cuenta de ello.

Poemas peruanos de amor, deseo y soledad

A fuerza de palabras, corazones abiertos, tacto fino y mucho oficio, las y los poetas han erigido colosales o íntimas obras de amor, desamor y locura. A continuación, una selección de poemas de factura peruana.

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El primer viaje que hice contigo

Giovanna Pollarolo

fue de Tacna a la Boca del Río
un sábado de invierno por la mañana.
Compraste dos Inca Kolas y dos mixtos en el Italia
y yo saqué a escondidas dos toallas de mi casa.
Había apenas una tenue resolana
zurumbe,
acá llaman zurumbe a la neblina de mediodía que refresca y alivia
los calores del verano, te expliqué;
no era verdad, pero la palabra te gustó y me creíste
a pesar del invierno.
Te hablé de una playa llamada Pozo Redondo
que parecía de postal:
algún día levantaré ahí una casa para mi vejez, dije
y te fui indicando el camino.
Cuando llegamos empezó a brillar el sol
la playa también te pareció hermosa
como el sueño de la casa mirando al mar, en lo alto.
Ahí mismo, en la arena
junto a la inmensa roca que nos protegía del viento
hicimos el amor por primera vez.
El sol cegaba mis ojos, pero creo que fui feliz.
Anochecía cuando regresamos
y yo me senté muy cerca de ti, juntas nuestras manos.
Mirando la carretera, mirándonos
nos detuvimos varias veces
te gustaba el olor limpio del desierto
y el silencio y las estrellas y el cielo despejado.
Juramos que nos amaríamos siempre.

Tuve que detener el auto al costado de la carretera
lloré hasta cuando el sol me hizo saber que era mediodía
y el calor me agobiaba.
Entonces me soné la nariz
y el pañuelo se llenó de sangre.
Se me ha roto el corazón, pensé.

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La muchacha mala de la historia

María Emilia Cornejo

Soy
la muchacha mala de la historia
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.

Soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.

Soy
la muchacha mala de la historia.

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Letanía del solitario

Juan Gonzalo Rose

Cada tarde te pierdo,
como se pierde el tiempo
o la esperanza.
Cada tarde,
definitivamente,
te pierdo
como se pierde la paciencia.
Cada tarde
dices no.
Mueves la cabeza y dices no.
Mueves la tierra y dices no.
No mueves los labios y tu silencio dice no.
Infatigablemente,
cada tarde,
mi café solitario obscurece el planeta.

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Cuatro boleros maroqueros

Antonio Cisneros

1
Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida del suburbio
no habrían primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos
                                                Pero no

Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2
Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
              Gran Estilo
              Gran Velocidad
              Gran Altura.

3
Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.

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Pero llegaste

Magda Portal

TÚ    para quien mis brazos
se abrieron en cruz
i las arañas del sueño tejieron
la seda infinita de la amnesia
TÚ    conquistador ilusionado
de mis tribus salvajes de tristeza
donde llevaste la religión de una
alegría   nueva como los aeroplanos
sobre las selvas vírgenes
 Hoi el traje de nuestras almas
es el arcoíris de la sonrisa.

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El poeta a su amada

César Vallejo

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.
En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.

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Fragmentos de una alabanza inconclusa

Eduardo Chirinos

Debe haber un poema que hable de ti,
un poema que habite algún espacio
donde pueda hablarte sin cerrar los ojos,
sin llegar necesariamente a la tristeza.
Debe haber un poema que hable de ti y de mí.
Un poema intenso como el mar,
azul y reposado en las mañanas,
oscuro y erizado por las noches
irrespetuoso en el orden de las cosas, como el mar
que cobija a los peces y cobija también a las estrellas.
Deseo para ti el sencillo equilibrio del mar, su profundidad
y su silencio, su inmensidad y su belleza.
Para ti un poema transparente,
sin palabras difíciles que no puedas entender,
un poema silencioso que recuerdes sin esfuerzo
y sea tierno y frágil como la flor que no me atreví a enredar
alguna vez en tu cabello.
Pero qué difícil es la flor si apenas la separamos del tallo
dura apenas unas horas,
qué difícil es el mar si apenas le tocamos se marcha lentamente
y vuelve al rato con inesperada furia.
No, no quiero eso para ti.
Quiero un poema que golpee tu almohada en horas de la noche,
un poema donde pueda hallarte dormida, sin memoria,
sin pasado posible que te altere.
Desde que te conozco voy en busca de ese poema,
ya es de noche. Los relojes se detienen cansados en su marcha,
la música se suspende en un hilo
donde cuelga tristemente tu recuerdo.
Ahora pienso en ti y pienso
que después de todo conocerte no ha sido tan difícil
como escribir este poema.

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Poemas a un híbrido

Alessandra Tenorio

entonces
yo acabé sentada haciendo poemas
mientras él viajaba a 30 kilómetros por segundo en el intento de
olvidarme
y tú dormías
dormías como duermes siempre
tranquilo            seguro
sabiendo que yo estaría para ti a la mañana siguiente
porque me querías mucho
sí, yo también te quería mucho pero -a veces - quería dar
vuelta a la llave
correr muy rápido y alcanzar su huida
pero cuando un hombre huye no es el destino de una mujer
detenerlo
a veces                               sólo puedes contemplarlo
y                                          aunque seas una estatua de sal
tratar de lanzarle el dedo meñique para que no se caiga
y decirle todo eso que las palabras calla
sólo los dedos meñiques al aire te pueden decir

corría por las calles de Cajamarca
en un intento de mover mi mente
así sería aprender a trotar todos los días
distancias pequeñas pero aclaradoras
quizá habíamos inventado una rutina
y el olvido
empezaba a ser un sinónimo proporcional a nuestra velocidad

****

y en mi camino
tú eras esa puerta de escape
esa tangente                                   que quizá yo debía tomar
por eso fui a resolver mis preguntas al Café de la paz
pero tú                               no eras una persona de respuestas
a ti         te gustaba sembrar preguntas
ver las cejas en arco de la gente
los ojos expectantes       y                           las pocas palabras
allí empezó la guerra fría
y yo salí del café derrotada
muchas preguntas
ninguna respuesta
y mi corazón pateando latas

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Vietato

Rossella Di Paolo

Cierro puertas
y ventanas
de mi casa
como un puño
en mitad

de la calla
mi casa cerrada
mi boca cerrada
nadie sabrá
que estuviste aquí
desordenando
los papeles de mi mesa
los dedos de mi mano
mi corazón
ya por fin cerrado.

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Monsieur Monod no sabe cantar

Blanca Varela

querido mío
te recuerdo como la mejor canción
esa apoteosis de gallos y estrellas que ya no eres
que ya no soy que ya no seremos
y sin embargo muy bien sabemos ambos
que hablo por la boca pintada del silencio
con agonía de mosca
al final del verano
y por todas las puertas mal cerradas
conjurando o llamando ese viento alevoso de la memoria
ese disco rayado antes de usarse
teñido según el humor del tiempo
y sus viejas enfermedades
o de rojo
o de negro
como un rey en desgracia frente al espejo
el día de la víspera
y mañana y pasado y siempre
noche que te precipitas
(así debe decir la canción)
cargada de presagios
perra insaciable (un peu fort)
madre espléndida (plus doux)
paridora y descalza siempre
para no ser oída por el necio que en ti cree
para mejor aplastar el corazón
del desvelado
que se atreve a oír el arrastrado paso
de la vida
a la muerte
un cuesco de zancudo un torrente de plumas
una tempestad en un vaso de vino
un tango
el orden altera el producto
error del maquinista
podrida técnica seguir viviendo tu historia
al revés como en el cine
un sueño grueso
y misterioso que se adelgaza
the end is the beginning
una lucecita vacilante como la esperanza
color clara de huevo
con olor a pescado y mala leche
oscura boca de lobo que te lleva
de Cluny al Parque Salazar
tapiz rodante tan veloz y tan negro
que ya no sabes
si eres o te haces el vivo
o el muerto
y sí una flor de hierro
como un último bocado torcido y sucio y lento
para mejor devorarte
querido mío
adoro todo lo que no es mío
tú por ejemplo
con tu piel de asno sobre el alma
y esas alas de cera que te regaléy que jamás te atreviste a usar
no sabes cómo me arrepiento de mis virtudes
ya no sé qué hacer con mi colección de ganzúas
y mentiras
y con mi indecencia de niño que debe terminar este
                                                                     [cuento
ahora que ya es tarde
porque el recuerdo como las canciones
la peor la que quieras la única
no resiste otra página en blanco
y no tiene sentido que yo esté aquí
destruyendo lo que no existe
querido mío
a pesar de eso
todo sigue igual
el cosquilleo filosófico después de la ducha
el café frío el cigarrillo amargo el Cieno Verde
en el Montecarlo
sigue apta para todos la vida perdurable
intacta la estupidez de las nubes
intacta la obscenidad de los geranios
intacta la vergüenza del ajo
los gorrioncitos cagándose divinamente en pleno cielo
de abril
Mandrake criando conejos en algún círculo
del infierno
y siempre la patita de cangrejo atrapada
en la trampa del ser
o del no ser
o de no quiero esto sino lo otro
tú sabes
esas cosas que nos suceden
y que deben olvidarse para que existan
verbigracia la mano con alas
y sin mano
la historia del canguro —Aquélla de la bolsa o la vida—
o la del capitán encerrado en la botella
para siempre vacía
y el vientre vacío pero con alas
y sin vientre
tú sabes
la pasión          la obsesión
la poesía          la prosa
el sexo             el éxito
o viceversa
el vacío congénito
el huevecillo moteado
entre millones y millones de huevecillos moteados
tú y yo
you and me
toi et moi
tea for two en la inmensidad del silencio
en el mar intemporal
en el horizonte de la historia
porque ácido ribonucleico somos
pero ácido ribonucleico enamorado siempre


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10 libros de amor (y desamor) para leer (o no) esta semana

Nada más humano que amar. Nada salvo, tal vez, odiar. Por eso memorables amores y trágicas rupturas son protagonistas recurrentes en la mayoría de libros.

La convivencia, la soledad, el amor brioso y el calmo, la venganza, la exploración de la sexualidad, la búsqueda de la identidad en medio de una crisis sentimental o el sentido y trascendencia de la vida en pareja son algunos de los temas que los siguientes libros tocan, con ternura, con fruición o con ardor.

No todo es corazones de chocolate y peluches en febrero. Entonces, ¿por qué no un libro? Toma nota de nuestras recomendaciones.

Mañana tendremos otros nombres de Patricio Pron

Premio Alfaguara de Novela 2019, el jurado la calificó como “la autopsia de una ruptura amorosa que refleja la época contemporánea de manera excepcional”. Pron, aficionado a los títulos largos y a la primera persona, presenta a dos personajes casi sin nombre propio: Él y Ella. Un escritor y una arquitecta, casi en los cuarenta, se enfrentan de pronto a la soledad, al mercado amoroso del frenético ahora, a la ruptura de los pequeños ritos construidos durante la convivencia, al duelo.

No puede haber olvido sin memoria, no puede haber vacíos en el alma si no hubo antes algo llenando ese espacio. Tampoco puede haber desamor sin amor. Partiendo de una ruptura, desde un lugar lejano y racional, Pron desmenuza las relaciones humanas sin responder a la pregunta: ¿qué es el amor?

Responderla tampoco es lo que busca. Lo irracional y lo inexplicable del amor es una ausencia muy presente en la novela, que navega, mientras fluye, por otras reflexiones: la globalización, el estilo de vida que llevamos, la decadencia de estos tiempos. A medio paso entre una novela sobre las relaciones humanas y una suerte de ensayo sociológico, Pron construye un libro sobre amor y desamor, pero que también es sobre muchas cosas más.

Llámame por tu nombre de André Aciman

Un viaje por los caminos menos expuestos del amor y del erotismo. Llámame por tu nombre fue libro del año para The Washington Post y Publishers Weekly y es en el que, por supuesto, se basa la película película homónima de Luca Guadagnino.

La historia transcurre en un pueblo del norte de Italia a comienzos de los ochenta. El arqueólogo y catedrático padre de Elio (un culto muchacho de 17 años) tiene la tradición de recibir en el verano a estudiantes que, a cambio de alojamiento, le ayudan en sus compromisos culturales.

Oliver es el elegido este verano: un joven profesor norteamericano que hace su tesis de doctorado. Pronto la intimidad entre Elio y Oliver deviene en un impetuoso romance. Durante semanas, los impulsos ocultos de obsesión, miedo, fascinación y deseo alimentarán la pasión.

“Sin embargo, lo que más destaca en la novela es la fuerza de la voz narradora. Su evocación de la pasión no nos ahorra dolor alguno en el afán por entender un poco más la vida: comprometidos los afectos, cómo es que la realidad cobra forma al interior de cada quien; cómo se teje la memoria y qué es el tiempo. Aciman se las arregla para llevarnos adonde, de lado las preferencias particulares, cualquiera es capaz de reconocer con una fuerte punzada en el pecho, los síntomas de un amor obsesivo y definitivo. El arte seduce. Esta novela hace lo suyo, con ferocidad”, escribió Juan Pablo Torres Muñoz en una reseña salvaje que puedes leer completa aquí.

La madre de Frankenstein de Almudena Grandes

Basada en hechos reales, esta novela se ubica en la era franquista, un entorno que inunda todo lo que ocurre.

Un joven psiquiatra regresa a España desde el exilio para trabajar en un manicomio. Ahí conoce a una famosa parricida, culta y paranoica, y a una joven auxiliar de enfermería que, tras crecer entre ancianos y personas que han perdido la razón, tiene un cariño especial por la mujer, que le enseñó a leer y a ver el mundo desde una posición muy particular.

Aurora, la parricida, vive en un mundo propio rodeada de muñecos que le hacen compañía, y cuya repentina vida propia (como la de la criatura del doctor Frankenstein), anhela. María, la joven auxiliar, se enamora del psiquiatra Germán Velásquez poco a poco, revelando los secretos del pasado que la avergüenzan. Ambos, admite Germán en un momento, son las únicas personas que le tenían cariño a Aurora.

Esta es una novela sobre la identidad, el pasado y el amor; pero también una sobre la patria, la falsa moral de la sociedad y el destino.

El amor en los tiempos de cólera de Gabriel García Márquez

¿Cuánto puede durar un amor? ¿Cuántas adversidades puede superar?

¿La vejez, la muerte, pueden contra el amor?

Estas podrían ser las preguntas que tenía Gabriel García Márquez en la cabeza cuando escribió esta novela, para la que se documentó con largas entrevistas a sus padres. Una proeza del lenguaje y de la narración sobre el amor más puro.

La soledad de los números primos de Paolo Giordano

La novela que le abrió todas las puertas a Giordano, La soledad de los números primos, habla de dos personajes que transitan por una amistad forjada sobre la soledad de ambos. La lectura es una ruleta rusa emocional de gran trabajo literario. Una novela conmovedora, inolvidable.

Tokio Blues de Haruki Murakami

Mientras aterriza en un aeropuerto europeo, Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha una vieja canción de los Beatles que le hace retroceder a su primera juventud, al turbulento Tokio de los años sesenta. Con una mezcla de melancolía y desasosiego, Toru recuerda entonces a la inestable y misteriosa Naoko, la novia de su mejor y único amigo de la adolescencia, Kizuki.

El suicidio de este distanció a Toru y Naoko durante un año, hasta que se reencontraron e iniciaron una relación íntima. Sin embargo, la aparición de otra mujer en la vida de Toru lo llevó a experimentar el deslumbramiento y el desengaño allí donde todo debería cobrar sentido: el sexo, el amor y la muerte.

Ninguno de los personajes parece ser capaz de encontrar el frágil equilibrio entre las esperanzas juveniles y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.

Anna Karenina de Lév Tolstoi

“Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz es infeliz a su modo”. Esta frase con la que inicia la novela se ha convertido en una de las más célebres y citadas de la literatura, y nos introduce de golpe en el clima que domina esta historia, cumbre del realismo.

Inspirada en algunos hechos reales, la novela se desarrolla alrededor del adulterio de la protagonista; sin embargo, esta es solo parte de una de las tres historias conyugales que se entrelazan en la obra con sus pasiones, sus sufrimientos y sus alegrías, y en todas las cuales late, enorme, esa pulsión de vida Tolstói ha sabido imprimir a sus personajes.

La insoportable levedad del ser de Milan Kundera

Las dudas existenciales del protagonista abarcan muchas cosas, pero especialmente todo aquello relacionado con la vida en pareja, la sexualidad y los conflictos afectivos. La vida cotidiana se erige en la obra de Kundera con la misma altura que la filosofía y el existencialismo, con el eterno retorno de Nietzsche, con la búsqueda del sentido de la vida.

Drácula de Bram Stoker

Este clásico del terror, escrito de manera epistolar, es también una historia de amor que termina muy, muy mal. Y es que nada puede preparar a tres hombres que pretenden a una mujer a trabajar juntos, hombro con hombro… para clavarle una estaca en el corazón. Todo por cortesía de un ataque del conde Drácula.

En esta novela se exploran las pulsiones más profundas del ser humano: la vida y la muerte, la sexualidad y el bien y el mal.

El amor del revés de Luisgé Martín

En El amor del revés Luisgé Martín narra un viaje interpersonal, desde el día en que se juró que nadie conocería su homosexualidad hasta el día de su boda con otro hombre. 

En este libro convierte en objeto de la narración su propia vida, ejemplar en el sentido más clásico del término: sirve para vislumbrar a través de ella las debilidades y las grandezas de la naturaleza humana; sus miserias, sus ambiciones y sus logros.

El resultado de su empeño es una obra de una franqueza arrolladora, en un trayecto primero doloroso y después liberador hacia el conocimiento de uno mismo.

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INSECTOS, POETAS, NARRADORES

De todos los insectos que pueblan la literatura, hay uno con luz propia que, por brillante y noctámbulo, fascina a los poetas: la luciérnaga. A diferencia de las estrellas, pueden tenerlas en la mano y verlas titilar; o, mejor aún, pueden contemplarlas en los bosques cuando se extienden como un manto de luminarias. Tal vez solo la mariposa y la «inefable libélula» los embelesen al mismo nivel que la luciérnaga.

Pero esto, en efecto, es cosa de poetas. Son otros los insectos de interés para los narradores, a juzgar por algunos de sus célebres cuentos y novelas donde campean las moscas y las cucarachas, por citar a dos bichos que ahora vienen a mi memoria. Estos insectos, de por sí desagradables, repugnan además por su carga simbólica asociada a las miserias de la condición humana. En su novela Memorias del subsuelo (1864), Dostoievski ilustra así el oprobio de la baja autoestima: «Declaro solemnemente que muchas veces he deseado convertirme en un insecto, pero ni siquiera he sido digno de eso». ¿Quién nos habla ahí? Un hombre solitario, que se declara enfermo y malvado; un sujeto sin nombre, pero que tiene voz y monologa en un agujero (hábitat regular de los insectos); un pobre diablo que nos endilga un rabioso testimonio nihilista y cuya enfermedad es la propia conciencia de sí mismo (su frenética lucidez para reconocerse como un bicho); un hombre atormentado, en fin, que se queja y despotrica del mundo.  ¿Y con qué insecto se compara?  Con una mosca. «(Soy) más inteligente, más culto y más noble que nadie, pero una mosca al fin y al cabo». Y poco después, en un intento por contrarrestar su soledad, decide un día buscar a sus compañeros de escuela y ratifica su sentir: «Ninguno de ellos prestó atención a mi llegada, cosa verdaderamente extraña, ya que no nos habíamos visto desde hacía años. Me consideraban, evidentemente, como un ser insignificante, como una mosca. Ni siquiera en la escuela me trataban así, a pesar de que allí me detestaban. Comprendí que debían de despreciarme por haber fracasado en mi carrera, y también por mi aspecto miserable, por mis viejas ropas, que eran, a sus ojos, la prueba evidente de mi incapacidad y de mi desdichada situación».

También en esa línea, ya se sabe, se encuentra Franz Kafka, lector aprovechado del novelista ruso, aunque él dará un paso adelante. En su desconcertante relato, La metamorfosis (1915) —cuya traducción correcta, según Borges, debería haber sido «la transformación»—, Gregorio Samsa despierta una mañana y en el acto descubre que ya no es el mismo individuo de siempre. No ha despertado de una pesadilla, sino en una pesadilla. La estrategia narrativa de Kafka, a criterio del novelista John Updike, parte de una breve premisa fantástica, expuesta en la primera frase del relato, donde el autor informa que Samsa despierta transformado en un monstruoso insecto, y luego, dado que se trata de un bicho que continúa pensando como ser humano, prosigue con un largo desarrollo realista donde el protagonista se esfuerza inútilmente por cumplir sus rutinas laborales y familiares. (Es decir, estamos ante otra metáfora que expresa la nulidad del individuo en razón de su insignificancia e incapacidad para alcanzar logros). 

Claro que no fueron estos los primeros bichos en la literatura. Ya el poeta Ovidio, en La metamorfosis, Libro VI (Año 8 D.C.), recreó el mito griego de Aracne, joven distinguida en el arte de tejer y bordar. Alentada por los agasajos de sus admiradores, Aracne afirmó poseer una destreza superior a Palas, diosa de la sabiduría y la artesanía, a quien desafió a medir sus virtudes de igual a igual en un certamen. Palas tejió un tapiz inspirada en su victoria sobre Poseidón; y Aracne, no sin perfidia, tejió un telar que representaba las infidelidades de los dioses. Furibunda por la envidia y la irreverencia de una mortal, la diosa destruyó ambos tapices e incluso golpeó a su rival en la cabeza. Sabiéndose perdida, Aracne cogió entonces una soga y se ahorcó. Algunos exégetas de Ovidio opinan que la diosa se apiadó de la joven y, tras verter sobre la soga el jugo de una hierba (Hécate), convirtió en hilo la soga y en araña a la envanecida Aracne. ¿Se apiadó la diosa? A mí me parece más bien una feroz venganza. Impidió que Aracne muera, es cierto, aunque la condenó a un nefasto destino. «Vive, sí, pero cuelga, malvada», le dijo. ¡A tejer telarañas por una eternidad! (Indudablemente la zoología clasifica a las arañas entre los arácnidos, no como insectos, pero esto da igual. Mucha  gente confunde a unos y otros debido a las semejanzas de su estructura corporal).  

“Y es por ello que, con inolvidable sentido del horror y del suspenso, el mexicano Juan José Arreola nos hizo sentir el deambular silencioso y amenazante de una araña negra que puede medir hasta diez centímetros y cuya picadura es letal; el nombre de esa araña dio título a su cuento, «La migala» (1952)”.

Las arañas, en todo caso, no siempre cuelgan. También caminan por el suelo o las paredes, especialmente de noche. Y es por ello que, con inolvidable sentido del horror y del suspenso, el mexicano Juan José Arreola nos hizo sentir el deambular silencioso y amenazante de una araña negra que puede medir hasta diez centímetros y cuya picadura es letal; el nombre de esa araña dio título a su cuento, «La migala» (1952). Ahí se configura, al igual que en la novela de Dostoievski, otro personaje anónimo como  narrador. Este nos dice que una peligrosa migala se halla en su casa. Se le ha escapado de la caja donde la tenía, pero no hace esfuerzos por capturarla. Es un hombre que ya no le encuentra sabor a la vida: sufre penas de amor. Y en adelante, en sus noches insomnes —no puede dormir porque sabe que la araña ronda por su dormitorio a oscuras—, libra una batalla con su miedo y su inercia suicida, dejando al azar su supervivencia. El narrador da vueltas a la idea de matarse ante el abandono de Beatriz, su novia, con la actitud obsesiva de los hombres que ya no tienen nada que perder. 

El sujeto tiene rota la columna vertebral, por lo que no vemos acción o movimiento alguno, pero al menos Quiroga recurre a mostrarnos el agitado pensamiento del moribundo (para lo cual cambia de persona gramatical: pasa de la tercera persona a la primera), donde sí ocurren cosas. En verdad, ocurre una alucinación”.

Siguiendo con otros autores de América Latina, habría que añadir asimismo al uruguayo Horacio Quiroga que nos entregó «Las moscas» (1935), relato de sorprendente éxito entre los lectores de su época. En mi opinión, un texto extraño: narra una historia sobre la agonía de un hombre que se encuentra en medio de la jungla, recostado en un tronco. El sujeto tiene rota la columna vertebral, por lo que no vemos acción o movimiento alguno, pero al menos Quiroga recurre a mostrarnos el agitado pensamiento del moribundo (para lo cual cambia de persona gramatical: pasa de la tercera persona a la primera), donde sí ocurren cosas. En verdad, ocurre una alucinación. El moribundo piensa que está en un hospital citadino con médicos que lo visitan y manifiestan crueles teorías sobre las moscas que se le aproximan, señal de que morirá pronto.

He citado Las moscas por un motivo que justifica su memoria. Al parecer, Julio Cortázar, lector de Quiroga, se inspiró en este relato para escribir su excelente cuento «La noche boca arriba» (1956). Aquí, del mismo modo, vemos a un moribundo. En un primer momento, parece ser un motociclista accidentado (esto es lo que el autor nos hace creer) al que internan de emergencia en un hospital y trasladan al quirófano. La historia avanza con el fluir de la conciencia del accidentado que, tras ser atado a la mesa de operaciones y quedar dormido, recuerda un vívido sueño en el que, en vez de ser un motociclista (o un «motero», según dicen hoy), es un guerrero moteca atrapado en la jungla por una tribu enemiga. El sueño va y viene en paralelo, pues el accidentado es sedado y despierta varias veces. Hacia el final sabemos que en realidad el protagonista de la historia es el moteca, quien peleaba en la guerra florida contra los aztecas, y por tal razón yace en un lecho de piedra  (no en la mesa del quirófano) donde será sacrificado a los dioses. ¿Y dónde figura el insecto en este cuento? En el sueño del guerrero, un sueño de ciencia ficción en toda la regla, ya que este acontece en un mundo futuro.

En las últimas frases del cuento, Cortázar escribe: «… el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas». 


Fernando Ampuero (Lima, 1949). Escritor, dramaturgo y periodista. Es autor de los libros de cuentos Bicho Raro (1996), Íntimos y salvajes (2017), Lobos solitarios y otros cuentos (2018), Jamás en la vida (2019) entre otros. Entre sus novelas destacan Puta linda (2006), El peruano imperfecto (2011) y Sucedió entre dos párpados (2015). En el 2018, ganó el Premio FIL Lima de literatura.