El-chico-que-(Fangacio)
Reseñas

¡Julius vive!

El chico que diste por muerto ■ Javier Ponce Gambirazio (Lima, 1967) ■ Zut Ediciones (2012)
134 páginas ■ 35 soles


Novela. En una realidad paralela, el niño Julius pudo haber abandonado el universo bryceano y, como si se tratara de una estrella tragada por un agujero negro, desaparecer de la vida que por herencia y estirpe le tocaba en suerte. En su nueva realidad, Julius evocará las difuminadas tardes en las que, acompañado por la sombra tutelar de su hermana Cinthia, recorría los pasillos y los jardines de una residencia de la avenida Salaverry, sobre cuyo terreno hoy en día se alza la estética infeliz de un bloque de departamentos. Los años transcurrirán y Julius alcanzará la adolescencia, la adultez y hasta los primeros años de la vejez, pero siempre conservando en su memoria la brutal arrogancia con la que algunos personajes de su pasado reprobaban todo asomo de sensibilidad. Pero, además, adquirirá la certeza de que fue precisamente su capacidad de conmoverse la causante de la precariedad que terminó signando su existencia.

«Lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible en un grado que todavía podemos soportar y si lo admiramos tanto es porque, indiferente, rehúsa aniquilarnos», proclama el poeta Rilke dentro de los primeros versos de sus Elegías de Duino. Conmovedoras palabras que parecen sintetizar la estética de una modernidad que encontrará en Marcel Proust a uno de sus picos más notables. La larga mirada al pasado produce un discurso nostálgico y al mismo tiempo borroso, y es eso precisamente lo que lo equipara a una idea (acaso platónica) de lo hermoso. Es así que, conviviendo con lo violento o lo sanguinario que subyace en la trama de toda gran obra literaria —el «hecho fundacional», según Walter Benjamin—, la belleza se deja contemplar y nos autoriza a seguir vivos.

Si en algún momento Alfredo Bryce Echenique fue calificado como el Proust de la literatura peruana, Javier Ponce Gambirazio podría ser nuestro Jean Genet. El chico que diste por muerto es la historia de un Julius que encuentra en la prostitución y la promiscuidad medios para evadirse del triste destino que una familia típicamente burguesa le tenía reservado. Es también la historia de un malabarista que sobrevive contra todo pronóstico, y a quien los seres de su pasado dieron por definitivamente muerto. Pero el chico —sin nombre propio, como el personaje de Chaplin— no nos narrará su biografía con ese tono perplejo que propone Rilke y en el que la nostalgia basta para desvirtuar toda aspereza y extraer de esta algo sublime. Por el contrario, no dudará en abrazarse al mismo ángel terrible de las Elegías —con el abrazo intransigente de un ser enamorado— para terminar siendo exterminado por él.
Sobre el final de la historia el chico termina siendo un Edipo que maquillará el cadáver de su madre muerta. Quizá la condición de psicólogo clínico de Ponce Gambirazio tenga algo que ver con esta imagen que cierra una nouvelle plena de intensidad lírica, y cuyo ritmo la aleja de lo expuesto por el autor en Una vida distinta (2006) y Un trámite difícil (2003), sus dos entregas anteriores publicadas por la prestigiosa editorial valenciana Pre-Textos y prácticamente ignoradas por el mainstream de la crítica local. Acaso el polifacético Javier Ponce Gambirazio —quien a lo largo de su vida ha sido artesano, cantante pop, taxista, fotógrafo de desnudos, productor de documentales, y profesor y estudiante en varias universidades— sea el chico que algunos dieron por muerto. Pero está más vivo que nunca, como este texto contundente nos lo confirma. Por Octavio Vinces


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