Poesía

Tres Poemas

Por Diego Molina


Distimia

Roja te presentas distimia
en la hora turquesa
de nuestra libertad labrada
en ella duermen las voces incorregibles
de nuestra verdadera ansia
allí donde se arremolinan las nubes
y la decisión se ensombrece
el demonio del mediodía
encuentra victoria
en una secreta escaramuza.

Finales fantásticos
y súbitos
me acompañan
en la muerte
de mis tímidas guerras.

La tarde de la memoria te atraviesa
dulce distimia
tus intensiones veladas
se enroscan en mis tendones
pronuncio rezos helados
pero en la vanidad luminosa
no encuentro vibración
en las palabras.

Enfermedad de cansados monjes
tuyo es el reino en la agonía del Sol
y mi gloria inacabada
roja te presentas
como el origen
como el oxígeno de nuestra combustión
como creíble final
de esta especie
hecha de arrebatos y silencios.

Así, en una cama insatisfecha
yace nuestra
condena:
este es el animal caído
este es el animal que no descansa.

Trakl

Intento alcanzarte
pero ya te esfumas
en el frío paisaje de una habitación
desordenada.

El halo naranja se acerca y se aleja
en la tiniebla ultramar
su canto es como una medusa
atravesada por negros oleajes
en su suave e incesante dormidera.

Las palabras, una a una, erigen
sensaciones imposibles
con la clarividencia de quien quiere nacer
y aterrizar en un indomable sueño.

Quiero tocarte
pero en un bosque de fuego
silencioso te diluyes.

Tempestad

Y así termino diciendo, sin querer, lo que quiero
decir: el espontáneo influjo de ser
lo que soy
al mirar las constelaciones
y al conocer cada nombre
decirte, sin saber, lo que te salve
de la nieve negra
que desciende a nuestro páramo
y me entregues el antídoto
contra el desasosiego
brillando en las alturas.

En el Derby
un caballo se fue de bruces.

En cada fantasía boreal iba tatuando las esquirlas
de mi obsesión bajo la noche triste de esta época
cuando tus palabras se incrustaron como clavos
en mi guarida impenetrable
¿Cómo es posible
tener que apagar los sentidos
acostarlos en narcóticos arcanos
y suspender el flujo de la memoria
en un fluido blanco de éter
para ser feliz?

Entre luciérnagas cegadas
podría recitar mi bitácora
de las miles de horas desde nuestro cisma
En el sermón de la montaña
mi audiencia se abandonaba
a los colores extinguidos de mis vidas
pero yo solo balbuceaba tu nombre
y lo repetía cada día de la semana
entre los abucheos
mis ojos tornaban hacia dentro
mi deseo luctuoso gangrenaba mis rodillas
como a aquel equino infeliz.

Bajo la niebla azafrán que arropa y quema
a esta urbe nuclear
ya no tengo más letras
más idiomas
más composiciones
al final de mi evangelio
todo esto me hace un hombre más solo
no soy distinto a la certeza prófuga del invierno
ni al ansia del ojo errante de la tierra
mas una oración en desuso
se me escapa
cruza el laberinto
y va hacia ti
y te golpea certera
en la razón
porque habías muerto
pero como el dios de los sueños
o las medusas que pueblan a otras con su veneno
has renacido en otro cuerpo.


Diego Molina (Arequipa, 1978), Ha sido editor de la revista Evohé –poesía y crítica literaria– y de la revista Ideele del Instituto de Defensa Legal. Ha publicado varios poemarios, entre ellos Expresotranceuropeo (2003) y No somos más sabios después del diluvio (2014).


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