Alberto-Fuguet

«Si no escribo más, no sucede nada; si no filmo tampoco»

Una conversación sobre obsesiones con Alberto Fuguet.

Por José Tsang


Escribir para salvarse o perderse. Hay personas con talantes tan fracturados y escindidos que solo les queda escribir para hacer más soportable su estancia en un cuerpo que también es una cárcel. Es solo una teoría, quizás incomprobable. ¿Pero qué impulsa a una persona a escribir? No hay certezas. Escribir es un misterio.
Las nuevas obras del director y escritor chileno Alberto Fuguet (Santiago, 1964) están envueltas por ese enigma. En la primera de ellas, Invierno, una película de casi 5 horas de duración, Alejo (Matías Oviedo) es un joven escritor que se comporta a contracorriente de las convenciones sociales, se aísla, hace las cosas a su modo y parece disfrutar de su soledad, hasta que se suicida.

En la segunda obra, el libro Todo no es suficiente. La corta, intensa, sobreexpuesta y escindida vida de Gustavo Escanlar (Alfaguara, 2015), el objeto de investigación es el uruguayo Gustavo Escanlar (1962-2010), un escritor y presentador de televisión que se autodestruyó y que despertaba ninguneos en la mayoría, salvo en Fuguet (el chileno anota: «Mi obsesiva necesidad de hacer algo así como justicia literaria: apoyar al outsider; ver arte donde otros ven basura»). El texto es una versión con agregados y fotografías del escrito que ya apareció en las antologías Los malditos (Ediciones Universidad Diego Portales, 2012) y Tránsitos. Una cartografía literaria (Ediciones UDP, 2013).

Invierno no retrata ese mundo de objetivos claros reproducido por la publicidad y un tipo de televisión. Por el contrario, la película bucea en esos quiebres y límites de un mundo ambiguo, fracturado y liminal. Un contexto en el que conviven los hipsters, los poseros y los seres dañados, que están juntos y a la vez solos, y en el que las múltiples pantallas (laptops, celulares, tabletas) simulan, conectan, aíslan o activan el desfogue de las compulsiones y manías. La inmersión en esos vínculos y abismos emocionales tiene sus propios tiempos y va más allá de las convenciones narrativas (¿Antonioni habría filmado así a los hipsters?). Por algo Invierno dura casi 5 horas, lo que ha sido posible gracias a esa fe de Fuguet puesta en la libertad de las tecnologías digitales o en lo que él llama «cine garaje».

Y en Todo no es suficiente, el chileno echa mano a una narración no-lineal que se asemeja a un mundo disperso y quebradizo. Tal como hizo en Missing para comprender a su tío perdido, en Todo no es suficiente Fuguet se disfraza de detective para rescatar huellas y hacerse preguntas. Lo desconcertante es que quizás ninguna respuesta sea suficiente o del todo esclarecedora.
Junto con estas obras, otra publicación acoge a los personajes de Fuguet. Se trata de Juntos y solos: antología arbitraria (Animal de Invierno, 2015), armada por Edmundo Paz Soldán. El libro contiene 13 relatos de ficción del chileno y trae un nuevo texto titulado «Nosotros», que iba a convertirse en el capítulo inicial de la abortada secuela de Mala Onda y que ha sido recuperada por esta antología. A semejanza de sus personajes, los textos del chileno también pueden perderse, aunque luego son rescatados, «remixeados», seleccionados y ordenados para dar cuenta de más de una trayectoria vital. ¿Sucede lo mismo con su autor? Veamos.

¿Escribir es una manera de preservar la salud mental?
Algo, aunque sin duda no es malo tener ayuda externa. Creo que la creación es una profesión peligrosa y que, por ello, de ahí surge la fantasía de dedicarse a otra cosa o a simplemente jubilarse y a pasarla bien, viajar (sin ferias, sin entrevistas), ver cine o huevear. Para mí –que nunca he estado loco o tan mal, pero sí quizás he pasado por malos períodos o me he escindido– escribir o filmar tiene algo de expulsión, de recordar lo que pasó o de dejar un testimonio de «eso». Eso lo he hecho con mis libros y películas, aunque también pienso que apostar 100% por escribir o filmar es un camino a la perdición y lleva a la autodestrucción. Además, uno espera que se va a salvar pero… ¿y si no te salvas? De otro lado, ¿qué es lo que salva a uno? ¿Vender? ¿Qué tu obra guste? ¿Que te quieran más?

El lazo de un autor con sus obras puede ser delicado.
Cada vez tengo más claro que mis obras son extremada y pornográficamente personales, pero el que aparece ahí no soy yo. Yo soy mejor. El término «demonios personales» o el «modelo Donoso» no me parecen los ideales. En mi caso, lo que cuento son más tics, temas recurrentes, gustos personales o fantasmas míos.

Entre la creación, la perdición y la salvación, ¿hay un punto medio? ¿O el punto medio aburre y latea?
No me aburre ser «latero», burgués o «fome». Sin embargo, no deseo que lo que yo haga lo sea. Prefiero ser piola en la vida real y ser por escrito rockero, punk o escindido. Se dice que todos tenemos un lado B. Puede ser. Pero mi lado A es mi vida y mi lado B son mis creaciones. ¿Se entiende? Todos insisten en que deseo matarme. Pero no, para nada. Si resulta que Invierno es mi última película será para vivir más tranquilo. Ya he vivido peligrosamente. Ya fue. Chau.

¿Qué obtienen Gustavo Escanlar y Alejo, el protagonista de Invierno, cuando deciden perderse?
Digamos que Escanlar se extravió, jugó con fuego, se quemó y, al final, se reventó. Pienso que fue porque apostó mucho al principio por los extras de lo literario (ser conocido, ser respetado, ser de culto, etc.) y, al no lograrlo, buscó el crack de los medios. A la larga, Gustavo fue un tipo demasiado sensible que se armó un personaje. Pero no se puede vivir actuando. Con respecto a Alejo, el escritor que tiene algo de Andrés Caicedo, creo que lo que consigue es paz, a pesar de que la paz se puede encontrar en la vida o de una manera menos drástica que genere menos consecuencias. Y Alejo no es tonto, él sabe que lo que hará le dará fama e inmortalidad. Sin embargo, pienso que existen otras formas para triunfar. Al final Alejo se ve calmado aunque por dentro está lleno de fracturas. Él claramente juega con fuego y se quema. Pero sabe lo que hace. En cambio, me parece que Escanlar no sabía lo que hacía y pensó que jugar con fuego, a lo más, solo podía quemarlo un poco.

Son, digamos, distintos tipos de abismo.
Recomiendo tanto Invierno como Todo no es suficiente a los escritores jóvenes. Alejo cree que porque le fue mal con su primero libro, él está dañado. Y Escanlar es como un manual de todo lo que no hay que hacer. Algunos dirán: mira dónde está Escanlar ahora. Pero yo creo que él está actualmente cosechando ruidos porque, además de matarse o dejarse morir, tuvo talento. Pero le faltó valentía. De otro lado, Escanlar parecía loco y sin límites, aunque en el fondo estaba aterrado. Y la ansiedad, cuando llega hasta cierto punto, no favorece la creatividad.

¿Tú sientes que te has salvado?
Sí, de todas maneras. Qué bueno, ¿no? Si juego o coqueteo con la frase «esta es la última pela» no es por un tema de depresión o de autodestrucción, sino por un convencimiento de que puedo –y me consta– vivir sin crear. O crear siendo más piola o escribir cosas raras que no interesen a todos. Sé que Invierno no es para todos y tiene algo de loco o de anticomercial, pero no me importa. Lo único que me importa es estar easy. Easy like sunday morning.

¿De qué manera te ha servido esa construcción de un mapa o planeta literario/cinematográfico propio? ¿O sientes que estás condenado y marcado y que, por lo mismo, hay que seguir?
Sin duda me hice un mapa y agradezco haber invertido energía en ello. Hoy cosecho de mis libros y películas. Pero no hay que necesariamente seguir. No deseo ser Woody Allen. Más adelante, quizás sacaré ensayos o seguiré escribiendo sobre cine, pero la idea de la carrera me agotó. Aposté todo por una carrera tanto literaria como cinematográfica. Puedo jubilar. Si me atropellan, habré dejado una obra coherente. Me gusta y me siento cómodo con lo que he hecho. Y ya no odio a los que odian mi obra: siento que esos ataques no son contra mí. Además, ese planeta que es mi obra ahora lo veo como un satélite. Y es que quiero vivir en el planeta Tierra, no en el planeta Fuguet.

Pero seguirás creando.
Recordemos que el cine garage es para jóvenes. Con Invierno cierro 10 años de haber hecho cine. Quizás más adelante haga algo más chico o un documental, pero algo así de inmenso, no. No más. Lo mismo con los libros. O, mejor dicho, con las novelas. Acabo de entregar dos novelas nuevas a la editorial y, nada, me parece que todas están ligadas. Me siento extrañamente liberado y libre, condenado me sentí al principio, ahora para nada. Ya he hecho harto. Basta. Por suerte. Si no escribo más, no sucede nada. Si no filmo, tampoco. Seguiré con pasos más lentos. Hoy quiero ser más fan, espectador o lector.

¿En qué momento dijiste: «la sobreexposición no es lo mío ni tampoco me energiza»? ¿O siempre te has sentido un outsider y fuiste, en tus comienzos en la literatura, un preso de las circunstancias?
Fui un preso de las circunstancias. Ojo, siempre dejé en claro que tuve un contrato antes que un libro. ¿En qué momento me di cuenta de que la sobreexposición no es lo mío? Uf, lo tengo bloqueado. ¿Cuando me dieron cocaína en el lanzamiento de Sobredosis? ¿Cuando me escupieron en una feria del libro? ¿Cuando alguien me explicó que mi apellido era un insulto? ¿Cuando capté que muchas ciudades no las conozco como persona sino como escritor? Entonces pensé: mientras menos intente llegar a todo y menos estoy en la fiesta, quizás se olviden de mí. Yo quiero tener lectores, no fama. Mi idea de fama es, no sé, que alguien quiera un afiche de una película mía, que esta se venda bien en Polvos Azules o que haya algunos libros míos por ahí subrayados por lectores. Es otro tipo de fama, uno más de nicho. Escanlar creyó que la TV es la fama cuando la TV es el enemigo (HBO no lo es, claro, ni el canal AMC).

¿Hoy te consideras un outsider?
Outsider en el sentido real nunca lo he sido. Soy un puto chico burgués. Lo que pasa es que soy tímido (mis libros son más sonoros) y no deseo ser parte de la farándula, la locura y la fiesta. Además, los artistas que admiro detestan la fiesta. Mi meta no es ser aceptado por gente que desprecio o ser leído por personas con las que no podría conversar. Me atrae ser alguien que puede tener un lazo con algunos. O contar con unos pocos buenos amigos, para qué más. Mi ego no necesita tanto. Yo nunca quise tener fama, pero la tuve, me hizo daño, la superé y no me mató. Eso ya fue. Ahora solo trato de conectar. Ojalá Invierno, la crónica sobre Escanlar y las novelas nuevas puedan hacerlo


José Tsang (Hong Kong, 1979). Periodista y crítico de cine. Coautor del libro Confesiones fílmicas junto a Pablo J. Ruiz.