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Oquendo en Underwood

La vital relación entre el autor de 5 metros de poemas y la máquina de escribir

Por Luis Alberto Castillo


Resulta imposible pensar el desarrollo de la poesía moderna sin la aparición de la máquina de escribir. El rigor de los espacios en blanco, el ruido, la estridencia, la nueva conciencia sobre la anatomía de la letra, la precisión, la velocidad, el cálculo, la autonomía de la palabra, etcétera. Todos estos elementos distinguibles desde Mallarmé, pasando por dadaístas y futuristas, hasta los letristas y la poesía concreta guardan una relación directa con las ventajas y condicionamientos de la intervención de la máquina de escribir en el quehacer poético. Quizá uno de los pocos críticos que supo medir los impactos de la máquina de escribir en la poesía de su tiempo fue Charles Olson en su teoría del verso proyectivo (1950). En ella señalaba lo irónico que resultaba que a partir de la máquina haya nacido una ganancia fisiológica, si no inédita, al menos muy poco desarrollada hasta el momento. Para Olson, debido a la rigidez y precisión de la máquina de escribir al momento de marcar los espacios entre las palabras, el poeta se había hecho capaz de indicar con exactitud la respiración, pausas, suspensiones y yuxtaposiciones que quería imprimir en el poema:

«Por primera vez el poeta tiene el pentagrama y la barra que ha tenido el músico. Por primera vez puede, sin el convencionalismo del metro y la rima, registrar lo que él ha captado escuchando su propia habla y por ese solo acto indicar cómo él quisiera que cualquier lector, ya sea o no en silencio, declame su obra. Ya es tiempo de cosechar el fruto de los experimentos de Cummings, Pound, Williams, cada uno de los cuales, a su manera, ha usado la máquina de escribir para pautar sus composiciones, para marcar la partitura de su vocalización.»

Sin embargo, en el Perú la tradición crítica ha dejado totalmente de lado la reflexión en torno a los medios que permiten la producción de la escritura. Acaso una de las pocas referencias a la máquina de escribir es un pequeño comentario de Lauer a propósito de los «Poemas Underwood» de Martín Adán. Para el autor de La musa mecánica (2003) la mención a la marca norteamericana de máquinas de escribir «alude a la modernidad del texto, pero a la vez anuncia que son poemas informales y no convencionales, como tocados por una inconsistencia de lo extranjero, y por el efecto distanciador que aquí producen dos idiomas yuxtapuestos en un solo enunciado». Fuera de eso, parece que no ha habido propiamente una preocupación por pensar las modificaciones formales que trajo la máquina de escribir en la producción misma del poema. Y, ciertamente, por el momento tampoco me ocuparé de pensar esas modificaciones, sino que quisiera detenerme en dos poemas (en realidad en dos pasajes específicos de esos poemas) de 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat que aluden directamente a la máquina de escribir de marca Underwood y en los que subyacen consideraciones profundas en torno a la escritura y la anatomía de la letra.

En el poema «New York» aparecen los siguientes versos: «diez c o r r e d o r e s/ desnudos en la Underwood». La imagen no es inocente. Lo que pareciera haber es una conciencia del cambio en el ejercicio escritural que abandona la mano como unidad representadora y pone a los dedos al desnudo a transitar atléticamente sobre el teclado. La palabra «corredores», de diez letras, presenta un espaciado entre letra y letra que no solo le aporta movilidad y velocidad a la palabra sino que nos da la sensación de que cada una de las letras ha sido tipeada (digitada) acaso por cada uno de los diez dedos. De ahí que sea pertinente cuestionar la visión conservadora de que con la máquina se pierde la huella manual de la escritura, cuando en realidad lo que ocurre es que la actividad de las manos se potencia. Quizá a esto último podríamos acotar que la antropomorfización de los dedos como «corredores» establece una suerte de escisión entre el sujeto y sus manos que ahora empiezan a moverse según las exigencias de la nueva escala rítmica a la que las condiciona el medio . La moderna situación de la escritura queda perfectamente retratada en el slogan «TIME IS MONEY» que desciende en una vertical en el centro mismo de la lámina izquierda del poema.
En el poema «Reclam» tenemos nuevamente una mención a la máquina de escribir: «Todos los poetas han salido de la tecla U. de la Underwod» (sic). Selenco Vega (2010) señala con lucidez que el verso alude a cómo la poesía, e incluso los poetas, se constituyen en «elementos de fabricación industrial o son ellos mismos productos que se venden en serie» (de hecho el título mismo del poemario refiera a esta cuestión). Sin embargo, creo que en la elaboración del verso subyace una conciencia en torno a la anatomía letra que no deberíamos pasar por alto. En un brillante ensayo de Sologuren aparece una afirmación sobre la relación entre la representación gráfica de las palabras (específicamente en torno a su materialidad) y su significado, que podría servir para la lectura del verso:

«La estilística ha descubierto valores expresivos que evocan a los objetos reales en la palabra, pongamos por ejemplo, tales como cuna y sepultura, en las que la u (tónica) es un álveo, una cavidad, algo destinado a recibir, respectivamente, la nueva vida y el cadáver. En estos casos, no se trata, como pudiera creerse, de los sonidos en exclusividad, pues es muy probable que en estos se haya tomado en cuenta además su fase de representación escrita, literal. La u de las mencionadas palabras une a su articulación velar y profunda la concavidad receptiva de un signo gráfico correspondiente».

De ahí que podamos decir que en el verso la tecla U se nos revela en su dimensión material, tomando la forma de una cavidad que bien podría tratarse de una cuna de la que salen los nuevos poetas o de una tumba de la que retornan los pasadistas como muertos vivientes tratando de adaptarse artificialmente a los nuevos tiempos. Lo que construye Oquendo es una sinécdoque notable que no solo refiere la omnipresencia de la máquina de escribir en el quehacer poético (TODOS los poetas salen ahora de la Underwood) sino que explota las posibilidades visuales de la parte/tecla elegida.
Mucho se ha insistido en el vanguardismo ingenuo que alcanzó a los poetas peruanos de las primeras décadas del siglo XX. El argumento en torno a las vanguardias como la manifestación paradigmática del desencuentro entre modernidad y nación es sostenible, pero debe ser matizado cuando nos topamos con el desarrollo y dominio de los medios de producción poética (máquina de escribir e imprenta) conquistado por poetas de distintos lugares del país que fueron capaces de sentar las bases de una literatura nacional. Pese a la precariedad material y las ensoñaciones, Oquendo evidencia una conciencia alrededor del medio de trabajo que toca no solo lo referente a la máquina de escribir, sino que resulta necesario pensar la aparición de un poemario como 5 metros de poemas en relación a una muy particular forma de aproximarse a la imprenta y al desarrollo de sus posibilidades


Luis Alberto Castillo (Chiclayo, 1987). Filósofo, investigador y docente universitario. Miembro fundador del colectivo de poesía Ánima Lisa.