Poesía

Dos Poemas

Por Alberto Valdivia


Muerte genética

Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen
y las raíces vuelen.
Juan Ramón Jiménez

No hay extensión más grande que mi herida
Miguel Hernández


a mi X

Tu nacimiento ha sentenciado de muerte a mi nacimiento.
Tu muerte ha sentenciado de muerte a mi existencia absoluta / humana
y germinal.
Tu cromosoma es la síntesis de mis mitades más dolorosas / y tu ausencia /
su vértice de apertura es el desgarro de carne en cada molécula
que la carne reproduce
que el cromosoma inserta en las pieles más interiores la punta de la griega
Y / ahí dentro /
germina nuestra tácita necesidad de ser uno en dos
muertes que se penetran y contaminan biología de postmuerte.

Esta X me pregunta por tu nombre: por tu vacío. Esta equis en el centro
de tu reposo y lejanía
señala nuestro camino y mi final: tu muerte es la muerte en que me niego
sombra y volumen / hombre y respiro en la línea de la mano
espacio mínimo de piel en que esa equis se retira.

Una lágrima es el signo equívoco de la mentida ausencia. Tú
descansas en cada división celular y función de mitocondrias / así
mentir muertes en nacimientos es sencilla alquimia,
a espaldas del antónimo un nuevo cromosoma ha renovado su paciencia
y biología
en la renovación semanal de mis huellas epiteliales.

El cromosoma 21 los datos de tu sentencia lejana
mi cuerpo es una pausa en los abismos de mi vejez genética
y mientras tú / en espacios pequeños / dictaminas biología cotidiana
mi cuerpo es difícilmente eugenésico / tiendo
cromosómicamente a la imperfección
tus cuerpos distantes me ahondan un cuerpo nuevo / de bases y ácidos
en avance y deterioro / mi nacimiento
muere en pausas de un cromosoma distante
atemporal y retráctil
muerto y vivo en la misma cadena molecular
cómo pesa el origen y la muerte en una millonésima de mi cuerpo
millones de veces muerte para completarme.



En la muralla del agua

A Ka, una isla gemela y un reflejo constante


Cómo se proyectan tus sombras bajo el recinto
Amurallado
Cómo es posible esta ruta de dos, en el ejercicio de las ondas marinas
Siempre en retorno de su distancia
Cómo tus ojos en mis ojos así, tan adentro y tan aparte
Está en esta forma de despedida y abrazo, nuestra morada única
Nuestra forma de desenterrar esfuerzos y posibilidades
Del amor al amor
El camino está deshecho de poblados fantasmas y presagios, y tú
Y mis pasos poblados de hierba
Yo te tomo de la mano y avanzas hacia atrás,
Conmigo
Recogiendo los pasos que se llenan de rocío en el alba
nacida de tu voz.
Yo te miro
en los reflejos de tu cuerpo desnudo tantas posibles caricias de aire
en la eternidad del aire
dormida
mientras los dos construimos nuestra sombra corpórea
miles de besos constatan la realidad de tu piel y sus sueños desmedidos
mi rúbrica corporal
sabe de ti por tu respiración acompasada y el movimiento arqueado
de tu espalda
de pétalos que parten el torbellino del aire
en tu muralla de vidrio estamos perdidos de imagen y de vacío
yo lleno los espacios mientras tu imagen transita por las luces tras los muros
no estoy lejos de tu mirada nunca, no estoy bajo tu luz verde, pero dentro
se agrietan las porciones de miedo una a una
como luces bajo su ausencia
y cae, bajo tus manos, tras
un pobre territorio que no sabe ser lindero de dos que no son límite
ni en el borde de su propio cuerpo
entrelazados en un gemido de tu mano en mi nuca
tus muros de sal marina nos arropan líquidamente
ya no caen, ya no trazan pausa y lentitud
para subir a la Acrópolis
eres cuerpo y agua, intenso recorrido, nexo de espaldas
que sobre nosotros determina el momento en que dos islas no están más
en lo profundo
separadas por el mar.


Andrés Hare (Lima, 1986). Ha publicado dos libros de poemas:Museo (AUB, 2005) y Tarea silenciosa (Paracaídas Editores, 2012).

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