PENCAS
Reseñas

Naturalismo barroco

Pencas ■ José Morales Saravia ■ Paracaídas (2014) ■ 132 páginas ■ 30 soles


Poesía. Hay algo deliberadamente anacrónico en la escritura de José Morales Saravia. Algo que no es solo un gesto ni una posición subjetiva ni una aspiración insular. Los motivos son varios, pero pueden precisarse dos. Por un lado, el autor se ha planteado situar a la Naturaleza como eje articulador de un trabajo poético a lo largo de más de 30 años. ¿Qué podría aportar el poema a ese tópico tan visitado por el romanticismo y circunscripto desde hace tiempo al ámbito de la investigación científica más que a la labor de la metáfora? Lo singular (lo admirable) de este proyecto se evidencia en la forma en la cual el autor traspasa y desmorona cualquier concepto previo que tenga el lector sobre la Naturaleza como sujeto de una comunidad. El paradigma hacia el cual están consagrados los versos dista de referirse a lo natural como aquel espacio de signos donde el poeta a través de la observación detenida busca un desciframiento que le proveerá un saber, un haiku, una revelación. De igual modo, los versos se apartan de concebirla como un idílico territorio donde el hombre moderno, cansado de sí mismo y de la cultura del rendimiento, se dirige en busca de paisajes despoblados con el anhelo de reencontrar una subjetividad extraviada. Ni compulsión representacional ni epifanías de identidad ni ensoñaciones de un paseante solitario, se encontrarán aquí. Aquello que hay en los poemas es la Naturaleza como un espacio irregular («un magma que se va cultivando», según la exacta definición de Abelardo Oquendo) capaz de sostener y alojar las formas verbales que se hallan limitadas en el discurso consensuado: un lugar donde las palabras logran disociarse de la sombra gramatical que las cohesiona. Tal vez lo apropiado sería afirmar que Morales Saravia «inventa» en términos poéticos un concepto de Naturaleza del cual extrae consecuencias que hacen de su escritura uno de los pocos espacios contemporáneos que solo se explican por la práctica misma de las palabras. Por otro lado, el autor se ha planteado no solamente escribir libros de poemas, sino voluntariamente una obra. La diferencia no es solo cuantitativa. Lo enciclopédico-poético asoma como uno de los rasgos de un estilo dominado por una racionalidad irónica (no es difícil imaginar a JMS pasando de la risa a la seriedad absoluta, mientras escribe) que se amplía bajo un principio unificador en un diálogo persistente con la historia literaria.

Pencas, su último libro, cuyo título corresponde a una sección de Cactáceas (1979), se inicia con una reescritura de esos poemas. Sin embargo, el centro de la propuesta reside en las cinco variaciones tituladas «Los males de la flor». Es acá donde la envoltura clásica (sonetos, títulos reproducidos de la obra central de Baudelaire, acentos del siglo de oro, climas de Saint John Perse) resulta erosionada por composiciones de versos que producen lazos arbitrarios: rimas ilegítimas, homofonías disruptivas, neologismos, sustantivos de género modificado, supresión de conjunciones. Toda una anarquía gramatical habita en la estricta pulcritud de estos sonetos que fisuran barrocamente y sin culpa las huellas del spleen parisino.

Pencas es una contra-historia natural en impecable deriva. Bajo esta lógica, el libro puede realizar el objetivo primario de cualquier régimen poético: inventar relaciones que no anteceden al uso y la función verbal. Una violenta metodología de la saturación guía esta obra que se apropia del neobarroco y sus medios de composición para construir versos donde las formas clásicas resuenan nítidas en la mayor intemperie sintáctica: claustros corredores apagan cuarzas luciérnagas. Por Emilio J. Lafferranderie


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