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Reseñas

Una idea genial

Inés Acevedo (Buenos Aires, 1983) Alpha Decay (2012) ■ 136 páginas


Novela. Es un domingo por la noche y bajo ada vez más en el news feed de Facebook. Dos amigos discurren sobre una foto en la que miss Rusia escribe mal el nombre de su país. Otra amiga comparte una nota del Huffington post sobre un tipo que toma fotos de gente que lee en el subterráneo. Selfis. Memes. Frases de autoayuda.

Intento, por enésima vez, dejar de postergar la escritura de esta reseña y termino por caer en cuenta de que el encanto de una idea genial es el mismo que me atrae a esos detalles nimios de la vida de mis contactos. Esas historias mínimas que sueltan gotas en el mar de información de Internet. Le llaman «new sincerity».
Una idea genial es una autobiografía que Inés Acevedo escribió a sus veinticinco años. Varias páginas de realidad y otras de ficción se desarrollan en Tandil, en la provincia de Buenos Aires.

¿Qué tendría uno que contar a los veinticinco años? Una serie de relatos sin orden cronológico. Un fluir de conciencia que ya no se detiene a estudiar el lenguaje del pensamiento y la memoria, sino que muestra relatos cotidianos y la búsqueda de identidad de escritores tan anónimos que no tienen página en Wikipedia.

La vida de Inés es la de cualquiera, con una familia disfuncional en un rancho en Argentina. Son esos lazos de sangre un obstáculo ineludible en la construcción de la felicidad propia. A través del espejo, la protagonista aprende a separarse de esos ligámenes. «Cuando me mudé sola a mi cuarto, un día mi mamá abrió la puerta y me encontró mirándome en el espejo fijamente. ¿Qué hacés? Me preguntó, y a mí me dio vergüenza. No era vanidad. Me miraba por el simple asombro de que yo sea esto?».

Ante ese abismo familiar, existen dos salvaciones, que a fin de cuentas son la misma cosa: la lectura y la escritura. «Solamente me importaba leer, porque esto implicaba una situación de quietud, preciada para mí». Poco después llega el momento de tomar una mesita y ponerla en su cuarto para empezar a escribir. Es esa una idea genial: hallar, a través de la pluma y los libros, otro espejo donde encontrarse.
Por Melissa Hernández.


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