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Reseñas

Cuentas pendientes con el pasado

Los rendidos. Sobre el don de perdonar ■ José Carlos Agüero (Lima, 1975) ■ Instituto de Estudios Peruanos (2015) ■ 160 páginas ■ 25 soles


Memorias. En 1986, José Manuel Agüero murió durante el motín en el penal El Frontón. Su esposa, Silvia Solórzano, fue asesinada en 1992 de tres disparos en la cabeza. Ambos militaban en Sendero Luminoso. Uno de sus hijos, José Carlos, se convirtió en historiador, poeta, activista de los derechos humanos y recogió testimonios de la violencia en Ayacucho para la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Durante muchos años escribió textos breves sobre la experiencia de ser hijo de terroristas. Los rendidos es la recopilación de esos relatos.
Agüero cuenta que cuando era niño su familia se mudaba cada vez que un senderista cercano a ellos era capturado y que en su adolescencia tuvo que afrontar reacciones negativas de algunos familiares de sus amigos al enterarse de la militancia de sus padres. También comparte sus sentimientos contradictorios frente a la muerte de su madre, las razones por las que él condena decididamente el terrorismo y otras historias personales. Sus experiencias sirven como punto de partida para reflexionar sobre la guerra interna y sus consecuencias. Así, convierte a sus textos en una combinación eficaz de relato autobiográfico y ensayo.

A lo largo del libro, el autor se pregunta por la validez de ideas, categorías y perspectivas que se utilizan para abordar la violencia que padecimos los peruanos durante los ochenta y parte de los noventa. Repasa conceptos como inocencia, culpabilidad, complicidad o memoria para proponer una mirada que revele las razones que impulsaron a cada miembro de Sendero Luminoso hacia la violencia. Esos cuestionamientos no intentan justificar o diluir la responsabilidad de sus padres ni de otros integrantes de Sendero Luminoso. Su objetivo es demandar nuevas luces que permitan comprender mejor el terrible capítulo que significó la guerra interna en el país. Los resultados de ese ejercicio muchas veces son contradictorios, discutibles, pero constituyen una invitación a pensar nuestra historia reciente y contrastar opiniones. Los rendidos no persigue obtener conclusiones definitivas, busca abrir un diálogo.
El autor cuenta sus historias con sobriedad, sin caer en dramatismos, y se esfuerza por librar sus reflexiones de prejuicios y lugares comunes. Uno de sus mayores aciertos es la construcción de una voz narrativa que resulta cercana y auténtica. También destacan el intento de comprender el lado emocional de los involucrados en la violencia y la capacidad de abordar temas complejos sin caer en análisis pretenciosos.

El perdón al que se refiere el subtítulo del libro funciona como un mecanismo que permite vivir sin olvidar el pasado y, al mismo tiempo, evita quedarse atrapado en él. El autor cuenta que para alcanzar la capacidad de perdonar tuvo que dejar de lado el orgullo, aceptar la realidad, asumir su condición frente a los demás y ofrecer perdón sin esperar nada a cambio. A ese proceso lo denomina «rendirse». Constituye un camino complejo que conjuga lo personal y lo social, el pasado y el futuro, asumir el papel de víctima y liberarse de él, así como la resolución de otras contraposiciones. No es una receta general, se trata de un testimonio particular que ilustra la complejidad de las secuelas de la violencia.

Agüero aspira a que los peruanos podamos reconocernos en su experiencia o, al menos, intentemos comprenderla. Nos invita a pensar sobre la guerra interna sin miedos, con madurez. Nos recuerda que tenemos ese desafío pendiente. Por Rocco Reátegui


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