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La fantasía de ser salvaje

Por Vera Lucía Jiménez


Durante el almuerzo, F me confía una idea nueva para su futura película. Mientras escribo, me doy cuenta de que estoy plagiando pasajes completos de nuestra conversación y no sé si seguir adelante. Para mi tranquilidad, estas ideas no son exclusivas de F. Tampoco mías. De hecho, fueron escritas siglos antes por cronistas españoles e incluso algunas de ellas han aparecido en varios ensayos de Rousseau. Esta circunstancia me ha hecho pensar que todos, sin excepción, nos hemos referido alguna vez al buen salvaje.
Un buen salvaje es una fantasía creada por el hombre occidental después de encontrarse por primera vez con el indio americano. Al verlo, pensó que había conocido al hombre en su estado natural e imaginó que sería noble e inocente. Después de darle varias vueltas al mismo asunto, veo que tanto para F como para la mayoría de intelectuales europeos, la idea del buen salvaje es el resultado de una falsa nostalgia. Digo falsa porque no es sincera: a nadie le gustaría regresar a un estado de completa ignorancia y dudo que alguien sintiera simpatía por otro hombre incapaz de razonar como él. Probablemente lo único honesto de esta fantasía sea lo que ella revela de nosotros: la añoranza de un tiempo en el que no éramos seres racionales. Pensar nos ha diferenciado de otras bestias, pero nos ha vuelto incapaces de alcanzar la felicidad.

Vera Lucía Jiménez (Lima, 1989). Es periodista y diseñadora gráfica egresada de la PUCP. Fundadora del taller de diseño La Cuche. Su trabajo ha aparecido en publicaciones como La Neif (México), MagCulture (Inglaterra) y Gráffica (España).


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