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Reseñas

Número cero

Umberto Eco (Alessandria, 1932) ■ Lumen (2015) 224 páginas ■ 59 soles


Novela. La impostura elaborada, la difusión de la misma y la manipulación de la información para alcanzar ciertos beneficios –considerando también algunos fines siniestros de por medio–, no son más que los puntos base de esta historia que muestra el lado más sórdido de la prensa escrita. Para ello, resulta ineludible no considerar como antecedente al capitán Simonini, personaje central de El cementerio de Praga (2010), cuyo habitual proceder consistía en redactar documentos falsos por encargo, además de desarrollar falsas conspiraciones, sostener algunas intrigas y tergiversar –a su antojo– esas noticias para perjudicar la vida de algunas personalidades de incómoda presencia. Lo mismo sucede con Colonna, que es presentado en una doble tipografía dentro del texto para diferenciar el antes y el después de su incursión en este tipo de actividad. O mejor dicho, para distinguir aquel resultado -o paranoia–, ante tanta truculencia inventada por ese periodismo del que ha formado parte. Como registro de ello, quedan esos capítulos fechados entre los meses de abril y junio de 1992, donde pasa a ser parte del equipo de prensa que creará Domani, el diario dirigido por su jefe Simei, y que pertenece al «Commendatore», dueño de un poderoso imperio de las comunicaciones en Italia, cuyo único fin es crear un pasquín lleno de números ceros que solo especularán con la noticia, y que en realidad, nunca saldrá a la venta. En este trabajo, Colonna conocerá a Maia Fresia, con quien tendrá un romance a pesar de arrastrar esos cincuenta años que se caracterizan por tener toda una serie de fracasos de diversa índole. En estas jornadas, también conocerá a Romano Bragadoccio, quien hace un alto a sus labores dentro del diario para obsesionarse con esa noticia que concierne a la verdadera muerte de Benito Mussolini. Anécdota que trasciende en lo ficticio al enlazarlo con la temida operación Gladio, cuyos actos se relacionan a una serie de atentados como el que sufrió el papa Juan Pablo II. Todas estas conjeturas y pesquisas, compartidas casi en secreto, son el acicate para crear el escepticismo y la sospecha de lo que se asume como verdad. Y en este cuestionamiento se encierra esta novela, cuya brevedad hace extrañar la extensión habitual de sus antecesoras. Por Omar Guerrero


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