La-pasion
Reseñas

La pasión según G. H.

Clarice Lispector (Chechelnik, 1920 – Río de Janeiro, 1977) ■ Siruela (2013) ■ 156 páginas


Novela. «La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran desafío eterno», escribió Clarice Lispector en Un soplo de vida (pulsaciones). El fragmento bien puede servir para describir la personalísima exploración que realiza la protagonista de La pasión según G. H. En ella se va mostrando cómo G. H., una escultora acomodada de Río de Janeiro, sufre una transformación que la conduce por los caminos de la trascendencia, la redención y la neutralidad.

No hay un argumento unívoco en La pasión según G. H. Asistimos a la simultaneidad de planos que la narradora –quien interpela a un amante a lo largo de la novela– arma a partir de un encuentro misterioso con una cucaracha en una de las habitaciones de su apartamento. G. H. se va convirtiendo en la cucaracha, y esta, a su vez, con su cara facetada y sus tripas blanquecinas, va absorbiendo la humanidad de la escultora, llevándola hacia lo arcaico, lo primigenio y todo aquello que, como bien sabía Lispector, no puede ser asido por la palabra.
«Quiero el tiempo presente que no tiene promesas, que es, que está siendo. Este es el núcleo de lo que quiero y temo. Este es el núcleo que jamás quise». A punta de oraciones como la anterior, escritas con una mezcla de belleza y misterio (fue Lispector una estilista de las más grandes de todo un siglo), la narradora desciende por los caminos del asco hacia ese descubrimiento de capas duras que es el centro de la existencia; una auténtica anagnórisis: al ser se le revelan capas de sí, ocultas hasta ese momento.

La pasión según G. H. pertenece a ese grupo de obras que lidian con el asunto de la transformación de una vida anodina en un momento preciso de cansancio, hartazgo y estatismo. Quizá sea esta la obra maestra de Lispector, y su lectura nos resultará no solo reveladora, sino un auténtico punto de partida para nuestras propias disquisiciones, nuestra propia búsqueda de lo arcaico y primordial. Por Guillermo Barquero.


Recomendados:
Mi hermano alemán (Chico Buarque)
El placer de la lectura (Fernando Savater)

¿Escribes reseñas y quieres compartirlas en nuestra web? Escríbenos a libros@buensalvaje.com contándonos en dos líneas quién eres, y sobre qué libros quisieras escribir 350 palabras. Sé específico y, si tienes un blog, indícanoslo.