El-impostor-(Fangacio)
Reseñas

El impostor

Javier Cercas (Cáceres, 1962) ■ Random House (2015) ■ 420 páginas ■ 59 soles


Novela. Probablemente lo más cercano a esta novela sin ficción no sea un libro sino una película, la admirable F for Fake de Orson Welles, que aparece además citada en este libro y que constituye una especie de ensayo fílmico del genio del cine, que busca jugar con los límites de la verdad y de la mentira tomando como pretexto la vida y obra –sobre todo la obra– de Emyr de Hory, el más grande falsificador de pinturas de la historia, capaz de las réplicas más engañosas y de los timos más inteligentes. Un genio en el arte del engaño, como el propio Welles, y como el mismísimo Cercas: autor, narrador, personaje y genio en la botella de El impostor.

No es casual que Cercas empiece esta «novela» –el género es (casi) prescindible– con aquellas decisiones que enfrenta como escritor frente a un tema que lo atrae pese a que el personaje lo repele. Ese es el gran tema del libro finalmente: cómo se escribe un libro o cómo se crea una ficción. Y en eso Cercas, quizás incluso más que el genio Enric Marco, es el verdadero impostor.

No hay spoilers posibles. Todos sabemos que se trata de la historia de un mentiroso. De alguien que no solo inventa un engaño sobre su participación –su falsa resistencia heroica– frente a uno de los crímenes más execrables de la humanidad, sino que además fue por mucho tiempo querido y admirado por contar de manera hermosa sus mentiras (Cercas hace recaer parte de la responsabilidad en los periodistas, siempre listos para repetir mentiras siempre que estas estén bien contadas); o más que hermosa, atractiva, que es lo que hacen todos quienes mienten (mentimos, nadie se escapa aquí). Y Enric Marco –como el buen Emyr de Hory– es el mejor, el genio, el puto amo, como le dice a Cercas su hijo (o a Cercas personaje su hijo personaje, no se deje engañar).

Cercas el personaje –pero más que el personaje, el que debe ser por lejos es el mejor ficcionador español de estos tiempos– busca comprender a Enric Marco, el ser humano, el mentiroso por excelencia. Y escudriña en sus resquicios más profundos, lo llega a conocer y sobre todo admirar. Pues Marco ha hecho algo que quienes escriben y ficcionan no siempre son capaces de hacer: llegar a la perfección en el arte del engaño. Después de todo, eso hace tan atractiva a la novela: la posibilidad de crear una alteridad que extrae al lector de su mundo (real). Y Enric Marco lo hace con su vida misma. No solo ha engañado a todos quienes creen que fue un sobreviviente de un campo de concentración. Sus mentiras van más atrás. Marco ha sido capaz de crear un personaje que es él mismo y que es querido y admirado por haber sido además un luchador contra el franquismo, por haberse opuesto a todos los males con que se enfrentó. Ha hecho eso durante toda su vida y solo cuando está a punto de consagrarse es descubierto. Es la historia perfecta.

Cercas ha descubierto en esta novela que Marco es un notable impostor. Pero es quizás el impostor que todos quisiéramos ser, el personaje perfecto de la novela perfecta que quisiéramos escribir y que quisiéramos que se convierta en realidad (no hay moral que valga aquí). Marco es el autor que logra que todos crean en su relato de ficción –que además es su vida: admirable y deseable–. Sabemos que el final de Marco no es el que hubiera querido. Fue descubierto por un historiador, por el público, por todo el mundo. Y es que Marco es solo un personaje. Como lo somos nosotros, siempre buscando ser alguien mejor de lo que somos, simples lectores de El impostor. Finalmente, Cercas es el puto amo. Por Allain Huaroto


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