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Reseñas

De qué hablo cuando hablo de correr

Haruki Murakami (Kioto, 1949) ■ Tusquetes (2011) 232 páginas ■ 46 soles


Ensayo. Los libros de Haruki Murakami generan las reacciones más diversas posibles. Nunca llegan a ser indiferentes. Despiertan innumerables elogios y feroces ataques. Algunos acusan al escritor japonés de ser un innovador con una mirada global, mientras que otros lo rotulan como un facilista de visión comercial. Sin embargo, más allá de sus narraciones –donde la realidad, la fantasía y lo onírico convergen– el espacio que deja para el ensayo aparece directo, divertido y lúcido. Es así como presenta De qué hablo cuando hablo de correr.

Murakami cuenta sus experiencias deportivas, específicamente en el ámbito del maratón. Corredor desde los 33 años, tras cerrar el bar de jazz que regentaba junto a su esposa, el autor detalla cómo fue su incursión en las carreras y qué tipo de relación tiene esta práctica con el acto de escribir. Con una prosa sencilla, que va contando anécdotas propias y ajenas, Murakami evoca las etapas de preparación que paulatinamente va trazando antes de participar en una competencia.

En clave de humor, el escritor oriental revela sus gustos, preferencias, manías y ritos deportivos, a partir de dos premisas recurrentes: el cuestionamiento al acto de correr y cómo esta actividad puede tener una asociación con la vida misma.

Pasajes destacables –por la empatía que la narración genera en el lector y la lograda construcción de los hechos– del libro aparecen cuando Murakami explica cómo y en qué momento decide hacerse escritor y corredor; también al detallar su entrenamiento para un ultramaratón de 100 kilómetros, para un intenso y torpe triatlón, o cuando hace el recorrido ateniense idéntico al de los juegos olímpicos.

Se podría pensar que De qué hablo cuando hablo de correr es un libro con etiquetas, que solo puede interesar a corredores y lectores de Murakami. No es así. El texto tiene múltiples lecturas – ¿acaso esa no es una de las riquezas de la literatura? – en un sentido que no intenta glorificar el acto deportivo, sino reflexionar acerca de la naturaleza humana sin caer en la autoayuda. Un intento por explicar que tanto la literatura y las carreras no son actividades que estén integradas por exponentes de talento innato, sino que tienen a seres solitarios que a tiro de constancia llegan a cumplir un objetivo, sin que ello garantice una satisfacción real. Por Raúl Ortiz Mory


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