Poliantea_(Fangacio)
Reseñas

Poliantea

Marco Aurelio Denegri (Lima, 1938) ■ Fondo Editorial UIGV (2014) ■ 248 páginas ■ 60 soles


Ensayos. En el capítulo «Ideas y creencias», que abre el libro, la primera cita corresponde a Apología del Sofista de Fernando Savater y destaca el oxímoron «tinieblas que alumbran», que hace referencia al pensamiento como atributo que dificulta la vida pero que también es la máxima expresión humana. Las tinieblas son la razón y la inteligencia enfrentadas a lo desconocido; la expresión lumínica de tal oscuridad son las ideas. Marco Aurelio Denegri, polígrafo autodidacta, viene formulando, debatiendo y aclarando ideas con análisis y evidencia desde hace décadas y es posible presumir que continuará por mucho tiempo más. Poliantea, voz griega que significa «de muchas flores», es una colección de apuntes y comentarios sobre distintas materias.

Lo cierto es que sería ligero denominarlos solo «comentarios». Muchos capítulos se constituyen en breves ensayos. Las polianteas fueron colecciones misceláneas enciclopédicas entre los siglos XVI y XVIII, que abordaban enorme variedad de temas, y en ese sentido el nombre de este libro es de sobra apropiado: va de la cacosmia al humorismo; de fraccionar la eternidad a los afiladores de cuchillos; de la problemática de dar las gracias, a la estupidez y la tristeza.
La vida es quehacer, la inmovilidad es la muerte. Y si el pensamiento es la esencia de la acción, este libro está más vivo que mucha gente sin espíritu por subyugación, limitación o preferencia. Es una expresión del quehacer que es la vida, por lo que resulta difícil imaginar a Denegri aburrido o tratando de matar el tiempo. Matar el tiempo es matar la vida y esa es predilección de los aberrados. Repito: la vida es quehacer. Y los hacedores son los menos, pero se multiplican con los libros.

Todo pensamiento es político, las ideas incomodan y las creencias acomodan. Todo lo que existe es susceptible de cuestionamiento y reflexión. Algunos temas de este libro pueden herir susceptibilidades, pero qué bien que lo hagan, porque hay honestidad, investigación profunda y una pluma certera y elegante. No hay nada más testarudo que los hechos, decía Lenin. Cuando se sabe que el escritor trabaja con interés, atención y perseverancia, uno puede aprender, cuestionar o incluso incomodarse para bien, que ya va siendo hora. Por Renzo Rodríguez


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