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Reseñas

Los reconocimientos

Los reconocimientos ■ William Gaddis (Nueva York, 1922-East Hampton, 1998) ■ Sexto Piso (2014) ■ 1376 páginass


Novela. Los reconocimientos se publicó en 1955 con una dura recepción crítica que con el tiempo se ha revelado falsa: estamos ante un clásico. Puede establecerse un vínculo con Thomas Pynchon y su obra, y añadirse también, como en el caso de este último, que Gaddis es un autor de difícil lectura: construye sus obras con diseños barrocos y su prosa es camaleónica: pocas veces he encontrado a un escritor capaz de exponer sobre el papel una mixtura tan compleja y rica de técnicas literarias que tomen como referencia toda la tradición literaria de occidente. Considero que Los reconocimientos debe vincularse, en ese sentido, directamente con Tristram Shandy tanto en lo referido al contenido como a la forma. Por otro lado también puede adivinarse en la prosa de Gaddis un conocimiento notable de la tradición novelística del siglo XIX, con Dickens como referencia fundamental. Este hecho no es baladí y en mi opinión justifica y sustenta uno de los temas principales del libro: la imitación y la falsificación. Puede leerse la obra como una novela pero también como un ensayo metaliterario sobre ambos temas. En Los reconocimientos, el personaje principal, Wyatt Gwyon es un pintor de falsificaciones que todavía cree en el sentido del arte en un siglo donde éste ha sido mercantilizado y banalizado. A través de la de la suplantación de cuadros flamencos realiza una búsqueda espiritual en el contexto de un mundo occidental por completo literalizado. Existe una presencia constante y notoria de Eliot a lo largo del texto, y la sola mención de este autor explica en gran medida el gigantesco espectro de influencias que abarca esta obra.

A partir de Los Reconocimientos podemos establecer una cadena triunfal: Gaddis-Pynchon-DeLillo. Encontramos en ellos la misma voluntad por diseccionar las estructuras de poder que afectan a la condición humana y el mismo interés por analizar las causas y consecuencias de la mercantilización del arte, un tema también tratado posteriormente en su obra; encontramos también en los tres autores un mismo procedimiento: una construcción coral de las voces de los personajes estrechamente ligada con Faulkner. En el caso de Gaddis en particular, destaco con total devoción su maestría a la hora de construir diálogos, cuya cumbre alcanzará en otra de sus obras, JR, acreedora del National Book Award en 1976. Felizmente, la traducción de Juan Antonio Santos conserva en gran medida la fuerza y la naturalidad expresiva del autor del original en ese ámbito.

Estamos ante una ópera prima de mil cuatrocientas páginas. Mi recomendación para el lector: no debe esperar encontrar aquí una novela de trama al uso. Lo que aquí se ofrece es un vasto universo personal que, más allá de fastuosa demostración de genialidad, ofrece una visión única, en ocasiones enfebrecida y en ocasiones erudita hasta la extenuación, de la realidad. Como en el caso del Ulises de Joyce, Los reconocimientos no es tanto una novela, sino lo que algunos críticos han llamado una épica de la conciencia. Desentrañar sus claves es un ejercicio duro pero gratificante. Hoy, con perspectiva, celebramos la publicación en España de este texto que con el tiempo se ha confirmado como un clásico absoluto y que nos ofrece una clave de lectura imprescindible para comprender la tradición novelística norteamericana del siglo xx. Por Víctor Balcells


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