En_el_cafe_(Modiano)
Reseñas

En el café de la juventud perdida

Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) ■ Anagrama (2014) ■ 132 páginas ■ 49 soles


Novela. El arte de recordar (o inventar) para no desaparecer. Un poco como el Narrador de Proust, describiendo el ideal al que aspiraba el trabajo de Bergotte, a quien solo le importaba que pudiese decirse de aquello que escribía que «era una cosa suave»: algo (o mucho) de eso es Modiano para mi gusto; hay una civilizada suavidad, una angustia, sí, pero atravesada de elegancia; hay detalles, pero no abundancia de detalles. Un texto de terciopelo, aunque en retazos, bueno para consolarse del frío al filo de la tiniebla (porque ustedes saben que imaginar es consolarse, que estilizar es consolarse); pero no, no hay, ni habrá, en contraste, ese fondo salvaje, que se agite sin tregua y furioso, sino una operación, curiosa, metódica, terca, melancólica, y moderadamente heroica, de tentativa de salvataje de aquello que desde antes de haberse perdido no podía salvarse… pues ni siquiera se llegó a vivir o a conocer… La vida igual sospecha y aleteo o conjetura y no mordiente certeza viva en las carnes. Lo que sucedió (un personaje, Louki, dejó huellas significativas en las vidas de quienes apenas la conocieron) es casi un no-suceso, una historia deliciosamente porosa, borrosa, casi la promesa sabrosa de un sabor que nunca se saboreó. Personajes víctimas de sustracción ontológica, incapaces de plenitud o acción decisiva, o explosiva, liberadora; entonces la prosa de Modiano podría susurrarse coqueta, a sí misma, a lo Beckett: «Yo no existo. El hecho es evidente». Novelista: laborioso cartógrafo de puntos perdidos (datos-puntos). Infantiles dibujos de personas, objetos y animales que uno completaba a lápiz unificando mediante líneas los innumerables puntitos… Así me siento, al leerlo. Pero dentro, las figuras están escasamente coloreadas. Rigor para lo suave, firmeza para sostener la inseguridad… La sospecha bien fundada de que uno podría ser un fantasma. De que cualquiera lo es. De que no hay cómo escaparse. La necesidad de afirmar los lugares como más fuertes, más permanentes que los seres humanos. La imaginación verbal de Modiano es un abrazo insistente de reconocimiento hacia lo frágil. Un soplador de neblinas. La amenaza. El mundo puede, en cualquier momento, esfumarse. Modiano lo rescata, incluyendo con sabiduría, en medio de su indagación hipnótica, la inminencia de su desaparición. Por Mario Castro Cobos


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