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Reseñas

El núcleo del disturbio

El núcleo del disturbio ■ Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) ■ Santuario Editorial (2014) ■ 35 soles


Cuentos. Mi primera aproximación a la obra de la argentina Samanta Schweblin ocurrió en el 2009, cuando la editorial Estruendomudo publicó en Lima Pájaros en la boca –conjunto de relatos que había conseguido, el año anterior, el importante premio Casa de las Américas–. El flechazo fue inmediato. Solvencia en el lenguaje y un universo narrativo singular evidenciaban a una autora de probado talento. Sin embargo, Schweblin ya había dado muestras de sus dotes narrativas algún tiempo atrás con su ópera prima El núcleo del disturbio (2002), que ahora, gracias a Santuario Editorial, se encuentra al alcance de los lectores peruanos.

Si bien El núcleo del disturbio nos muestra un abanico de géneros y de tratamientos –que se calibran mejor en su segundo libro–, se advierten también ciertas recurrencias. Por ejemplo, la impronta fantástica que, en mayor o menor medida, acompañan a varios relatos. Lo fantástico entendido, en este caso, como aquello extraño que irrumpe en medio de lo cotidiano. Más cerca de Bioy Casares que de Borges, por decirlo de alguna manera.

Lo fantástico lo vemos con más claridad en cuentos como «Agujeros negros». Una mujer acude donde su médico pues tiene un serio problema: se encuentra normalmente en un lugar y de pronto, de la nada, aparece en otro. O en «El momento», en donde hay un personaje que se hace llamar Dios y regenta un bar, al mismo tiempo que administra una especie de revelación mágico-turística que les proporciona a los visitantes un segundo más de vida. O algunos relatos en donde lo fantástico es más sutil. En «Más ratas que gatos», por ejemplo, una familia acude a un teatro sin presagiar que la paz que reinaba hasta ese momento mutaría en una violencia irracional, delirante.

Otro cuento que destaca del conjunto es «Hacia la alegre civilización de la capital». Aquí, un hombre queda varado en una estación –para siempre, aparentemente–, al no tener el dinero exacto para adquirir un boleto. Con otros compañeros de infortunio planeará la manera de abordar el tren y llegar a su supuesto destino. El absurdo beckettiano presente en este angustiante relato recuerda por momentos a «La encrucijada» de Julio Ramón Ribeyro.
Otra característica del libro es que muchas de las historias indagan en las oscuridades de la naturaleza humana. «Matar a un perro», en el cual un hombre debe pasar una cruel prueba para ser contratado por una organización siniestra, es una evidencia clara de ello. Podemos mencionar también «Mujeres desesperadas», cuento en el que una mujer es abandonada por su esposo el día de su luna de miel en un alto en la ruta. Allí ella descubrirá otras mujeres con idéntica suerte. Algunas aún poseen la esperanza de que vuelvan por ellas, otras ya se entregaron a la resignación. El final del relato es tan inesperado como estremecedor.

El primer paso en la literatura suele ser complicado. Tanto que algunas veces resulta ya un hallazgo advertir en aquellos primeros libros algunas cualidades que presagian un desarrollo ulterior. El caso de El núcleo del disturbio es menos frecuente aún. Se trata de una ópera prima de calidad homogénea: no hay ningún relato que desentone. Un conjunto afiatado, con personalidad, no un simple rejuntado de cuentos. Hay la intención de un libro cohesionado. Samanta Schweblin demostraba ya con este libro ser una autora para empezar a tener en cuento. Lo que vino después solo confirmó su talento de cuentista. Ya ha publicado su primera novela. La expectativa es creciente. Por Carlos M. Sotomayor


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