Del_tiempo_(Fangacio)
Reseñas

Novela de la desmesura

Del tiempo y el río ■ Thomas Wolfe (Carolina del Norte, 1900-Maryland, 1938) ■ Piel de Zapa (2013) ■ 690 páginas ■ 95 soles


Novela. Del tiempo y el río es la obra cumbre de Thomas Wolfe. Publicada tres años antes de su muerte, suscitó todo un fenómeno en la época y consagró definitivamente a su autor, valiéndole la admiración del mismísimo William Faulkner así como, más tarde, la de Philip Roth y William Styron, entre otros.

La novela fue el resultado de un trabajo sumamente intenso, que comenzó con la producción de miles de folios por parte de su autor. En ellos, narraba la épica biografía de Eugene Gant, su álter ego, sin preocuparse de si el conjunto tenía la estructura propia de una novela –entendida, claro, en el sentido clásico–, obsesionado como estaba con su desmesurado proyecto, comparable quizá solo al de Proust.
La edición del libro fue obra del legendario Maxwell Perkins –editor también de Fitzgerald y Hemingway–. Menudo trabajo: se dice que el manuscrito original constaba aproximadamente de quince mil cuartillas, que llegaron en dos taxis a las oficinas de Perkins… para salir de allí, meses después, convertidas en un único paquete con poco menos de novecientas páginas.

Gracias a esta particular confianza entre autor y editor, vio la luz una de las obras literarias más importantes del siglo XX: Wolfe podía escribir y escribir de la vida de Eugene Gant, lo que equivale a decir también, una y mil veces de sí mismo –lo que muchos le achacaban–: su infancia y orígenes en el Sur de Estados Unidos, sus estudios en New York, el posterior y necesario regreso a casa de su padre, su viaje a Europa y final retorno a América. Podía hacerlo confiado de que Maxwell, por entonces –y ante todo– su mejor amigo, haría más tarde el trabajo de recorte y ordenado con el debido rigor.

Maxwell decía que Thomas Wolfe era en esencia un vagabundo, uno de insaciables ganas por conocerlo todo, con la mente siempre en otra parte, más allá, en el espacio abierto del continente, a la talla de su ambición. En efecto, el subtítulo de la novela –«Una leyenda sobre la ansiedad del hombre en su juventud»– ofrece, de antemano, claras luces sobre el carácter del autor, explicitado después a través de su propia narración: así como Eugene Gant quiere verlo todo, probarlo todo, leerlo todo, conocerlo todo, Wolfe deseaba decirlo todo y abarcarlo todo en su obra. De allí su desmesura… y el necesario trabajo de Perkins.

De modo que ahí están, en Del tiempo y el río, los viajes en tren a altas horas de la noche, nada más que para «estar allí» y descubrir cada nueva tierra, el trajín de cada senda; los personajes y cada gesto suyo; los más de veinte mil volúmenes solicitados a la biblioteca de la universidad por Gant/Wolfe durante su época de estudiante; sus horas en aulas, los paseos, la comida; cada impresión: los aromas, tonos de luz de amaneceres, ocasos, o reflejos en agua de farolas… Su memoria completa, sus reflexiones. Y Wolfe lo expresa todo a través de una prosa exuberante, que por sí sola justifica la aventura de perderse en sus páginas. En ella abundan las descripciones pormenorizadas, exquisitas; oraciones extensas, densas, y en estas, adjetivos encadenados para decenas de matices. Un espectáculo grato y envolvente, pese al cierto esfuerzo que requiere.

Del tiempo y el río es más que un título importante: da nombre a una aventura intensa, vasta, e imperfecta; una auténtica experiencia. Por Juan Pablo Torres Muñiz


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