Conversaciones_(Fangacio)
Reseñas

Conversaciones. Con ojos del siglo XX

Santiago Pedraglio (Lima, 1945) ■ Fondo Editorial PUCP (2014) ■ 482 páginas ■ 66 soles


Entrevistas. La conversación es hoy un pasatiempo lujoso que desafortunadamente ya pocos practican. Por eso un libro como este exige doble atención: primero, merece una reflexión para entender bien aquello de lo que conversa Santiago Pedraglio con algunos personajes clave para comprender el Perú del siglo XX, que van desde un expresidente hasta reconocidos periodistas, pasando por políticos, artistas, músicos y luchadores sociales; segundo, obliga a que el lector se ponga en esa situación extraña de tercero –más es concordia que en discordia– que escucha y participa, en silencio, en un diálogo abierto sobre muchas cosas que tienen por común epicentro el Perú. Y es que en una época vivida al límite y de neurótica hiperactividad, este libro nos traslada a un siglo en el que, pese a nuestra propia historia y a nosotros mismos, los hombres y mujeres podían coincidir en un intercambio de posiciones construido sobre la base de ideas (aunque a veces ellas, lamentablemente, llevaran al dogmatismo absurdo del sangriento movimiento senderista).

Las conversaciones de este libro van de la política a la comida, deteniéndose en el devenir de los movimientos sociales, artísticos y literarios de la pasada centuria. Sus interlocutores están llenos de brillantez y de historia (y de historias), pero también de ternura y pasión, de contradicciones y ambigüedades. Los personajes son, pues, humanos, y más que eso, peruanos de carne y hueso, con una marca genuina y algo especial que Pedraglio va encontrando –escarbando, quizás sea más preciso– y mostrando, con calidez y humildad, con preguntas que van descarnando al ser humano que en todos los casos –son dieciocho los entrevistados– tiene algo que decir, a veces con combativa convicción y otras –como el poeta Belli, solo para mencionar uno– con contrita genialidad.

Leer este libro nos permitirá recordar y disfrutar de la placentera culpa de «perder el tiempo» conversando. Los más jóvenes descubrirán que esa práctica antediluviana permite que dos hombres o mujeres desprovistos de celulares, audífonos y redes sociales invasivas, son muchas veces capaces de construir –solo utilizando esa herramienta arcaica y maravillosa que es la palabra– frases memorables, cuando no ideas provechosas sobre ese país que queremos y sobre nosotros mismos (nos queramos o no). Por Alain Huaroto


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