balseros
Reseñas

Balseros del Titicaca

Emilio Romero (Puno, 1899-Lima, 1993) ■ Biblioteca Abraham Valdelomar (2014) ■ 152 páginas


Cuentos. Escritos y publicados en revistas en los años veinte del siglo pasado, estos cuentos fueron reunidos en forma de libro por primera vez en 1934. Para entonces, Romero Padilla tenía un merecido renombre como intelectual indigenista y autor de una Geografía económica del Perú.

Puno, el altiplano y el lago son el espacio común a estos diecisiete relatos, protagonizados en su mayoría también por indios y hacendados. El papel que juega la naturaleza, inclemente con agricultores, pastores y balseros, es también un rasgo que unifica a estos relatos y uno de sus mejores aciertos debido tanto a lo logrado del lenguaje como a la sensibilidad y capacidad de observación del autor.

Los primeros cuentos, empezando por el que da nombre al conjunto, son de denuncia: los balseros indios a duras penas pueden sacar algo de provecho del pescado que sacrificadamente faenan; el pastor no puede defender del hacendado el rebaño que le ha sido confiado; el indio mozo, diestro en la ejecución de la zampoña, debe renunciar a tocar en la fiesta patronal pues no puede ni soñar con comprar el traje que debiera vestir. En los relatos de este corte el personaje protagónico es indesligable del grupo. Es más, en algunos casos el protagonismo lo tiene la comunidad, como en «Viejo granizo» o «Un grito en la cumbre», donde lo que se quiere ficcionar son las creencias de los indios del altiplano.

Alcanzan más vuelo los relatos en los que son los propios hacendados quienes están en el centro de la anécdota y, paradójicamente, es también en estos relatos donde se muestra de manera más descarnada la inhumanidad de un sistema social en el que al indio prácticamente se le negaba la condición de ser humano. La relación que se entabla entre el indio Matías y la niña Rosario en «Un relato de la sierra» es una muestra de esto. «Casta de perros», sobre el fuerte pero circunstancial lazo que se establece entre el hijo del hacendado y un perro pastor de la lejana estancia, adquiere la categoría de metáfora.

Llaman la atención finalmente algunos relatos, un par bastante redondos, que desnudan la situación de la mujer en un orden patriarcal. Por Luis Nieto Degregori


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