Staccatos_(Fangacio)
Reseñas

Staccatos

Alejandro Susti (Lima, 1959) ■ Paracaídas (2014) ■ 165 páginas ■ 30 soles


Poesía. La prosa se llena de vigor cuando con sus componentes se desgaja la realidad de tal manera que pareciera que el idioma no tiene límites. Pero la prosa también alcanza su esplendor cuando las distintas dimensiones de la existencia humana –lo racional, lo emocional, lo sensorial– toman cuerpo en ella y nuestra conciencia no solo es capaz de percibirlas, sino también de reconocerlas como propias. Es así como el texto, útil en un principio para la narración o la reflexión, deviene en herramienta con la cual el individuo hurga en sí mismo.

Por ello, para leer Staccatos, la más reciente obra de Alejandro Susti, poco importa definir la naturaleza exacta –¿poemas en prosa, microrrelatos, una autobiografía? – de las prosas breves que la conforman.

Es cierto que su rasgo más sobresaliente es el de ser escenas pertenecientes a la historia de un individuo en formación mental y espiritual, desde la infancia hasta la juventud, que aprende a vincularse con quienes lo rodean y con el mundo en el que se halla. Mas no es su único rasgo. Son, además, textos por los que el narrador-protagonista consigue rescatar –y por ende retornar– a esos elementos que terminaron siendo los extremos de la trama de su vida.

En la prosa con la que se abre Staccatos encontraremos la siguiente observación hecha por el narrador-protagonista: «…el paisaje reposaba allí afuera como un lienzo enmarcado y contemplado desde el movimiento, mutando y repitiendo las formas de un tiempo hecho de pequeños calabozos que ignoran el panóptico, la panorámica vista que los organiza y domina, y que no existe más que en el futuro» (p. 12).

Luego de leerla, se podría creer que es el autor el que –así como aquel ojo– organiza sus recuerdos –un paisaje que es a su vez un lienzo– para analizarlos al escribirlos. La verdad es que la imagen es otra: es desde lo ausente que se crean estos apuntes.

De modo que son los elementos extraviados, esos que han sido dejados de lado en el camino, la fuente de donde surge las prosas de Staccatos: «De ahí en adelante, mi vida se convirtió en una red tortuosa de atajos por la que circulaban rostros y almas que se perdían como mariposas en las sombras» (p. 160). Por Octavio Urbano


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