El_hombre_de_Pompeya_(Fangacio)
Reseñas

El hombre de Pompeya

Carlos García Miranda (Lima, 1968-2012) ■ Dedo Crítico (2014) ■ 35 soles


Novela. Carlos García Miranda fue un destacado docente e investigador universitario, además de escritor, quien a pesar de su corta estadía en el mundo de las letras, tuvo una producción destacada: en 1996 publicó su primer libro de relatos, Cuarto desnudo; en 2002, la novela Las puertas; en el 2009 presentó la selección de ensayos Utopía negra. Identidad y Representación cultural en la narrativa negrista de Antonio Galvez Ronceros. Y ahora, se ha publicado de manera póstuma El hombre de Pompeya, ágil novela que nos ocupa en esta reseña.

Con una prosa sencilla y de frases cortas, la obra relata la vida de un profesor universitario y conferencista, Adrián Garcilaso, en búsqueda de un manuscrito colonial cuyo hallazgo revolucionaría las letras peruanas. En un constante intervalo de narradores, vamos descubriendo la vertiginosa vida de Adrián, su vinculación con el mercado negro literario, su retiro de la universidad por violentar a una de sus alumnas, así como su exilio a un pueblo joven de la ciudad; pero también presenta una visión nostálgica y melancólica de la vida misma, mezclada con la ironía y el humor que los distintos narradores saben impregnar, técnicas que le otorgan al epílogo una carga semántica que engloba todos los apartados de la obra, en donde el desapego por la literatura y el desencanto de la vida misma, percibida a lo largo de los capítulos, cobra un papel preponderante.

Uno de los mayores logros de la novela es la maestría con que el autor supo mezclar los hechos reales con los ficcionales: propone una referencialidad verídica del mundo intelectual presente en nuestros días, pues tanto el personaje como el autor pertenecieron a los mismos círculos literarios, a la misma universidad nacional y tuvieron los mismos afanes investigativos. Y plantea también un estado caótico, oscuro, del mundo literario, en donde los fondos reservados de las bibliotecas son una «fuente de ingreso» de los especialistas. Además, la secuencialidad de los hechos que aceleran la obra permite que el lector no desvíe su atención de ella, entrando en equilibrio con las narraciones minuciosas, desaceleraciones necesarias para percibir el desgano y el tedio de Adrián por la vida y el contexto en el que se desarrolla. Todo ello permite que la novela fluya de manera natural, muy lograda y necesaria de leer. Por Tania Reyes Arcos


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