Poesía

Seis poemas

Del poemario inédito La balada del ahorcado y otras canciones de horror

Por Gustavo Faverón Patriau


 

Argumentum ornithologicum

oh necio alcaraván
(burhinus oedicnemus)
pajaruco engomado a mis amnesias

qué de albatros afán
(diomedea exulans)
cuán ataráxicas tus sinestesias

la garza de gabán
(bubulcus ibis)
en las volátiles psicoquinesias

ave calva en zaguán
(haliaeetus leucocephalus)
cómo se pudren tus carquesias

cacatúa-alacrán
(eolophus roseicapilla)
zahorí de marrana radiestesia

abutarda capellán
(otis tarda)
post-terapia en mi litogenesia

orejón cormorán
(phalacrocorax auritus)
redondo cuervo de palingenesia

faverón trujimán
(poeta peruano)
a dó te ha conducido la alopecia


Contar con los dedos

se ve que fueron muchos por los dedos
más precisamente por las uñas al final de los dedos
por la bola de tierra que sacamos de abajo de las uñas de sus dedos
y por los pies cercenados en que ya no quedan dedos
aunque hay uñas esparcidas en el hueco: uñas que fueron de los pies sin dedos
de las manos sin dedos
y hemos contado cuatrocientas cuarenta y cuatro uñas pero no sabemos cuántos son los dedos
ni a quién corresponde cada uña aunque las hemos recogido en nuestros dedos
con las uñas
y después nos hemos lavado las uñas
y en la noche agrupados en tiendas de campaña nos hemos mordido las uñas
a diferencia de ellos tenemos veinte dedos veinte uñas
los nuestros junto a aquellos son pequeños: son como dedos de niños
hemos anotado también hasta la fecha al menos sesenta y seis niños
no sabemos con precisión cuántas uñas son de niños
ni sabemos cuantos huesos son de niños
o de hombres pequeños como niños
ni cuántos dedos son de niños
ocultos hemos llorado como niños
y hemos seguido contando cuerpos manos pies
uñas dedos niños


Campo dei Fiori,
17 de Febrero de 1600

te pido

desahuciado en la pica de la hoguera
sin doblón ni aparejos
por hacerte rehén de mis espejos
en la noche primera
entre vanos reflejos
hazme arder junto al lecho de la riera

señor

que tu adarga en mis huesos se confunda
o en mis médulas torvas
que mi sangre y mi seso los absorbas
y en la noche segunda
(tanta luz iracunda)
mis vértebras degüelles con tus corvas

te pido

que la daga encebada en la fosquera
con triple punta mate
traspasando la piel que me remate
y en la noche tercera
en tu hocico de fiera
otra agónica furia se desate

señor

lengua bífida de turbia sobrenoche
que de yescas alumbra
con antorchas de hielo mi penumbra
¿me das la cuarta noche?
luminoso es el broche
ya a lo oscuro mi cuerpo se acostumbra


Fringe

oh dios quita la cáscara
de piel en que me enhebro
en mi otro simultáneo

y corriendo la máscara
retira mi cerebro
del orbe momentáneo:

observa cómo quiebro
mi ser y me entenebro
o me hago subterráneo


Naturalis historiæ

uno es la casa del basilisco
en útero la repugnancia y bajo azur la hembra del cormorán
con los años uno trueca lo sabido por lo no sabido y por lo arisco
y se muerde el abdomen y empolla un roto alcaraván

en abril lo innato retrocede y todo símbolo se torna universal
–salvo la noche el mar la culpa los albatros y uno mismo–
los huevos de cirene y el pez-ángel se pudren en la cal
y en el pelo del cascarón revuelan los tremores del abismo

uno busca su calma en la angostura del bruto rigoroso
tras la mórbida cueva de la pelvis el muerto lame el hombre que sería
en la mujer que fue despreñada por su garfio silencioso
inacabado el hijo en la palabra y la palabra en la carnicería

de pie ante el vano de la puerta del mismo laberinto
el dedo del padre-basilisco apunta el camino del próximo umbral
el pellejo cesa de ser piel y la membrana renuncia a ser recinto
y a todos nos chupa la gorgona de la historia natural


49 días

A Zoe

al borde de la noche es cuando viene el hada prematura
con el glóbulo ingrato y la lámina sutil de blandos huesos
leve como vela de bajel llega cosiendo su muelle arboladura
que es una ñisca de navío hecho de arrugas por lenguas y recesos

ella me ve (tras la boca del útero del mar) hurgando en mi musculatura
por componer con mis manos el pájaro-alfiler entre sus sesos
pero nada tengo dentro que pueda obturar esa fisura
hueco anterior a mí que no dan para llenar mis órganos ilesos

hay un mundo posible (lo sé) en donde ella nace y yo me desvanezco
y un ruin universo estacional donde mis miembros se doblan y ella se abre
junto a la sombra del hombre que no soy y en cuyo cuerpo irreversible crezco

haya mejor una ribera ideal en la que el río (que es el tiempo) retorne y se relabre
y el hada prematura (que es mi hija) me acompañe a formar mientras guarezco
su espina y su fémur y su aorta entre la cóncava arena (que es su madre)

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Gustavo Faveron Patriau (Lima, 1966) es escritor y profesor asociado en Bodwin College (Maine). Autor de la novela El anticuario, de dos libros de teoría y, con Edmundo Paz Soldán, coeditor del libro de ensayos Bolaño salvaje.