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El más contemporáneo de los escritores peruanos

José B. Adolph, escritor y visionario.

Por Paco Bardales


«Hay mucho que olvidar para vivir en nuestro mundo»
(José B. Adolph)


Hace poco participaba en un coloquio sobre la obra de José B. Adolph (1933-2008), y una de las cosas que quedaron flotando en mi memoria fue la escasa atención que un escritor como él genera aún. Poquísima gente en el auditorio, casi una reunión de amigos.

¿Por qué el más prolífico y notable representante de la literatura peruana de ciencia ficción no ha alcanzado las cumbres de la popularidad en un país que lee casi nada?

No un improvisado. No un advenedizo. Un personaje riguroso, con premios y reconocimientos académicos por su destreza narrativa.
Fantástico, irreverente, de imaginación desbordante.

Decidido a lanzar dardos cuando había que hacerlo, encantado por las frases para el bronce. Amante de los personajes lujuriosos. Estruendoso, difícil de no querer.

¿Por qué sus libros no figuran en ninguna antología de algún importante centro académico? ¿Por qué no están en algún Plan Lector?

¿Ciencia ficción o cuestión de perspectiva?
Adolph tenía una predilección por temas y géneros usualmente menospreciados por el canon literario oficial, más bien proclive al realismo y a esa seriedad y exagerada necesidad por tomarse demasiado en serio.

En sus libros, la sátira y el humor negro se mezclan con digresiones sobre la eternidad, dioses robot o satélites capaces de monitorear todas nuestras acciones. La paradoja de lo imaginativo parte de elementos básicamente reales.

Existe un cuento suyo, «Perspectiva», que narra el trayecto de unos expedicionarios que deben alcanzar y conquistar un territorio virgen, lleno de «inmensas recompensas», difícil y complicado no solo por la ruta en sí, sino también por los peligros que les esperan. Escrito como si se refiriese al encuentro por el espacio exterior, resulta más bien ser la descripción de la llegada de la expedición de Cristóbal Colón a América, en 1492. Eso lo descubrimos en el último párrafo.

Existe una frase, del relato «Lima 2034», que en lo personal marcó mi acercamiento como lector a la obra de Adolph: «Ya nadie se pregunta si es feliz; se sobreentiende que estar vivo es la última ruina de la cultura».

Este es un mundo cínico, parecemos recordar al leer a Adolph. La pregunta inmediata sería: ¿Podremos encontrar esperanza en un mundo sin esperanza?

Podríamos continuar con las interrogantes: ¿Nuestra esperanza parte de las utopías? ¿Hay alternativa fuera del centro? ¿Los marginales nos salvarán del apocalipsis que son nuestras existencias?

Adolph se movió alrededor de la decadencia, el caos y lo siniestro. Magníficas pruebas de ellos son, en cuentos, Invisible para las fieras (1972), Cuentos del relojero abominable (1973), Mañana fuimos felices (1974), Los fines del mundo (2003) o, claro está, ese nombre tan profético y espectacular para una novela como Mañana, las ratas (1984), entre otros.

La contemporaneidad pop en la obra de Adolph es ingresar dentro de universos caóticos, en marcha hacia la destrucción, muerte o derrota. Una sensación de resignación jocosa de la propia vida. En el cuento «Martha», extraído del libro La batalla del café, encontramos un texto que refrenda dicha idea: «Dios y sus eufemismos –oníricas emanaciones del caos– se disuelven como la tartamudeante incoherencia de un loco».

En Un ejército de locos (2003), Adolph plantea una premisa muy interesante: Dios es un ser que existe, es tangible, pero ha sido atrapado y se encuentra cautivo en el ciberespacio, por obra y gracia del propio Lucifer. No hay mayor demostración de alucinada creatividad que darle la vuelta al universo religioso y dotarlo de elementos lúdicos, kitsch, virtuales. Por momentos parecemos no estar leyendo sobre el Creador del catolicismo, sino sobre Neo, personaje protagónico de la trilogía cinematográfica The Matrix.

¿Podemos escapar de lo ya destinado por el oráculo para cada uno de nosotros?

Decadencia a la peruana
Adolph se nutre de elementos clásicos de la literatura de ciencia ficción (Ray Bradbury, George Orwell, Aldous Huxley, entre otros), del mismo modo como le debe imágenes al cine contemporáneo del género (las comparaciones de sus escenarios con los de Blade Runner o Mad Max son evidentes). Desde esos elementos construye un escenario arquetípico de la buena literatura temática, pero profundamente identificable en nuestra realidad geográfica, social y cultural.

Mañana, las ratas es una novela que, como señala el crítico Elton Honores, plantea la noción de Lima como una «ciudad distópica», de temporalidad incierta, donde lo poco onírico y hermoso que pervive es arrasado con aire distraído.

Estamos frente a una novela cyberpunk donde los protagonistas, Antonio Tréveris y Linda King, luchan por sus peculiares sentimientos en un escenario degradado y degradante. Las grandes transnacionales –los Directorios– han instaurado un régimen de opresión, y la delincuencia sigue creciendo de modo inusitado en la ciudad (las similitudes con películas como Elysium o Robocop se tornan inmediatas en mi memoria), además de una búsqueda constante de evasión a través de la promiscuidad sexual (volvemos a Un mundo feliz de Huxley):

La vieja plaza, como todo el resto de la zona, era ahora un maloliente hacinamiento de basura entre edificios derruidos, poblados por ratas humanas y de las otras. Una bruma gris pardusca flotaba permanentemente sobre estas ruinas; de noche, se decía, brotaban disparos, aullidos y gritos escalofriantes de estos callejones y cañones que vivían en una autónoma sordidez.

Los Cat-ox, grupo de católicos ortodoxos, es una paradoja en sí misma. Quienes propugnan el statu quo fomentan la libertad –la liberalidad, es cierto– o al menos la toleran. En tanto, las minorías que buscan el poder para hacer los cambios respectivos no dejan de promover un esquema totalitario. En ese esquema, donde la religión resulta semilla de arbitrariedad, el Cardenal Negro, líder del grupo rebelde, pronuncia una frase memorable: «Una revolución solo triunfa si ofrece el paraíso, pero luego solo se mantiene si otorga el purgatorio».

Las ratas, es decir la masa, combaten contra élites que manejan el poder por medio de la política, la tecnología o la religión. La programación del ser humano llega a ser elemento fundamental de este control. Violencia, deshumanización, evasión a través de las drogas o el sexo, crimen (una forma de purificación social), guetos, entre otros.

Sobre el libro, Daniel Salvo considera que, «de haberse publicado en EE.UU., le quitaría al Neuromante de William Gibson la gloria de ser considerado como el iniciador de la moda ciberpunk». Ricardo González Vigil señala, en tanto, que la novela debe ser el mejor relato de anticipación sociopolítica en español en mucho tiempo.

Adolph y la paradoja de la realidad peruana
En una divertida y reveladora entrevista que Giancarlo Stagnaro le hizo para El Hablador, Adolph se despacha sobre temas vinculados con el sci-fi y su visión pesimista pero sarcástica de la vida:

Pregunta: Hay una suerte de pesimismo y también de fatalismo en sus escritos. Una visión descreída de la humanidad (…)
Respuesta: (…) Somos un éxito de la evolución: Hemos desarrollado nuestra crueldad hasta límites maravillosos, hemos triunfado, hemos poblado la Tierra y estamos desplazando al pobre oso de anteojos, que no tiene la culpa de nada, hacia la extinción.

La conexión de Adolph al internet y los avances de la tecnología (sobre todo para la comunicación) no dejan de emocionarlo, aunque lo dejan pasmado por su inadecuado uso para el progreso y la nobleza.

Estoy seguro de que Adolph, bastante conectado con la cultura musical contemporánea (Mañana, las ratas es pródiga en frases de canciones de Bob Dylan), de haber visto el videoclip «Do The Evolution», de Pearl Jam, se entusiasmaría sobremanera:

I’m at peace with my lust
I can kill ‘cause in God I trust, yeah
It’s evolution, baby.

La evolución, síntoma usual de la destrucción.
En una reseña sobre el libro Hasta que la muerte, Daniel Salvo plantea una verdad incontrovertible:

«Es difícil creer que hasta el momento no se haya tomado en cuenta a José B. Adolph como uno de nuestros autores representativos en el campo de la ciencia ficción, como pueden serlo Ballard para Inglaterra, Lem para Polonia o Asimov para los EE.UU».

«¿Por qué algunos nacen ratas y otros nacemos personas? ¿Por qué Dios está con nosotros y no con ellos?», es una de las más intensas líneas que encontramos en Mañana, las ratas. Viendo las noticias, incluyendo el contexto político, tal como la conocemos, donde la ficción parece haber sido superado con creces por la (i)rrealidad.
Las ratas, una vez más, somos nosotros. Fundamentalmente, son ellos, quienes manejan el poder y dilapidan el futuro. Las ratas reinan en un Perú que parece haber sido escrito, de modo febril y con carcajadas estentóreas, por Adolph.


Paco Bardales (Iquitos, 1977). Escritor, periodista, guionista y ex director de la INC de Loreto. Es el creador de Diario de IQT, un blog influenciado por su obra IQT (Remixes) y ha publicado la novela Resplandor.