Nos_vemos_(Fangacio)
Reseñas

Comedia humana

Nos vemos allá arriba ■ Pierre Lemaitre (Paris, 1951) ■ Salamandra (2014) ■ 448 páginas ■ 77 soles


Novela. Curiosamente la traducción del nombre del autor que arrasó con los premios franceses el año pasado –incluyendo el prestigioso Goncourt– sería algo así como Pedro El Maestro o el Maese Pedro. Terminada la lectura de Nos vemos…, alegra comprobar que aquel nombre calza perfectamente con una novela que tiene de aventuras como de picaresca, pero que más allá de la trama histórica y rocambolesca, guarda una lección de amistad y, sobre todo, de humanidad.

Lemaitre, hasta antes de publicar este libro, había utilizado su talento para escribir novelas policiales. Y eso contagia el ritmo y le da dinámica a una historia que empieza en las trincheras francesas poco antes de la culminación de la Gran Guerra (noviembre de 1918), donde nos encontramos con los tres protagonistas de la novela. En primer lugar, el inescrupuloso aristócrata Henri D’Aulnay-Pradelle, cuyo rancio apellido es tan extenso como su codicia y quien usa su inteligencia, así como el dinero obtenido en un matrimonio por conveniencia, para un negocio desalmado: la venta sobrevalorada al Gobierno de parques cementerios y de ataúdes para que las familias galas puedan honrar dignamente a sus caídos. Desde las trincheras, el capitán Pradelle muestra su mala entraña al producir un altercado para incitar a sus soldados a romper una tregua y atacar las posiciones alemanas. El soldado raso Albert Maillard, pobre de peculio como de espíritu, es atacado por Pradelle en medio de aquella ofensiva y casi pierde la vida al descubrir que el incidente había sido provocado. Finalmente, Maillard es salvado in extremis por quien se convertirá en su amigo, confidente y compañero de aventuras, el adinerado Edouard Pericourt, quien en un gesto heroico salva a Albert a costa de sí: una herida provocada por un obús lo deja convertido en un gueule-cassée, un tipo literalmente sin rostro que logra sobrevivir gracias a altas dosis de morfina y a unas máscaras que ocultarán su deformidad y su verdadera personalidad.

A la estafa de Pradelle, quien aprovecha los contactos de su suegro –coincidentemente Pradelle desposa a la hermana de Pericourt– para hacerse de pingües ganancias en licitaciones amañadas, se suma una nueva y extensa farsa, llevada a cabo gracias a la genialidad artística e imaginación de Pericourt. Este se inventa un alter ego miembro de la Academia de Artes francesa, y convence a Maillard de crear una empresa de fachada para ofrecer estatuas a los cientos de municipios que querían construir monumentos de homenaje a los caídos a precios módicos, que permiten además a aquellos corruptos de provincia una oportunidad de obtener una pequeña ganancia sobrevalorando las patrióticas estatuas. En suma, de un país destruido física, moral y económicamente por la guerra, pasamos a uno en el que el mercado negro y los funcionarios coimeros buscan aprovechar cualquier oportunidad para ganarse unos cuantos francos más, aun a costa del cuerpo de los tullidos y la memoria de los desaparecidos.

Más allá de las múltiples peripecias y vericuetos de la historia, tan emotiva como divertida y sardónica, hay una notable capacidad de Lemaitre para quitarle algo de glamour al París de los años locos y mostrar el límite de la decadencia humana, que está por cierto en la crueldad de la guerra misma pero también en las acciones –que por lucro o venganza– se multiplican en los años de paz. En contraste con la pasiva reflexión de la obra del francés de moda, Patrick Modiano, Lemaitre regala una historia de acción y entretenimiento inteligente en esta magistral novela que tiene mucho de comedia humana. Un genial clásico moderno. Por Alejandro Neyra


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