Knockemstiff_(Fangacio)
Reseñas

Habla el pueblo

Knockemstiff ■ Donald Ray Pollock (Knockemstiff, 1954) ■ Libros del Silencio (2011) ■ 302 páginas ■ 77 soles


Relatos. Knockemstiff es un pueblo rural de Ohio en medio de la nada. Allí nació, creció y trabajó en una fábrica de papel durante muchísimos años Donald Ray Pollock. Si la sugerencia es nunca olvidar de dónde venimos, en el caso del autor norteamericano la premisa tiene el peso y la lógica funesta de una maldición. Porque Pollock no olvida y, como los antihéroes que pueblan sus formidables relatos, parece condenado a deambular en círculos sobre un mismo perímetro, empeñado en conjurar los monstruos que se multiplican en el revoltoso imaginario de su otrora localidad. Por eso, Knockemstiff es, antes que todo, un ejercicio de resistencia (para él y para el lector), un intento de persistir en un lugar miserable y de retratar, sin vacilación, los vicios y pesares de su población white trash.

Pollock ha maquinado, pues, una obra acerca de la fatalidad, vinculándola con una suerte de ADN geográfico. Los pobladores de Knockemstiff no solo están definidos por un pasado desgraciado, sino que profesan la marginalidad más rastrera: jóvenes adictos a un arsenal de drogas, padres abusadores, hombres que se cagan encima, retardadas usadas sexualmente, hermanos incestuosos, amigos con propuestas indecentes, peperas de carretera, ancianos con los días contados y demás figuras de carne y hueso de una galería de la abyección. Todos con una búsqueda a cuestas y un deseo permanente de fuga. He allí la clave de su trayectoria: la desesperación por desmarcarse de sus raíces y arrojarse a la promesa de una redención siempre incierta. Este sentido de buscar se pone de manifiesto en la propia dinámica del libro. Los personajes van y vienen, surgen en un cuento y vuelven a aparecer en otro, interactúan en diversos ambientes y escenarios, se muestran a bordo de automóviles y en tránsito constante. Estos detalles refuerzan la idea de movilidad, aunque sea solo en apariencia porque, como ya se sabe, no hay vida posible fuera de Knockemstiff para esta panda de outsiders.

Y si bien Pollock se relame por las posibilidades dramáticas de este penar tristísimo, la contundencia de sus historias pasa más por su capacidad de hacer brotar el humor donde solo campean la tragedia y la mala entraña. A través de la potencia de una narración afilada e imaginativa, y la escenificación de momentos gloriosos que colindan con lo absurdo, el escritor encuentra el resquicio justo para filtrar la ironía y la humorada más desopilante en el instante menos esperado. Lo curioso es que, en esos pasajes, se infiltra también la humanidad de sus personajes: reducidos a su mínima expresión, se aferran a lo poco que tienen en la vida. La intensidad de su caída trágica está en correspondencia con la toma de conciencia de su orfandad y chances de sobrevivir. Por eso, a ratos, da la impresión de que Knockemstiff deja interrogantes abiertas a través de sus páginas. Las acciones no son definitivas ni los desenlaces cerrados. Más allá de las pullas y espinazos, se dejan sentir en este fantástico primer libro de Pollock sutiles notas de compasión. Por Jaime Akamine


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