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Reseñas

La gran vida

Todo lo que hay ■ James Salter (Nueva York, 1925) ■ Salamandra (2014) ■ 384 páginas ■ 55 soles


Novela. Apenas empecé Todo lo que hay, una idea me nubló el ánimo: muy probablemente esta sea la última novela de James Salter, pues en menos de un año este expiloto de la fuerza aérea estadounidense y autor de clásicos totales como Años luz y La última noche cumplirá noventa. A diferencia de otros títulos suyos, tardía pero felizmente traducidos por Salamandra, esta novela es reciente, del año pasado. De hecho, es la primera que publica luego de tres décadas. ¡Pero qué grande es!

Aquí, una vez más el autor echa mano de sus vivencias, historias inspiradas en su propia biografía, para contarnos la de Philip Bowen, desde que se convirtiera en un jovencísimo y discreto héroe de la Segunda Guerra Mundial, hasta su instalación en la senectud. A lo largo de esos cuarenta años, acompañaremos al protagonista durante su paso por la universidad, su instalación en Nueva York, su carrera en el mundo editorial; seguiremos de cerca, de muy cerca, la narración de sus amores intensos, sus desamores interoceánicos, sus viajes, sus cocteles, cenas y demás actividades sociales, su relación con colegas, escritores, familiares, amigos… su crecimiento personal durante un pasaje y un escenario apasionantes de la historia contemporánea. Una serie de anécdotas hilvanadas que combinan lo sencillo con lo extraordinario, y con las que el lector se sentirá muy probablemente identificado, tocado, porque pese a ambientarse en los «años dorados» de NYC (hay algo del espíritu de Scott Fitzgerald planeando sobre ciertas páginas), el grado de intimidad que logra el autor es cautivante. En este acaso su último zarpazo, el viejo zorro que es Salter parece querer contarlo todo, narrarlo todo, tratarlo todo con esa combinación tan suya, tan reconocible, de intensidad y economía. Es «todo lo que hay», los temas que siempre lo han motivado.

Salter es un maestro con varios dones. Por ejemplo, es capaz de dotar de enorme significado casi cualquier hecho, encuentro, conversación o descripción gracias a su poderosa capacidad de observación. No se le escapa nada, todo parece importante, aunque lo cuente en pocas pinceladas, magras, soberbiamente escogidas. Otra cosa que llama la atención es su capacidad –muy reconocida– para la elipsis: sabe cuándo y cómo dejar un relato (un tiempo, un espacio) y brincar al siguiente, sin dejar que el aliento narrativo decaiga jamás (el libro es intenso, hipnótico). Luego, una galería de seres inolvidables, un montón de acompañantes de Bowen en los que entramos –Salter casi nunca se ha desprendido del narrador omnisciente–, un inmenso fresco de la sociedad de su tiempo. Y está, claro, la creación de un protagonista tan sólido como Bowen, magistralmente retratado: un «solitario acompañado» en búsqueda constante de amor, aventuras, afianzamiento, crecimiento profesional y, sobre todo y aunque no lo note él mismo, espiritual. Bowen es un personaje que sospecho se va a quedar a vivir conmigo.

Si el lector no ha tenido el gusto de conocerlo, bien puede ingresar a la narrativa del autor por este libro, para luego salir a la caza de sus demás novelas, libros de cuentos (por ejemplo, La última noche) y memorias (Quemar los días). Todos libros de lectura muy, muy recomendable. Por Dante Trujillo


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