Reseñas

De jardines ajenos

Por Adolfo Bioy Casares


Al igual que con Julio Cortázar, Octavio Paz y Nicanor Parra, este 2014 se conmemora el centenario del argentino Adolfo Bioy Casares, creador de novelas perfectas como La invención de Morel o Dormir al sol, así como del monumental (y polémico) Borges, diario en el que –entre la crónica minuciosa y la incómoda infidencia– dio cuenta de su amistad con el autor de Ficciones. Con ese mismo olfato y curiosidad, en 1997 publicó De jardines ajenos, una miscelánea de textos «muy atinados, muy hermosos o muy absurdos» que fue juntando durante años. De esa obra surge esta recopilación, a modo de homenaje:

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Le vendemos la muerte que usted quiere. Los compradores de su muerte
Según noticias procedentes de Lima, está plenamente comprobada la matanza de más de mil chinos en la población peruana de Cañete y sus alrededores. Los negros, en su furor ciego, vendían a sus víctimas la clase de muerte con que quisiesen ser ultimados. Así, un balazo en el corazón era pagado mucho más caro que un degüello. Los que no tenían con qué pagar una muerte rápida eran bárbaramente martirizados.

La Nación, junio 7, 1881

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Inscripción en un camión:
Antes te soñaba. Ahora no me dejás dormir.
Pensé que el autor se dirigía a una mujer: se dirigía a su camión.

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Si pudiera ser humano y sufrir con sufrimiento propio… pero no puedo; solo puedo sentir el sufrimiento de los demás, con el dolor que la compasión provoca…

Bernard Shaw

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Un viajero contó a Borges que en la entrada de Puebla (México) había un arco, con la inscripción:

Bienvenidos a Puebla.
No somos como dicen.
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La obligó a arrodillarse delante de él y le impidió lamentarse.

Sade, Justine

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Un profesional serio
Según Le Figaro, existe en París un literato que, desesperando de los obstáculos que encuentra para alcanzar la celebridad pero decidido, sin embargo, a vivir de su pluma pues no conoce otra herramienta, ha descubierto el oficio de «hacer descripciones». Sucede que muchos autores tienen en carpeta novelas con una sobra de acción, pero la escuela moderna y aun los libreros exigen descripciones, largas descripciones que esos autores no saben escribir. Entonces los escritores, y también los editores, se dirigen al literato de marras –discreción garantizada– en demanda, mediante cientos de francos al contado, de descripciones de París matinal; París nocturno; París a vuelo de pájaro; los alrededores de las fortificaciones; la fiesta de Saint Cloud; bastidores de saltimbanquis; casas de mala fama, etcétera. Todos estos artículos se pagan a altos precios. Pero el mismo autor tiene descripciones más baratas, como las de hogares pobres, las de castillos en que se pasa una vida modesta, y otras más.

La Nación, abril 22, 1882

Ahora se están muriendo personas que nunca se murieron.

Observación de una señora argentina

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Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido y hablo como un niño.

Vladimir Nabokov, Opiniones contundentes

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Usted tiene razón, pero es un imbécil.

Italo Svevo

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Según Russell (Portraits from Memory), su abuela, exasperada por la filosofía, inventó el epigrama:

What is mind? No matter.
What is matter? Never mind.
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Ketmân. Costumbre oriental: no decir nunca lo que se piensa; decir cualquier otra cosa que pueda servir para aplacar las discusiones o la maledicencia.

Santayana, Letters

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Borges dijo que cuando podemos serlo impunemente, somos crueles: con la persona enamorada de nosotros, con nuestros padres y nuestros hermanos.

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Mensaje escrito, dejado por una sirvienta (gallega) a otra:
Teresa cuando benga llame a mi cuarto para saber si bino.

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Paradoja de Tristram Shandy
Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hubiera hartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centésimo día en el centésimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica, pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días de la eternidad no es mayor que el número de años.

Bertrand Russell, Mysticism and Logic

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Forget, O Lord, my Little jokes on Thee
And I’ll forgive Thy great big one on me.
(Olvida, Oh Señor, mis pequeñas bromas sobre Ti
Y yo perdonaré Tu gran broma sobre mí.)

Robert Frost, In the Clearing

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No nos enamoramos de una mujer, sino de una situación.

Macedonio Fernández

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Rezar. Pedir que las leyes del Universo sean anuladas en atención a un simple ruego que se reconoce como desprovisto de importancia.

Ambrose Bierce, The Devil’s Dictionary

Para los individuos, como para los Estados, es preferible un fin espantoso a un espanto sin fin.

Hitler

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No tengas miedo. Si esto es morir, es bien fácil.

Stevenson: últimas palabras, a su mujer

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Hablábamos sobre poemas publicados por Yeats en su juventud; corregidos en su vejez. Borges dijo: Son poemas que han necesitado toda la vida del autor para llegar a la forma perfecta. Esto me hace pensar que yal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; Yeats empezó a escribir los suyos porque confusamente los adivinaba como son ahora, como quedaron después de las últimas correcciones; los poemas malos serían poemas no concluidos. Toda obra es la sombra de una idea que está en la mente del autor. El autor no conoce claramente esa idea. La obra llega a ser lo real y la idea va quedando como un vestigio de la obra, progresivamente más irreal.

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Epitafio de Richelieu:

Yace aquí el gran cardenal
que hizo en vida bien y mal:
el bien que hizo, lo hizo mal;
el mal que hizo, lo hizo bien.
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Epitafio de Poe:

Quoth the Raven nevermore.
(No citen al Cuervo nunca más).
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Hacer el amor con una japonesa es como la masturbación, pero más solitario.

Observación de un militar norteamericano

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Lisandro de la Torre dijo a su médico que había tenido un dolor en el corazón. Tras un rápido examen, el médico le dijo que el corazón no estaba ahí y, para que no hubiera dudas, le dibujó el corazón en el pecho. Ya en su casa, en el centro del dibujo, disparó Lisandro de la Torre la bala que lo mató.

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La castidad es la gran paz que viene después de coger, dijo el guardabosque.

D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley

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Se ha dicho muchas veces que la gallina no es otra cosa que un proceso del huevo para fabricar otro huevo.

Samuel Butler, Life and Habit, VIII

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En los años veinte, en París, un señor argentino está escribiendo una carta a una señora francesa; tiene una duda y pregunta a su amigo:
–Che, ¿cómo se escribe aujourd’hui?
–Mirá el diccionario –le dice el amigo.
El epistolar consulta laboriosamente el diccionario, suspira y exclama:
–Bueno, me la cojo demain.


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