Poesía

Cuatro poemas

Del poemario inédito Ejercicios para el endurecimiento del espíritu

Por Gabriela Wiener


díptico

 

I
una vez le di de comer a los locos
porque pensaba que así estaría cerca de Dioshabía sido mala con el chico que me quería
y esas bocas llenas de baba oscura
acariciaban hermosamente mis culpas

esa vez encontré en el manicomio
a Jorge del Pozo en una camilla
arrastrada por dos enfermeros

era el chico más guapo de la escuela
de piel dorada y cabellos dorados
yo nunca supe que escribía poesía
hasta que lo vi en el manicomio

con las piernas rotas

había querido escapar por una ventana
para fumar pasta y desde ahí
mirar las chimeneas apagadas
de los barcos oxidados
sobre el acantilado gris
llamado Costa Verde

no hice mucho más en mi vida
que alimentar a los locos
y acariciar la frente de Jorge del Pozo
antes de desertar


II
otra vez hice practicas en un periódico de economía
escribía sobre temas tecnológicos

en el piso de abajo
trabajaba un amigo
al que conocía
de la universidad
creo que era corrector de estilo
ortotipográfico
a veces salíamos a fumar juntos
él armaba un troncho y me ofrecía una calada
un día se dio un volantín en el jardín de la empresa
la hierba estaba súperverde
un verde que no he visto muchas veces en Lima
yo me reí mucho
porque era muy alto y cuando los hombres altos se dan volantines
en los jardines ejecutivos de las empresas
puede ser muy gracioso

casi no hablábamos
no parecía haber ninguna necesidad
pero a mí el silencio me hacía sentir estúpida
o quizá estaba muy ansiosa por decir algo que no fuera estúpido
en esa época yo pensaba que todos eran más inteligentes que yo
y que todos querían tener sexo conmigo
pero él no quería tener sexo conmigo ni con nadie
sólo quería caminar y fumar en la niebla.
la tarde del paseo me preguntó
¿por qué sólo haces preguntas?
yo sentí mucha vergüenza
no sabía cómo decirle que preguntaba
porque no tenía nada qué decir
quizá él ya lo pensara
y era verdad

años después escribió un libro
donde decía que incendiaba su cuerpo
porque no quería saber nada
ni de esta realidad
ni de la otra
y se quemó vivo

creía firmemente en el silencio


no volver al gato

 

no quería volver a dormir
en la pequeña habitación de Luismi
con el gato
la mujer
y su gripe
me pasé aquella noche intentando
no irradiar demasiada luz
con mi vieja computadora
para no despertar a nadiefue la primera vez que no me detuve
a mirar la torre
la esquivé durante el día y
también por la noche
cuando brilla como una princesa lejana
(de un tiempo a esta parte siento
que no me merezco ese tipo de cosas)

y me fui a los pueblos llenos de negros y MacDonalds
y al volver anduve
por la calle de los chinos
desde la Rue de Belleville hasta la iglesia
donde recé con los audífonos puestos
por un muerto que no era mío
canticorum iubilo regi magno psallite
and we will never be alone again
because it doesn’t happen every day

y llegué a casa de Vanessa
y un indio en el ascensor me dijo que había estado en Lima
y me bajé cuando me preguntaba algo
que no llegué a escuchar
y pensé si a lo mejor había ignorado
a la única persona en el mundo
a la que le importaba en ese momento
Vanessa dormía abrazada a su amiga francesa
y no quería compartir el wifi
ni su cama
entonces yo volví sobre mis pasos
por la iglesia y el sitio de kebabs
y ya no volví a rezar
juré que no volvería a rezar
e intenté no dudar más
había aprendido que la duda es otra forma de certeza

Remé con todo a mi favor
y me dolieron los brazos
solo para no volver a ver al gato

el gato blanco y gordo
igual a un peluche
me acompañaba al baño cada mañana
y me miraba hacer desde la ducha
era el único que sabía lo que me pasaba


princesa cautiva (1)

 

él me compraba ropa
en el mercado de pulgas
un pantalón de cuero
un disfraz de indiecita
dos piezas de hilo dorado
y una pluma escarchadasolía llevarme al Comedor Popular
viejos
locos y vagabundos
devoraban pequeños esqueletos
en platos de plástico rojo

bajábamos de los barrios altos hasta las tiendas de los chinos
nos gustaba ver moverse los corazones de los pescados agónicos
y brillar las patas de cangrejo sobre las plantas artificiales

cuando salía me encerraba con llave
si venía a buscarlo uno de sus amigos
yo salía a la ventana
y le mostraba eufórica
uno de mis pechos
sus manos estiradas hacia mí
apretaban furiosas
a través de los barrotes
hasta hacerme escapar
el tipo se iba con las manos vacías y llenas de espinas

cuando él volvía me daba vueltas en el aire
supongo que con alegría
y abría mi blusa con teatral violencia
los botones caían como lágrimas
yo también caía
también quería romper algo
estrellar su colección de canicas
contra el suelo oscuro
pero las canicas soportaban todos los golpes
como yo
al menos como solía ser yo
y el ruido
la luz de las canicas cayendo
esparciéndose como pequeñas plumas sopladas en mi corazón


Gabriela Wiener (Lima, 1975). Es periodista, columnista y narradora. Sus crónicas y perfiles han aparecido en innumerables medios, en distintos idiomas. Actual redactora jefe de la revista Marie Claire (España), es autora de Sexografías, Nueve lunas y el reciente Mozart, la iguana con priapismo y otras historias.


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