Retorno_(Fangacio)
Reseñas

Retorno a la creatura

Pablo Guevara (Lima, 1930) ■ Vivirsinenterarse (2014) ■ 56 páginas ■ 20 soles


Poesía. Leer a Pablo Guevara no es una tarea sencilla. Acercarse a sus poemas es como entrar en un cuarto oscuro, hermético, donde, de golpe, la resignación da lugar a un breve rayo de luz («¡oh furtiva estrella!», dice uno de sus poemas), a un diminuto instante de entendimiento que, de querer ser asido, vuelve a dejar la hoja en tinieblas. Es una poesía huidiza, que se rehúsa a ser dominada por la interpretación, muchas veces tirana.

Retorno a la creatura, su primer poemario, es una notable metáfora de su poética: un libro escurridizo para el lector peruano, publicado en Madrid en 1957, a pesar de haber ganado, en 1954, el Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano, y que, casi sesenta años después, hace su aparición en las estanterías locales. Si bien tras su muerte no nos dejó, pues aparecieron los póstumos Hospital (2006), Hacia el final (2007), Mentadas de madre (2007) y Tren bala (2009), este primer libro es clave para conocer las raíces de Pablo y de la generación 50, a la que dijo, en varias oportunidades, no pertenecer.

El libro está divido en dos partes. La segunda alberga los poemas más terrenales o autorreferenciales, entre ellos «Mi padre, un zapatero», tantas veces elogiado. Pero es de la primera que me gustaría hablar. Compuesta por trece poemas, esta sección hace alusión a la naturaleza primera del ser humano, su capacidad para trascenderse a sí mismo, no solo mediante la poesía, sino por medio de cualquier tipo de creación («En las manos claras del poeta y la niña, del ingeniero y el profesor, del obrero y el minero», exclama otro poema).

A lo largo de este capítulo, una voz poética alejada del espacio-tiempo se deja llevar intuitivamente por la metáfora, multiplicando sus posibles referentes. Sin embargo, no es una tarea dejada al azar, pues cada poema echa luz sobre el siguiente, en un encadenamiento que va creando sentido: huesos, corazón, odio, amor, ruinas, ciudades, iniquidad y libertad son oposiciones que toman cierta (o incierta) forma con cada verso y estrofa.
Tal vez, sin embargo, acercarse a la poesía de Pablo Guevara no sea tan complicado. Tal vez sea cuestión de no tomar el mundo (y la poesía) tan en serio, o en su apariencia más rígida, como lo hacía él. Puede que, al acercarnos a su obra con otros ojos –vendado nuestro ser más racional– y dejarnos llevar por la oscuridad, el poema se ilumine solo. Por Nicolás Ponce


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