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Reseñas

En las aguas de la noche

Ina María Salazar (Lima, 1959) ■ Paracaídas (2014) ■ 55 páginas ■ 25 soles


Poesía. Ina María Salazar ha venido transitando por una senda poética marcada por la concisión e intensidad de sus versos –acaso en la misma estela de Alejandra Pizarnik–. Prueba de ello son sus dos libros anteriores, El tacto del amor (1978) y En tregua con la vida (2002), donde al verso de arte menor, de furiosa contención, se unía un lenguaje de clara herencia surrealista, con algunos matices que recuerdan lo mejor del simbolismo francés. En las aguas de la noche es la tercera entrega de esta poeta, que apuesta no por el riesgo sino por el refinamiento de sus recursos, de un lenguaje que bordea el minimalismo y de una reelaboración consciente de la tradición poética.

Desde el primer poema, el desafío que asume Salazar es claro: explorar las dimensiones de la memoria –las partes de un rompecabezas donde adquiere forma la identidad o el rostro, aquello que somos o creemos que somos– para, a partir de esta experiencia, reflexionar sobre el tiempo, el deseo, el cuerpo y la potencia misteriosa de la palabra poética: «y quedarme (…) con la dulce melodía avergonzada/ que en las madrugadas silenciosas/ le disputaba al rumoroso mar/ el dominio de óxido y sal».

Aunque el tópico de la memoria se convierte en un motivo demasiado amplio que desborda la precisión estética que gobierna el lenguaje de los poemas, el libro no se agota únicamente en esta materia. Por ejemplo, la poeta aborda el erotismo con suma elegancia, al punto de prescindir del elogio del cuerpo y sus efluvios, para adoptar un discurso lírico que es al mismo tiempo una meditación profunda sobre la naturaleza del amor («salirme de mi propio cuerpo// será eso el amor») y un análisis lancinante sobre la precariedad del encuentro con el otro («dos cuerpos que en la música fueron uno/ al fin// ¡Pero fue tan corto!»). Una de las mayores virtudes de estos poemas es la conciliación que alcanzan, así sea de forma fugaz, entre el pensamiento y el erotismo.

Con todo, esta última entrega de Ina María Salazar satisface por su exigencia con el lenguaje poético, caracterizado por un esfuerzo de precisión, por el dominio que muestra en sus imágenes y por el diestro manejo del ritmo poético. Por Lisandro Gómez


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