Despues_del_terremoto_(Murakami)
Reseñas

Después del terremoto

Haruki Murakami (Kioto, 1949) ■ Tusquets (2013) ■ 192 páginas ■ 79 soles


Cuentos. Los detalles históricos acerca del terremoto que inspiró los seis cuentos de Después del terremoto no deberían influir en la lectura de este libro, pero los sentimientos de soledad, sufrimiento y enajenación están tan presentes en el libro, que resulta difícil no pensar en una tragedia de magnitudes gigantescas.

Los cuentos de Después del terremoto se ubican poco después del sismo que asoló la ciudad japonesa de Kobe en 1995. Los relatos están escritos con una prosa breve e intensa, pero Murakami rompe este estilo por momentos para entregarnos diálogos casi poéticos, como arrancados de un guión, auténticos fragmentos de sabiduría: un estilo pertinente para darle voz a los personajes que se ven enfrentados cara a cara con la desolación. Y, sin embargo, ninguno de los cuentos transcurre en el lugar del desastre, y ninguno de los personajes ha sido afectado de manera directa por el terremoto, aunque no por eso dejamos de sentir que han perdido lo más valioso que tenían en sus vidas.

Es como si Murakami pretendiera contarnos la historia de los espacios intermedios que separan un evento mediático de la expresión más íntima que este desencadena, exponiendo el arrepentimiento, el dolor y la insatisfacción de personajes anodinos y sepultados bajo el alud de una vida inconforme. Esta exploración de la realidad se vuelve incluso más intensa bajo la luz de un suceso que cobró miles de vidas. La pérdida de seres anónimos, reducidos para siempre a un número, no significa nada ante la historia de un individuo que respira, ama y fracasa, y frente a la cual no podemos evitar conmovernos hasta el punto de la emoción.
Cada uno de estos cuentos llega al lector como una epifanía que amenaza con cambiar su vida para siempre. Pero lo más extraordinario de esta obra es su capacidad de retratar la humanidad de una manera tan desgarradora como real, de despertar en nosotros una necesidad inmediata de identificación y cercanía. Y eso significa sobrevivir al abandono de una persona que amábamos, contemplar una fogata esperando que el fuego tome la forma de nuestros miedos, sentirnos seres únicos y necesarios en un mundo anónimo.

Si un desastre natural es el destino amenazando con destruirnos, Después del terremoto es la humanidad respondiendo que está dispuesta a luchar, «aunque la tierra, rugiendo, se abra». Por Daniel Zúñiga-Rivera


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