Camanchaca_(Fangacio)
Reseñas

Paisaje en la niebla

Camanchaca ■ Diego Zúñiga (Iquique, 1987) ■ Mondadori (2014) ■ 122 páginas ■ 47 soles


Novela. Camanchaca es la niebla costera, la bruma del desierto que oculta las carreteras en las madrugadas, el vapor que nubla el camino. Y a veces, solo a veces, esa neblina que parece cubrir de incertidumbre la propia vida.

Camanchaca es una novela breve y fragmentaria que en parte es eso. Y en parte es también una historia de viaje, una road story llena de curiosidades pues todo parece ocurrir en el límite de lo verosímil, sobre todo cuando el protagonista –un joven chileno, obeso y con problemas mentales– está embarcado en una ruta que lo debe llevar a descubrir algunas cosas sobre su padre y su familia, pero también sobre la enfermedad que lleva en las siempre tan delicadas como olvidadas muelas. Más aun cuando la meta del viaje es nuestra heroica Tacna, la ciudad a la que el chico va con la esperanza de ver mejorar su dentadura sin saber que se enfrentará con algo que está más allá de la raíz y el nervio de sus incisivos.

Camanchaca es una bien construida y madura novela de iniciación. Los espacios amplios del desierto son escenarios de algunos descubrimientos terribles de la vida cotidiana. Incesto, decepción, mentira. Y un secreto (sobre una muerte, pero en general sobre la propia vida) que parece no ocultar nada en sí mismo. El joven que va descubriendo todo entre Santiago e Iquique, en la inmensidad del desierto de Atacama, tan yermo como su propia vida. Todo difuminado y distorsionado por la niebla que cubre y nubla (todo y a todos).

No cabe hacer mayor recorrido sobre lo que parece suceder en una novela que recorre con inteligencia el límite de lo cierto y lo difuso. El tedio juvenil, los videojuegos, la decepción, todo es parte de un escenario vaporoso que guarda la historia fuerte, la del descubrimiento del sí en contraposición a la historia de la familia y de los amigos.

Pero como lector peruano quizás haya una lectura final, más amable y menos perturbadora. Sobre todo cuando se piensa que entre Tacna y Arica –hermanadas más después del fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya– hay cada año más de cinco millones de pasos de personas en la frontera y cuando la integración comercial es cada vez mayor entre dos pueblos que se sienten mucho más hermanos y cercanos entre sí que con relación a sus propias y centralistas capitales. Y es que parece que aquella camanchaca en parte nos hubiera nublado finalmente la vista a los peruanos. Después de todo, Tacna es, con relación al norte de Chile, el Shangri-la de los dentistas y el paraíso para los iniciados que quieren disfrutar de la maravillosa gastronomía marca Perú sin tener que ir hasta Lima ni gastar cientos de soles en platillos fusión de exóticos nombres/sabores/colores. Y es que la niebla, como los terremotos y los fenómenos naturales que no conocen de límites humanos, es común e igual a ambos lados de la frontera. Peruanos y chilenos disfrutarán y se reconocerán por igual en los encuentros y desencuentros de Camanchaca. O quedarán nublados por ella, que es casi lo mismo. Por Alejandro Neyra


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