Bajo_la_sombra_(Fangacio)
Reseñas

Bajo la sombra

Jack Martínez (La Oroya, 1983) ■ Animal de invierno (2014) ■ 94 páginas ■ 25 soles


Novela. Joaquín sigue un doctorado en Filosofía en Estados Unidos y lleva un cuaderno de notas con el que piensa escribir una única novela antes de abandonar la literatura. Muere de una enfermedad fulminante dejando a Gabriela, su esposa, embarazada. Joaquín hijo, aborrecido por su madre por no ser la continuación o la repetición del padre, narra y protagoniza esta buena primera novela de Jack Martínez.

A diferencia de su padre, Joaquín hijo es un marginal. Abandonó la secundaria y la casa familiar para convertirse en ayudante de un taxista ladrón, adquiriendo con el tiempo el dudoso oficio de pintor de ataúdes en un barrio pobre de la ciudad. Su marginalidad es relativa porque es elegida: podría volver a la escuela, donde fue buen estudiante, o al taller universitario de pintura, o dedicarse a la lectura o a la escritura, como su padre. De hecho, Joaquín parece siempre tentado a elegir entre el arte y la vida real, aunque suele inclinarse por lo segundo y decepcionarse de lo primero.

Un tema central en la novela es la crítica a ciertas posturas artísticas o intelectuales, tanto a la del intelectual absolutamente divorciado de la realidad (el propio padre de Joaquín) como a la del artista que cree encarnar o representar lo popular o lo marginal (Sebastián, el amigo pintor). La postura del protagonista al respecto es, sin embargo, oscilante. La muerte, el amor y las obsesiones son los otros temas principales.

La novela está llena de personajes obsesivos: el padre y sus lecturas, la madre y su apego a la figura del esposo muerto, Sebastián y su deseo de representar la marginalidad, y el propio Joaquín y su obsesión por reproducir la biblioteca de su padre y, a través de ella, llegar a él, conocerlo, completarlo. El tono de la narración (y este es el mayor acierto de la novela) es calmado, contenido. El libro está hecho de frases cortas, descripciones concisas y diálogos breves. El narrador es un observador silencioso de un mundo que no alcanza a comprender del todo y que, por lo tanto, solo explica parcialmente, permitiendo al lector elaborar sus propias explicaciones. Así, no se trata de una novela pedante ni pretenciosa, pero sí de un libro compacto y desasosegante sobre la necesidad (ilusa, pero inescapable) de comprender. Por Jaime Vargas Luna


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