Zombies_Adams_(Fangacio)
Reseñas

Zombies (The Living Dead) Vol. I y II.

J.J. Adams (New Jersey, 1976) ■ Minotauro (2008 – 2010) ■ 670–765 páginas ■ 53 soles


Relatos. Emprender una antología renovada de la literatura zombi no es fácil. El material es abundante. Además, las antologías famosas, como las de Skipp o Lowder, parecen haber cubierto a los principales autores. Por eso, Adams, «el rey actual del mundo de la antología», según Barnes & Noble, se dedicó a leer todas las fuentes. Se rigió por severas pautas: no republicar historias ni presentarnos el texto «obvio» de alguien. El resultado: un libro novedoso incluso para el más fanático.

El éxito fue tal –estuvo entre los 100 mejores libros de Publishers Weekly– que le siguió Zombies 2, esta vez con inéditos. Ambos libros nos ofrecen un amplio panorama zombi, con textos de Stephen King, George R.R. Martin, Brooks, Kirkman, entre otros. No se nos explica lo que son los zombis: se nos muestra lo que pueden llegar a ser. Son 75 relatos, cada uno con sus propios escenarios, dilemas y moralidad.

Tenemos historias de amor, familia y sexo. Guerras y apocalipsis. Muertos que no saben que lo están o que toman consciencia de estarlo. Soldados, piratas y samuráis. Cadáveres en África, en Hollywood, en teatros, en el futuro, en el pasado, incluso con dinosaurios. Road stories y beatniks. Zombis de Romero y de Boyle. Y un largo etcétera.

Ya se ha visto con Guerra Mundial Z o The Walking Dead que las historias de zombis pueden ser la excusa para explorar problemáticas más cercanas a los vivos. Situaciones extremas que nos muestran hasta dónde puede llegar (o no) nuestra humanidad. De eso hay en Zombies, pero también el simple hecho de correr sin mirar atrás.

Adams se pregunta por qué el tema nos atrae tanto. Para John Langan, autor antologado, la respuesta es la sencillez. Hay otros monstruos que salen de la tumba (Drácula), que son reanimados (Frankenstein) y que nos quieren comer (hombres lobo), pero cargan simbologías como el erotismo o el instinto animal. El zombi es más básico: solo se levanta con hambre y para matarlo basta un balazo en la cabeza.

Esta antología es perfecta no solo para el fanático. Porque luchar contra un enemigo que no ceja en su esfuerzo, apasiona. Porque «siempre queremos saber qué hacer cuando los muertos no quieren quedarse muertos».
Por Armando Bustamante


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